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Reacción a la puesta en escena terminada la primera vuelta presidencial en Colombia, en mayo de 2026
Por: William Renán-Rodríguez- Profesor Unimagdalena
Hay muchos análisis sobre los resultados, y lo más común es que se declaran ganadores por haber acertado en sus predicciones, algunas de ellas meramente mentales. Pienso que hasta la campaña de Abelardo de La Espriella debió sorprenderse de los resultados. Sin embargo, hay conclusiones gruesas, o que se pueden apreciar a golpe de vista. Aquí van algunas.
En primer lugar, fue el acta de defunción del Centro Democrático como un partido competitivo en las elecciones presidenciales. Su rol en los dos últimos procesos electorales (2022 y 2026), ha sido el de adjunto, porque se suma al ganador, para evitar la amenaza comunista, según su destemplada retórica, y además su significación entre votantes tiende a la marginalidad. Sus miembros directivos son el secreto peor guardado de los partidos políticos, ya que evidentemente se deslizaron hacia las toldas abelardistas, por lo cual la declaración de Paloma solo fue la formalización de un acta de defunción. Otra cosa es Daniel Oviedo: su llegada levanto ampolla entre los uribistas, que le adjudican todas las desgracias que la gestión de sus líderes ha ocasionado, convirtiéndolo en un verdadero chivo expiatorio. Parece ser que encarna una voz fresca en el espacio de centro derecha, aunque aún no alcanza la escala que requeriría para ser decisivo. Sin embargo, ha alcanzado notoriedad, y su profundidad, su apertura política, así como su estilo desenvuelto cala en diversos sectores sociales y políticos, aunque otros más alineados a la derecha del espectro político lo desconocen o denigran por su homosexualidad. El Centro Democrático seguirá siendo importante en los ejercicios legislativos, escenario en el que es una fuerza con voz propia, y donde concurren decenas de voces propias del pluralismo de una sociedad compleja como la colombiana.
En segundo lugar, fue desoladora la alienación de nuestra sociedad tras las posiciones más dogmáticas y polarizantes, tras la caída calamitosa de todas las tercerías. Solo Fajardo fue creído y alentado por la gente, como una voz razonable y sensata. En esta campaña fue el candidato independiente, el que apoyaba libremente la opinión. Fajardo anunció anticipadamente su retiro de la competencia presidencial, pero parece que segmentos relevantes de la sociedad colombiana no lo quieren dejar jubilar. Tendrá que detenerse a escuchar a los ciudadanos que confían en el ejercicio razonable y respetuoso de la política, que aun no tienen una voz propia en estas competencias cada vez más irracionales e irrespetuosas.
En tercer lugar, la campaña de Abelardo de la Espriella mostró no solo empatía con la gente, si no que se apropió de algunas de las representaciones más sentidas en nuestra sociedad: los juramentos militares, junto con alguna estética del mismo talante, lo que granjea el apoyo a tal vez una de las instituciones más respetadas en Colombia, la fuerza pública; también atinaron agudamente con el código de vestuario en la elección de sus militantes, fue la camiseta de la selección Colombia. Ese vestuario es el mayor símbolo de identidad de país, dentro y fuera de Colombia. Y lo hizo sin pedir permiso a nadie, evidenciando que hay un equipo asesor de imagen bastante lúcido hasta en las cosas más básicas.
De La Espriella, a pesar de que es el candidato oculto de los partidos tradicionales, que se abstuvieron de formalizarlo para no generarse problemas con órganos de control y judiciales, solo menciona al MSN que lo apoyó un poco después de sus inicios, y le ha dado una nueva vida a la otrora formación capitaneada por el destacado político conservador Alvaro Gómez Hurtado. No son las mismas calidades las de sus actuales líderes, ¡¡¡pero los ha puesto en situación de disputar una Presidencia!!!. Todo esto lleva a representar socialmente (más allá de que es una verdadera invención de campaña, sin asidero en la realidad) a Abelardo como un verdadero outsider, sin relación con la política o los añejos partidos de la política colombiana. La primera comunicación apenas avanzando y terminando los resultados, fue muy oportuna, y buscó consolidar la imagen familiar, festiva y fresca del candidato, lo que no conservó en la segunda y extensa intervención, con un talante más sombrío y en ocasiones sobrecogedor. Escoger a Barranquilla y el malecón, salvo la evidente improvisación del escenario (o su falta de planeación logística), fue un acierto, y lo diferenció positivamente del contendor principal, al representar una opción desde las regiones y contra el centralismo. De la Espriella es un candidato del núcleo del sistema político colombiano, no ganó en Barranquilla, para dolor de cabeza de sus aliados locales, los Char, pero insiste en mostrar que representa a los que no están en nada, los sin voz, y de tanto insistir, muchos se lo creen.
