Editorial & Columnas
Almas felices
Por: Iván David Correa Acosta
Como lo dije en una columna precedente, esta es la tercera parte de las columnas sobre el vallenato que estamos haciendo, estudiando este ritmo musical más allá de sus líricas. Esta vez me detengo en esos personajes, en esas personas que contribuyeron y que han contribuido al engrandecimiento del género, más allá de sus cantantes y compositores, y son los personajes de la vida política y cultural de la región.
Para nosotros es normal el tema de los “saludos”, una jugada difundida desde los años 70s, cuando el vallenato comercial comenzó a expandirse más allá de las sabanas costeras, pero los saludos reflejan la simbiosis que existe entre la clase dirigente local y la música, los apoyos que la clase política de la Costa le ha inyectado al vallenato no han sido pocos, y por eso me remonto al titulo de esta columna: Almas Felices, que viene siendo una canción del maestro Iván Villazón, interpretada en su álbum Sin Limites, publicado en 1995, escrita por el médico y compositor Alfonso “Poncho” Cotes, un homenaje no solo a los juglares del vallenato como Emiliano Zuleta y Rafal Escalona, sino a el abuelo del compositor, Poncho Cotes Queruz,ilustre educador de Valledupar. Y así muchos personajes, como el padre de Ivan Villazon, Crispín Villazon de Armas, exgobernador del Cesar y ex ministro del Trabajo, el odontólogo Roberto “El Turco” Pavajeau, el senador Armando Maestre Pavajeau, y muchos otros.
Todos estos personajes de la vida política, social y cultural fueron los primeros anfitriones de las fiestas vallenatas en los salones de sus casas, convirtiendo el vallenato en una muestra de la expresión cultural de Valledupar y del Magdalena grande en sí. Estos personajes contribuyeron a la expansión del género, convirtiendo el vallenato no solo en la muestra de las clases obreras, como antes de los años 60 se percibía, sino en una muestra cultural para todos.
El vallenato no sería lo que es hoy sin esta conexión existente, sin este lazo naciente entre la política y el acordeón, entre la dirigencia y la pujanza de un ritmo que ha hecho grandes a los grandes y ha puesto como sol naciente a los que han visto en el arte del acordeón, la caja y la guacharaca una expresión de región.
