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Geopolítica Parroquial

EL MAGDALENA NO ESTÁ ATRÁS: ESTÁ EN DISPUTA

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Puerto, Sierra, banano, carbón, río, tierra, contratos, bancadas, votos y estructuras armadas. Para saber quién manda en el Magdalena no basta con mirar la Gobernación: hay que seguir los corredores, las juntas directivas, la contratación pública, el Congreso y las distintas formas de controlar el territorio.

Por Víctor Rodríguez Fajardo — El Man del Sombrero

En el Magdalena, quien mire solamente hacia el Palacio Tayrona está viendo media película.

El poder no duerme bajo un solo techo. A veces usa banda de gobernadora, lleva el escudo de la Alcaldía, se sienta en una junta directiva, firma contratos u ocupa una curul. Y existe otro poder que no pide votos: el que amenaza, extorsiona e impone sus propias normas por medio de las armas.

Por eso no compro la idea de que el Magdalena es un departamento “atrasado”.

No está atrás.

Está en disputa.

Es un tablero donde se cruzan mar, Sierra, río, banano, carbón, turismo, ferrocarril, tierra, contratos y votos. Quien controle sus corredores no necesita dominar todo el departamento. Le basta con controlar los puntos donde la riqueza entra, sale o se convierte en poder político.

Cinco Magdalenas sobre el mismo mapa

El primero es Santa Marta y su franja costera: puerto, turismo, construcción, aeropuerto y expansión urbana. Es la vitrina del departamento.

Pero vitrina no siempre significa mando.

El segundo es la Sierra Nevada: fábrica natural de agua, territorio sagrado, reserva ambiental y corredor estratégico entre Magdalena, Cesar y La Guajira. Quien ejerce control allí puede condicionar movilidad, agricultura, turismo y circulación por la Troncal del Caribe.

El tercero es el corredor Ciénaga–Zona Bananera–Aracataca–Fundación: banano, palma, ferrocarril, ganadería y producción exportable. También es tierra codiciada, vulnerable a la extorsión y decisiva en las urnas.

No es únicamente la tierra de Macondo.

Es tierra productiva, codiciada y electoral.

El cuarto es la Ciénaga Grande y los pueblos palafíticos. Durante años fueron tratados como postal.

Error.

Ese complejo lagunar conecta la Sierra, el río y el mar. En julio de 2026, la Defensoría del Pueblo emitió la Alerta Temprana de Inminencia 014 de 2026 para sectores rurales de Sitionuevo, incluidos los centros poblados palafíticos de Nueva Venecia y Buenavista y el corregimiento de Palermo, por la expansión y disputa entre el Ejército Gaitanista de Colombia —EGC— y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada —ACSN—.

El quinto es el Magdalena profundo y ribereño: Plato, El Banco, Guamal, San Zenón y los municipios que miran hacia el río y la Depresión Momposina.

Aparecen poco en X, pero pueden definir una Gobernación.

Cuando bloquean la vía Santa Marta–Barranquilla o la Troncal del Caribe no están alterando simplemente el tránsito. Están interviniendo el sistema circulatorio del departamento.

Eso es geopolítica parroquial.

El poder que no hace campaña

Sobre esos territorios opera otro Magdalena, menos visible y probablemente más influyente: el de los activos, las juntas directivas y la propiedad.

El Puerto de Santa Marta no es solamente una fila de grúas. La Sociedad Portuaria nació con participación de compañías bananeras, navieras, empresarios, el Departamento y el Distrito.

Tener acciones o integrar una junta no convierte a nadie en sospechoso. Pero sí representa una posición objetiva de influencia económica e institucional.

Por eso un mapa del poder que describe el puerto, pero no pregunta quiénes se sientan en sus órganos de dirección, es apenas un folleto turístico.

Lo mismo ocurre con la Zona Portuaria de Ciénaga. En 2024 movilizó 32,6 millones de toneladas —más del 18 % de la carga portuaria del país— y durante el primer semestre de 2025 concentró el 52 % del carbón movilizado por las zonas portuarias colombianas.

No es un muelle parroquial.

¿Quiénes tienen intereses allí? ¿Quiénes poseen tierras vecinas? ¿Quiénes se benefician de las vías, el ferrocarril y el ordenamiento territorial? ¿Quiénes pasan de los gremios a las campañas?

