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Territorio & Poder

Venezuela, México y Colombia: ¿una cadena continental?

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La pregunta es legítima.

El 24 de junio, Venezuela fue golpeada por dos grandes terremotos ocurridos con pocos segundos de diferencia, de magnitudes 7,2 y 7,5. El 17 de julio, un sismo de magnitud 7,3 se presentó frente al sur de México. El 10 de agosto llegó el terremoto colombiano de magnitud 7,4.

Tres grandes movimientos en aproximadamente siete semanas producen inevitablemente la sensación de que algo está recorriendo el continente.

Pero un mapa con varios puntos rojos no constituye una cadena causal.

Los eventos ocurrieron en contextos tectónicos y profundidades diferentes. Venezuela está condicionada por la interacción entre las placas Caribe y Sudamericana; México, por su complejo contacto entre placas oceánicas y continentales; Colombia, por la subducción de Nazca y la interacción con otras estructuras regionales.

¿Un terremoto puede activar otro a gran distancia?

Sí, en determinadas circunstancias.

El USGS reconoce que las ondas de un gran terremoto pueden alterar temporalmente la sismicidad de zonas lejanas mediante un proceso denominado transferencia dinámica de esfuerzos. Esto suele ocurrir en regiones que ya se encuentran bajo tensión o presentan actividad sísmica frecuente.

Pero posibilidad no significa demostración.

Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que el terremoto de Venezuela causó el de México, o que alguno de ellos desencadenó el colombiano. Para sostenerlo sería necesario identificar una respuesta sísmica compatible en tiempo, espacio, mecanismo y condiciones de las fallas.

Lo científicamente correcto es decir:

Los grandes terremotos pueden estimular actividad sísmica distante, pero no se ha demostrado que Venezuela, México y Colombia formen un efecto dominó continental.

¿Está temblando más la Tierra?

No hay evidencia de una aceleración global anormal.

El USGS explica que los aumentos y disminuciones temporales en el número de terremotos forman parte de la variación natural. En promedio, sus redes localizan unos 20.000 sismos cada año —aproximadamente 55 diarios— y los registros históricos permiten esperar alrededor de 16 terremotos mayores por año: unos 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior.

Hoy los conocemos casi en tiempo real porque existen más estaciones, teléfonos, cámaras, redes sociales y sistemas de comunicación. Muchos movimientos que hace cincuenta años habrían pasado inadvertidos ahora llegan a millones de pantallas en segundos.

No necesariamente tiembla más. Nos enteramos más, más rápido y desde más cerca.