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¿Y si el megaproyecto de ciudad que Santa Marta necesita es la recuperación del río Manzanares?

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Por: Anderson Marin Vidal: Abogado, Magíster en Urbanismo, Planeamiento y Diseño Urbano | Doctorando en Planificación Urbana.

 

Las imágenes recientes de nuestro río Manzanares, asfixiado bajo toneladas de basuras y escombros, nos han dejado una lección ineludible. Más que un desastre ecológico temporal, esta crisis es el síntoma de un metabolismo urbano colapsado y un llamado a la acción para replantear la relación simbiótica que deberíamos tener con nuestro entorno natural. Durante décadas, hemos cometido el error histórico de darle la espalda a nuestro cuerpo de agua más representativo, tratándolo como el patio trasero y el alcantarillado de la ciudad.

Hoy, la solución cortoplacista que se plantea es instalar una malla para contener la basura superficial; sin embargo, el río exige acciones estructurales profundas. Necesitamos, como mínimo vital, una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PETAR) para procesar las descargas que hoy lo envenenan. Pero, sobre todo, necesitamos un cambio radical en nuestra morfología urbana y en nuestra visión de ciudad. Si los samarios somos gente generosa y de empuje, no podemos conformarnos con paños de agua tibia. ¿Por qué nuestros tomadores de decisiones insisten en visiones tan miopes? ¿Por qué no comenzamos, de una vez por todas, a pensar en grande? Hoy tenemos en nuestras manos la oportunidad de saldar esta deuda histórica, construyendo el proyecto de renovación urbana más ambicioso e integrador: convertir al río Manzanares en nuestro propio «Central Park», el pulmón verde y de desarrollo samario.

Cuando pensamos en el Central Park de Nueva York, solemos imaginar un simple pulmón verde. Sin embargo, desde la óptica de la teoría urbana, es el dispositivo de «placemaking» (creación de lugares) y plusvalía más potente del mundo. Un gran parque lineal a lo largo del Manzanares debe ser concebido bajo esta misma premisa. No se trata solo de sembrar árboles o hacer senderos bonitos; se trata de implementar «Soluciones Basadas en la Naturaleza» (SbN) para reactivar el centro geográfico y social de Santa Marta.

Este corredor ecológico, concebido como el gran parque central de la ciudad, se convertiría en el eje estructurante del ordenamiento territorial. Un «Central Park» lineal que actúe como un ecosistema vivo, capaz de proveer servicios ambientales críticos, mientras funciona como un motor económico, turístico y de equidad espacial, revalorizando los predios adyacentes y atrayendo inversión de calidad a zonas históricamente deprimidas.

La multimillonaria y necesaria inversión en la ampliación de la Calle 30 ya es un paso fundamental; representa esa «infraestructura gris» o de «movilidad dura», indispensable para el flujo vehicular, el transporte público y la conectividad logística. Sin embargo, la planificación urbana contemporánea nos enseña que el asfalto y el concreto inducen demanda vehicular y deben tener un contrapeso ecológico. Entonces, si la Calle 30 es nuestra gran arteria de velocidad, el río Manzanares está llamado a ser nuestra principal arteria de «urbanismo suave». Necesitamos complementar la infraestructura gris con infraestructura verde y azul. Recuperar la ronda hídrica significa crear un corredor de movilidad activa (peatonal y micromovilidad en bicicleta) que ofrezca una alternativa de tránsito pacífica y descarbonizada. Es el equilibrio perfecto: el dinamismo y la fricción de las vías principales contrarrestados por la pausa, el respiro y la velocidad humana que solo la naturaleza puede brindar.

Santa Marta, como ciudad costera tropical, ya sufre las catástrofes del cambio climático, en estos momentos enfrenta el desafío constante de las altas temperaturas, que ya rondan los agobiantes 45 grados de sensación térmica en los días más críticos. Este fenómeno es exacerbado por el efecto de «Isla de Calor Urbana» (ICU) que generan las extensas superficies pavimentadas y la falta de dosel arbóreo. En el urbanismo bioclimático moderno, la respuesta a este calor extremo no es el encierro en espacios con aire acondicionado (que consumen energía y expulsan más calor al exterior), sino el diseño inteligente del espacio público.