Esas preguntas no son acusaciones.

Son periodismo.

Una modificación del POT puede valer más que una secretaría. Una vía puede multiplicar el valor de una finca. Ahí también se hace política, aunque no haya tarimas.

Los contratos que producen poder

El poder también se construye desde la contratación.

Agua, aseo, salud, educación, infraestructura y pauta combinan presupuesto, burocracia, necesidad ciudadana y presencia territorial. Cada carrotanque puede convertirse en fotografía política y cada contrato de comunicaciones puede ampliar o reducir la visibilidad de una administración.

No todo contrato es irregular ni todo contratista hace política. Pero seguir la concentración de adjudicaciones, las sociedades relacionadas, los financiadores electorales y la pauta permite establecer quién convierte recursos públicos en capacidad de mando.

El verdadero mapa del poder debe cruzar SECOP, Cámara de Comercio, Cuentas Claras, registros de propiedad y composición de juntas directivas.

Lo demás puede ser conversación de café, pero todavía no es investigación.

Cinco poderes políticos y un Congreso que los atraviesa

El Magdalena no llegará a 2027 dividido entre Carlos Pinedo y Fuerza Ciudadana. Llegará con cinco centros disputándose el tablero.

El pinedismo controla la principal vitrina administrativa y presupuestal del departamento. Desde la Alcaldía buscará conservar Santa Marta mediante un sucesor y proyectarse hacia la Gobernación.

Pinedo tiene la vitrina. Todavía debe demostrar que tiene el departamento.

El caicedismo construyó durante más de una década un relato, formó cuadros e impuso disciplina. Perdió la Alcaldía, sufrió la nulidad de la elección de Rafael Martínez y observa cómo Margarita Guerra busca una línea de mando propia.

A eso se suma la condena de primera instancia proferida el 29 de julio de 2026 contra Carlos Caicedo por hechos relacionados con la contratación durante su Alcaldía. La decisión es apelable y su presunción de inocencia permanece intacta mientras no exista sentencia definitiva.

El fallo golpea el relato moral de Fuerza Ciudadana, pero pérdida de hegemonía no significa desaparición.

Caicedo perdió despachos. No perdió automáticamente la estructura.

Margarita Guerra llegó a la Gobernación con 189.000 votos y el 56 % de la votación válida, con el aval de Fuerza Ciudadana, pero sus movimientos indican que intenta ampliar su coalición y no depender exclusivamente de Caicedo.

No existe ruptura formal. Tampoco puede seguir siendo descrita como una simple delegada.

Puede respaldar al candidato caicedista, impulsar una figura propia, negociar con el Pacto o acercarse a sectores tradicionales y al Gobierno nacional. Si consolida su autonomía, puede convertirse en la gran electora de 2027.

Pero una coalición demasiado amplia puede dejar de ser proyecto y convertirse en notaría de intereses.

El Pacto Histórico no es un apéndice del caicedismo. Tiene identidad, electores y representación del Magdalena en Senado y Cámara: Carmen Patricia Caicedo Omar y José Felipe Hernández Polo.

Después de la salida de Petro de la Presidencia, pasó de fuerza de gobierno a oposición nacional frente a Abelardo de la Espriella. Ahora deberá decidir si presenta candidatos propios, negocia con Margarita, acuerda con el caicedismo o intenta conducir la izquierda departamental.

El Pacto no llega vacío.

Llega con senadora, representante y votos.

Quien pretenda sentarlo en la mesa de los muchachos está leyendo una política que ya no existe.

El abelardismo tiene el Gobierno nacional. Puede influir mediante seguridad, vías, puertos, energía, agua, inversión social y nombramientos.

Su ventaja es enorme: tiene la Casa de Nariño.

Su debilidad también: todavía debe construir casa política en el Magdalena.

Nombrar funcionarios no es construir organización. Una suma de hojas de vida no produce automáticamente un movimiento.

Atravesando esos cinco centros está el Centro Democrático. Honorio Henríquez preside el Senado y Chadán Rosado representa al departamento en la Cámara. El uribismo puede respaldar al pinedismo, negociar con Abelardo o impulsar candidatos propios.

Una cosa es una alianza.

Otra, una subordinación.

El Congreso juega en 2027

Las curules no estarán en disputa en 2027, pero sus titulares serán protagonistas.

