Editorial & Columnas
Carta a Santa Marta en este 2026
Ciudadanía, corresponsabilidad y construcción colectiva del bienestar.
Por: Jhan Stand Florez
Todo fin de año invita inevitablemente a hacer un ejercicio de balance, de tu vida, de tus finanzas, de tus relaciones, de tu ciudad, etc. En esta ocasión tratare de hacer uno de mi ciudad, con mucho respeto y tacto.
Santa Marta, ciudad con un antecedente histórico profundo y de mucho potencial, por ser entre muchas otras cosas, la ciudad más antigua de Colombia y Sudamérica aún habitada, sirviendo como puente colonial y puerto estratégico, cerro el 2025 a mi parecer enfrentando los mismos desafíos estructurales que han marcado su devenir en las últimas décadas. Este como saben no es un diagnóstico nuevo, no soy un pesimista, ni pretendo convertir esta columna en un manuscrito de quejas, pero sí uno que invite a una reflexión más rigurosa y menos deferente.
El inicio del 2026 representa una oportunidad para que nuestra ciudad renueve no solo sus planes y prioridades de gobernanza, sino también la manera en que nosotros como ciudadanos nos relacionemos mejor con ella, este momento sin duda invita a una reflexión serena sobre el papel de la ciudadanía en la construcción del bienestar colectivo.
Algo que hay que decir es que las ciudades no se transforman únicamente a través de obras, inversiones o decisiones de tipo estrictamente administrativas, eso es algo que debemos repensar. Su evolución también depende, en gran medida, del comportamiento cotidiano de quienes las habitamos, de cómo interactuamos con ella. En este sentido, Santa Marta enfrenta en 2026, considerado desde ya por algunas corrientes como el año de acción, creación y renacimiento, el reto de fortalecer una cultura ciudadana en mora desde hace muchos años, basada en la corresponsabilidad, el respeto por lo público y la participación informada.
En términos de infraestructura, por ejemplo, es importante comprender que el cuidado de la Perla de América no es una tarea exclusiva de las autoridades en este caso de la gerencia de infraestructura de la ciudad. El uso adecuado del espacio público, la protección de los bienes comunes y el cumplimiento de las normas básicas de convivencia, el respeto al peatón a la hora de conducir, entre otros aspectos, son expresiones concretas de una ciudadanía activa, concepto que invita involucrarse en la comunidad, informarse, opinar y actuar por el bien colectivo. Sin duda una ciudad ordenada y planificada no solo se logra desde los planes de desarrollo; también se construye desde las prácticas diarias de todos los que la componen.
El ámbito de la salud ofrece otro ejemplo claro de corresponsabilidad. Más allá del acceso a los servicios, la promoción del autocuidado como se encuentra de moda por estos tiempos, la prevención y el uso responsable del sistema son elementos que deberían fundamentar su sostenibilidad. La salud colectiva comienza con decisiones individuales que deberían impactar el bienestar de todos los Samarios.
La educación, por su parte, no debería limitarse a los salones de clase, este es un proceso permanente que inicia en casa , que debería formar ciudadanos mucho más críticos, éticos y comprometidos. En este 2026, Santa Marta tiene la oportunidad de consolidar una visión de educación que trascienda lo académico, que llegue al ciudadano de a pie, y fortalezca valores como la convivencia, la participación y el respeto por las diferencias. Una ciudad de verdad educada es una ciudad que escucha, dialoga, propone y que sobre todo construye.
En relación con el turismo, sector estratégico para el desarrollo, el samario juega un papel clave. Debemos ser anfitriones conscientes, lo cual implica asumir una actitud responsable frente al entorno, al turista y a la identidad cultural. Lo cual me lleva a pensar que el turismo no depende únicamente de políticas públicas, sino de la manera en que los ciudadanos interactuamos con el territorio y lo representamos ante quienes lo visitan.
Para finalizar, la ciudadanía debe entenderse como un ejercicio activo y no como una condición insensible. Ser ciudadano en 2026 implica informarse, participar, respetar las normas y contribuir al diálogo público desde el argumento y no desde el careo. Implica también reconocer que el desarrollo de la ciudad es un proyecto colectivo, que se gesta del ciudadano de a pie , desde el barrio, desde la madre comunitaria, donde está en mi opinión el verdadero insumo para las soluciones de ciudad, donde en definitiva cada acción cuenta.
Con esta carta no busco señalar errores ni establecer juicios de ningún tipo, sino invitar a una reflexión colectiva: ¿qué tipo de ciudad queremos construir y qué estamos dispuestos a aportar para lograrlo? Santa Marta tiene el potencial humano, cultural y social para avanzar hacia un modelo de ciudad más cohesionada y sostenible.
Deseo que el 2026 sea, entonces, un año para fortalecer el sentido de pertenencia, elevar la cultura ciudadana y asumir con responsabilidad el rol que a cada uno le corresponde como Samarios. Porque una mejor ciudad comienza, siempre, con mejores ciudadanos.
