Metrópolis
Santa Marta ante su mayor reto urbano: resolver la crisis de agua
Con proyectos de desalinización, rehabilitación de redes y respaldo financiero, Distrito y Gobierno Nacional buscan cerrar la histórica brecha en el acceso al agua potable y saneamiento básico, una asignatura pendiente que ha marcado la calidad de vida de los samarios durante las últimas tres décadas.
Por: María Mónica Montenegro
La historia reciente de Santa Marta está atravesada por una deuda estructural: garantizar el acceso continuo al agua potable y al saneamiento básico. Durante años, este derecho fundamental fue una promesa intermitente. Las familias aprendieron a vivir entre cortes prolongados, carrotanques y sistemas colapsados, mientras los diagnósticos se acumulaban sin traducirse en soluciones sostenidas.
El agua, más que un servicio público, se convirtió en uno de los símbolos más persistentes del rezago urbano. Ese escenario comenzó a modificarse con la llegada del alcalde Carlos Pinedo Cuello, cuya administración asumió el desafío desde una lógica distinta: pasar del discurso a la planeación. Sin un banco de proyectos consolidado y con rezagos evidentes en infraestructura, el primer paso fue construir una hoja de ruta técnica que permitiera articular al Distrito con el Gobierno Nacional.
En ese punto, la Gerencia de Infraestructura, liderada por Luis Felipe Gutiérrez, inició entonces un proceso de estructuración orientado a ordenar lo que durante años estuvo fragmentado. “Desafortunadamente, encontramos una gerencia con escasos proyectos. Nos tocó hacer una labor titánica en estos dos años de poder construir un banco de más de 50 proyectos, en estructuración, en ejecución algunos, y otros muy próximos a contratarse. Estamos hablando de un paquete de obras tan necesarias para Santa Marta. Nosotros estamos enfocados no solo en implantar obras, sino también lograr incorporar infraestructura porque teníamos muchos rezagos”, explicó el funcionario.
El eje de esa planificación es el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, una iniciativa estratégica con una inversión superior a los $37 mil millones. El Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio aportó $23 mil millones, mientras que el Distrito asumió $14 mil millones. Más allá de atender la crisis inmediata, este plan proyecta soluciones con una visión de hasta 50 años, orientadas a ordenar la expansión urbana y enfrentar el déficit hidráulico que históricamente ha afectado a la ciudad.
“La instrucción del alcalde es hacer las cosas bien hechas y dejar productos hacia el futuro. Aquí no podemos venir a hacer improvisaciones, sino a dejar infraestructura que dure (…) por eso estamos buscando la articulación con el Gobierno Nacional para transformar a la ciudad”, agregó el gerente de Infraestructura.
Luis Felipe Gutiérrez precisó que el Plan Maestro contempla alternativas para las fuentes de captación y tratamiento de agua potable, la reducción de pérdidas técnicas y comerciales, y soluciones estructurales para el alcantarillado sanitario y pluvial. Entre ellas se incluyen plantas de tratamiento de aguas residuales, estaciones de bombeo y un emisario submarino en el sector sur, lo que refleja una apuesta por transformar el sistema y no limitarse a medidas temporales.
Uno de los frentes más relevantes es la optimización de la Estación de Bombeo de Aguas Residuales (EBAR) Norte, que llevaba más de dos décadas sin intervención. Con un avance del 36 %, la obra incorpora tecnología importada de Suecia y Alemania, tras la visita del alcalde a la fábrica Huber Technology. Estas mejoras buscan evitar vertimientos en sectores como Pescaíto, La Bahía, Bellavista y el Centro Histórico.
De manera complementaria, el Colector Bellavista, con un 56 % de ejecución, ampliará la capacidad de conducción de aguas residuales, con impacto directo en la salud pública y el entorno marino. “Tuvimos la oportunidad de verificar el proceso de construcción de rejillas de cribado que muy pronto tendrá la EBAR Norte; estas garantizarán que no se sigan presentando los problemas en cuanto al sistema de bombeo que ha venido fallando porque carece de esos sistemas, y eso es lo que provoca parte de los constantes vertimientos que hemos podido observar en el Centro Histórico”, señaló Gutiérrez.
A esta infraestructura se suman proyectos de mayor escala, como la construcción de dos plantas desalinizadoras en Taganga y Pozos Colorados, respaldadas por el documento CONPES 4159 por $786 mil millones. Estas iniciativas buscan reducir el déficit de agua potable mediante el aprovechamiento del recurso marino. También avanza la planta de tratamiento El Curval, con capacidad de 800 litros por segundo, que beneficiará a más de 200.000 habitantes de sectores como Bonda y Garagoa, donde actualmente se consume agua cruda.
Desde el Gobierno Nacional, la viceministra de Agua Potable y Saneamiento Básico, Ruth Quevedo, destacó que Santa Marta cuenta con proyectos declarados de importancia estratégica, con impacto para 1,1 millones de personas. En este marco se desarrollan seis intervenciones por $3,4 billones, que incluyen el Plan de Choque por $929 mil millones, el Plan de Gestión de la Demanda por $860 millones y el propio Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado.
A estas iniciativas de gran impacto en el corto y mediano plazo, se suman la estructuración de una Alianza Público Privada (APP) por $1,6 billones, obras de fondo empresarial por $55.762 millones y las plantas desalinizadoras. En conjunto, estos proyectos configuran un escenario que busca convertir una deuda histórica en política pública de largo plazo.
Aunque el agua y el saneamiento son el eje central, la administración distrital avanza de forma paralela en proyectos de educación, movilidad y espacios comunitarios. Actualmente, se ejecutan más de 85 frentes de obra en distintos sectores, bajo una estrategia que apunta a un desarrollo integral de la ciudad.
Durante años, Santa Marta convivió con promesas incumplidas y soluciones parciales. Hoy, los proyectos cuentan con respaldo financiero, cronogramas definidos y articulación institucional. Los resultados aún están en proceso, pero el enfoque ha cambiado: de la improvisación a la planificación, de la urgencia a la política pública. Finalmente, es oportuno señalar que más allá de las proyecciones, el desafío será sostener la capacidad de gestión para que el acceso al agua potable y al saneamiento básico deje de ser una deuda heredada y se consolide como un derecho garantizado.
