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¿El que diga Caicedo?

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Por: Duván Herazo Ferreira

La campaña electoral atípica en el Magdalena ya está en marcha.

Mientras Fuerza Ciudadana busca definir una candidatura en condiciones adversas —tras la pérdida de su personería jurídica y la anulación de la elección de Rafael Martínez, el más leal heredero político de Carlos Caicedo—, el Pacto Histórico cerró filas rápidamente en torno a Rafael Noya, exdiputado con trayectoria en el departamento y, paradójicamente, con experiencia en el mismo movimiento caicedista. Es decir, Noya no solo conoce el terreno, también las estrategias que durante más de una década llevaron al triunfo al proyecto de Caicedo.

La celeridad en la definición de Noya contrasta con las dudas del movimiento naranja. Esto ha generado un primer hecho político de peso: mientras el Pacto Histórico gana visibilidad, la percepción general es que Fuerza Ciudadana atraviesa un declive. Nada extraño si se piensa que fueron, por más de diez años, la fuerza dominante en Santa Marta y el Magdalena.

Claro está, sus dirigentes alegan que “no perdieron las elecciones”: en solo doce días Jorge Agudelo ganó la Alcaldía de Santa Marta y Rafael Martínez arrasó en la Gobernación. Los números lo prueban: Mallath Martínez obtuvo 102.647 votos, y Rafael Martínez, 306.057. El problema fue otro: la comisión escrutadora dejó sin piso la candidatura de Agudelo y a Martínez se le negó la posibilidad de ejercer por la acusación de doble militancia. En cuestión de semanas, el castillo construido durante una década se tambaleó.

Frente a este panorama, la consigna “El que diga Caicedo” vuelve a poner sobre la mesa el debate. Para algunos, es puro mesianismo, un eco del uribismo en su época dorada. Para otros, es simplemente el reflejo de cómo funciona la política colombiana: un líder fuerte es quien marca la pauta. Y entonces surge la pregunta: ¿acaso la izquierda progresista no votará por quien diga Gustavo Petro en las presidenciales de 2026?

Los números invitan a reflexionar. En 2022, Petro obtuvo 302.439 votos en el Magdalena. Y no se puede olvidar que fue Patricia Caicedo quien, desde el Frente Amplio del Pacto Histórico, gerenció la campaña ganadora en el departamento. Hoy, sin embargo, Patricia está en el Polo Democrático y ha tomado distancia de su hermano Carlos. ¿Qué efecto tendrá ese quiebre en las atípicas?

El mapa electoral muestra luces y sombras para ambos bloques. Por un lado, el Caicedismo evidencia desgaste. Por otro, figuras como Noya —cercanas a Caicedo en el pasado— emergen como alternativas bajo nuevas plataformas como Autonomía y Sin Permiso, alineadas al Pacto Histórico. Negar que estos espacios cargan con la influencia de Fuerza Ciudadana sería ingenuo: su huella política sigue viva.

¿Entonces quién ganará? ¿El que diga Caicedo?

Los antecedentes muestran que los números lo respaldan. La variable podría ser el peso directo de Petro en la contienda. Sin embargo, hoy el presidente parece más ocupado en la agenda internacional que en disputas locales. Además, tras la salida de Rafael Martínez, el gobierno nacional nombró como gobernadora encargada a Ingris Padilla, leal al movimiento caicedista. Una señal de que no existe mayor interés en frenar sus triunfos.

Pese a los golpes, Fuerza Ciudadana camina con la convicción de que la Gobernación y la Alcaldía les fueron arrebatadas, no perdidas. Su batalla actual es, en buena medida, contra antiguos aliados a los que hoy llaman “traidores”. Al mismo tiempo, desde Bogotá se recuerda que Caicedo y su movimiento siguen siendo claves para ampliar la base electoral del progresismo en el Caribe.

En conclusión, lo que pase en el Magdalena será determinante. Allí no solo se juega la continuidad o no del proyecto caicedista, sino también quién logrará liderar la unidad de la izquierda progresista. Y esa, al final, es la consigna que realmente define las elecciones: la unidad.