Los congresistas aportan avales, relaciones nacionales, interlocución ministerial, candidatos y capacidad de negociación. El Pacto tiene senadora y representante. El Centro Democrático también. Cambio Radical conserva al senador Carlos Mario Farelo, vocero de su bancada. En la Cámara están Kelyn González, por el Partido Liberal, y Elizabeth Molina, por el Partido Demócrata Colombiano, entre otros actores que pueden servir como bisagras territoriales.

En política parroquial, una curul en Bogotá puede terminar definiendo un candidato en Santa Marta, Ciénaga, Fundación, Plato o El Banco.

Un senador sin alcalde no está desarmado.

Y un alcalde sin senador puede terminar hablando solo frente a los ministerios.

El poder armado no es una metáfora

Aquí se acaba la poesía.

La Defensoría ha documentado riesgos por la disputa entre el Ejército Gaitanista de Colombia y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada en corredores de Santa Marta, Ciénaga, Puebloviejo, Zona Bananera, El Retén, Aracataca, Fundación y Algarrobo.

La guerra no es ideológica.

Es por corredores, mercados ilegales, extorsión, control social y rutas estratégicas.

La Defensoría también ha advertido presencia fragmentada de estructuras criminales en sectores de Santa Marta, incluida el área territorial donde se encuentra el puerto. Eso no constituye una acusación contra la Sociedad Portuaria, sus accionistas, empleados u operadores. Es una advertencia sobre el entorno.

La seguridad no es un capítulo complementario del plan de desarrollo.

Es el sistema nervioso del departamento.

Sin libertad de movilidad no hay turismo. Sin protección rural no hay producción estable. Sin garantías electorales no hay voto libre.

La parapolítica no se prueba con rumores

El Magdalena ya vivió los Pactos de Chivolo y Pivijay. Eso forma parte de su historia judicial y política.

Pero no existe prueba para afirmar que hoy aquellos mecanismos operen de la misma manera. La pregunta responsable es si mutaron hacia formas menos visibles de financiación, presión territorial, extorsión o condicionamiento electoral.

La responsabilidad debe establecerse persona por persona, conducta por conducta y prueba por prueba.

La admisión de Saúl Severini como tercero civil ante la JEP volvió a abrir el expediente sobre las relaciones entre estructuras paramilitares y sectores económicos y políticos del antiguo Gran Magdalena. Sus declaraciones deberán ser contrastadas judicialmente y no constituyen, por sí solas, condenas contra las personas que mencione.

Ni tapar por miedo.

Ni condenar por entusiasmo.

2027: nadie tiene las cinco llaves

Pinedo tiene la vitrina. Caicedo conserva estructura. Margarita tiene la Gobernación. El Pacto posee bancada y votos propios. Abelardo tiene la Casa de Nariño. El Centro Democrático tiene marca y representación.

Nadie tiene las cinco llaves.

Por eso 2027 no será únicamente una elección entre dos candidatos. Será una negociación entre poderes que pueden terminar escondidos dentro de dos candidaturas.

No habrá una sola derecha ni una sola izquierda.

El pinedismo no es el uribismo. El uribismo no es el abelardismo. El petrismo no es el caicedismo. Margarita no es todavía una ruptura formal, pero tampoco una simple heredera.

Mientras ellos calculan avales y coaliciones, el Estado deberá garantizar movilidad, seguridad y libertad electoral donde hoy cobran extorsión, reclutan jóvenes y pretenden decidir quién puede hacer campaña.

No chiflemos iguana

Para entender el Magdalena hay que seguir cinco cosas: los corredores, los contratos, las juntas directivas y la propiedad, el Congreso y las coaliciones, y la coerción armada.

El poder aquí cambia de sombrero.

Un día aparece como político. Otro como empresario. Otro como contratista. Otro como congresista. Y otro, el más peligroso, aparece armado y pretende reemplazar la ley.

El periodismo no gobierna el Magdalena, no reparte contratos ni comanda tropas. Pero tampoco existe para sentarse en la acera a narrar cómo pasan los poderosos.

Su tarea es encender la luz, cruzar documentos, identificar relaciones, exigir respuestas y contarle a Pedro Pueblo quién movió la ficha, quién cobró por moverla y quién terminó pagando la cuenta.

No chiflemos iguana.

El Magdalena no está atrás del Caribe. Está delante de demasiados intereses y debajo de muy poco Estado.