De la actuación de Abelardo de la Espriella en Barranquilla también se debe decir que le pudo su talante personal en el escenario que montó. Sonó vociferante, estuvo en momentos sobreactuado, y dado su cultivo de lo dramatúrgico, le faltó una pose de estadista. Más allá de las probables implicaciones legales, no se justifican en nuestro sistema político democrático las alusiones explícitas a defender los resultados por la fuerza, ni la desmesura alusiva a los contrincantes en una contienda política democrática, graduándolos de tiranos, o descalificándolos sistemáticamente en referencias ad hominem, lo que anticipa un enrarecimiento de la contienda política, que ojalá no pase de los excesos verbales, pero que evidentemente no deja de ser riesgoso en un país de tradición sectaria, violenta y excluyente, en el que la deshumanización del antagonista es el prólogo de situaciones que hemos lamentado todos con posterioridad.
El candidato Iván Cepeda triunfó en Bogotá, como ocurrió en 2022, aunque ganó fortaleza porcentual la derecha, que si une, representa más que el desempeño del Pacto Histórico en la capital. Cepeda también ganó en la periferia, especialmente en el Caribe, donde el rival a batir juega de local, pero pareciera que esa provincianidad no es apreciada en la campaña cepedista, que luce como una campaña centralista, sosa, bastante cachaca. Tampoco se entiende en esta campaña la velocidad en la comunicación de las campañas contemporáneas, ya que ayer se evidenció la carencia de una postura propia sobre lo que acababa de acontecer, mientras todos los otros candidatos se pronunciaban, y aún su propia compañera de fórmula se expresó en público antes que él. Aunque ha sido un candidato reposado, y por supuesto las graves responsabilidades del Estado demandan calma y profundidad, lo que dijo a continuación no parecía la conclusión de un candidato serio. Perdió puntos. Cepeda habló luego de que el presidente Petro y Aida Quicué dieron la línea comunicacional, consolidando una idea de timidez, exceso de cautela, ventriloquía política o limitación en las coyunturas dinámicas.
El escenario poselección de Cepeda fue un manido lugar que hace rato ha dejado de ser el centro de las acciones políticas del país, en el que sus propietarios se esfuerzan en hacer la transición de un espacio envejecido para nuevos puestos de trabajo en oficinas. En contraste con la puesta en escena de de La Espriella, faltó la imagen de las regiones colombianas, el frescor de las gentes, el calor o el frio de sus tierras, pasando en cambio un desfile de lugartenientes (con bajo número de jóvenes, como también se aprecia en la campaña) que pocos en la gran masa conocen, y que empequeñecen (o más bien retratan) al que debe dar el mensaje. Ese acartonamiento es difícil de digerir por la gente, y es una manifestación de la rigidez del candidato, que, al no percatarse, no diseña estrategias para mitigar sus propias limitaciones.
Si bien los resultados legalmente vinculantes son los de las mesas de escrutinios, como dijera el presidente Petro, si el argumento es que se creció el censo, en todo caso serán los dos candidatos con mayor votación el domingo 31 de mayo, los que competirán a mediados de junio. Deseo que los candidatos y el presidente del país piensen en como legitiman o deslegitiman las instituciones con sus intervenciones. Es mezquino no reconocer que no se hizo bien en la primera vuelta, porque no quedó el candidato de los afectos en el primer lugar. También muestra que se es un mal perdedor, y que no se acepta la alternancia como una característica de los sistemas democráticos. No siempre se puede ganar, y habitualmente lo que más hacen los partidos en una democracia es perder elecciones, pero siempre gana el sistema político. También quedó evidenciado en la campaña cepedista que si cada coyuntura requiere el procesamiento y la escritura del guion por el propio candidato, no habrá velocidad de reacción, y se está a contracorriente de las campañas modernas. La delegación es una muestra de confianza en los equipos, y si no la hay, o no hay equipo, o no hay confianza en nadie. Otro asunto tiene que ver con las redes. La campaña de de la Espriella ha probado ser exitosa en la comunicación virtual, como lo fue la de Rodolfo Hernández en su momento, porque además es el tono de nuestros tiempos. Pienso que un filósofo profesional tiene mucho que decir de todos los temas, pero sus piezas audiovisuales son muy limitadas, cuando ellas pueden hacer el proselitismo las 24 horas, pero primero deben hacerse, y diseñar en equipo sus contenidos, porque no todo lo puede hacer un candidato. También en las campañas se exige que los candidatos se expongan, muestren sus calidades, desde sus ofertas o promesas, y debatan entre ellos, no porque sea una concesión graciosa de una campaña, si no porque es su deber con el electorado. No hubo tal actitud y compromiso en la campaña de Iván Cepeda, y en el Salón Rojo no se debatió el programa ajeno, sino que se incurrió en las tácticas propias del radicalismo de todos los tiempos: el recurso al miedo de lo que acontecerá si el otro gana (lo mismo hizo de la Espriella en un peor tono), la descalificación personal del candidato rival (aunque sin alcanzar los ultrajes del rival), y poco reconocimiento de lo que se hizo mal, a pesar de puntear durante la mayor parte del tiempo.
En fin, son muchos los interrogantes que surgen, pero como dijéramos al inicio, estas son las ideas mas gruesas que quedan en un primer acercamiento a lo acontecido.