Los cuerpos de agua en movimiento y los bosques de galería actúan como termorreguladores por excelencia a través de procesos de evapotranspiración. El «Central Park» del Manzanares se convertiría de inmediato en el gran mitigador climático de Santa Marta. Una cobertura vegetal densa y bien planificada a lo largo del cauce proporcionaría un oasis de sombra vital, reduciendo la temperatura ambiente local drásticamente y democratizando el confort térmico, ofreciendo un refugio climático indispensable para los ciudadanos que transitan o trabajan en las calles.

Pero para que un megaproyecto de esta envergadura sea viable, debe ejecutarse mediante fases de acupuntura urbana con un impacto visual y funcional inmediato. La geografía de nuestra ciudad nos marca el trazado ideal para una primera etapa espectacular: iniciar en la desembocadura frente al mar, en el sector de Playa Los Cocos y La Tenería, y remontar el río hasta la gran curva que abraza la zona de Parques de Villa Alejandría y la Reserva del Mayor.

Este tramo inicial encierra un potencial transformador sin precedentes. Si observamos la morfología urbana desde el aire, la pronunciada curva del Manzanares a la altura de Villa Alejandría y el corredor que baja hacia la Avenida del Ferrocarril (cerca de Makro) actúa hoy como una frontera natural casi infranqueable. Divide abruptamente vías, aísla conjuntos residenciales enteros (como Villas del Mayor o Palo Alto) y obliga a dar inmensos rodeos vehiculares.

Al intervenir este tramo específico con un gran parque lineal, pasamos de tener una barrera topográfica a construir el mayor conector de la ciudad. Imaginen un corredor ininterrumpido donde un ciclista o un peatón pueda salir desde la Ocean Mall, Makro, Bavaria, atravesar de forma segura y sombreada la zona de Villa Alejandría a través de nuevos puentes peatonales de bajo impacto, cruzar por la calle 30 y llegar, siempre bordeando el río, hasta el mar Caribe en el sector de los cocos, donde podemos ir a cualquier parte de la ciudad, usando uno de los muelles marítimos paraderos del Ferrybus que atravesara la ciudad desde el Aeropuerto hasta Taganga por el Mar. Este parque no solo embellecería el paisaje; resolvería históricas fracturas viales y peatonales, convirtiéndose en la gran cremallera que une el oriente con el occidente de Santa Marta.

Pero fundamentalmente, será el nuevo hogar del comercio formal y estacionario organizado. El urbanismo comercial y el Desarrollo Orientado al Peatón demuestran empíricamente que cuando se pacifica y embellece el espacio público, la economía local florece. Pequeños cafés de especialidad, pabellones de gastronomía local, zonas de alquiler de bicicletas, galerías de arte al aire libre y mercados campesinos encontrarían un ecosistema vibrante en las orillas del río. El Manzanares pasaría de ser un pasivo ambiental a ser el mayor generador de empleo directo e indirecto, dinamizando la economía de las comunidades aledañas a través del turismo ecológico y el consumo local. (ya lo estamos viendo en Barranquilla en el Malecón del Rio y en Puerto Mocho, a pesar de las altas temperaturas, la población no se resiste a esto espacios que conectan con nuestros cuerpos de agua e integran a la ciudadanía, más que por placer o confort muchas de estas personas frecuentan estos espacios por el Orgullo que les produce estos nuevos espacios públicos identitarios de ciudad.

Del mismo modo Montería revolucionó su economía, su equidad social y su marketing de ciudad al integrar el río Sinú a su trama urbana, construyendo un parque lineal que hoy es referente en el BID (Banco Interamericano de Desarrollo). Valledupar ha hecho lo propio abrazando al río Guatapurí. Entonces no es imposible, se necesita voluntad política, sentido de pertenencia, buenas prácticas administrativas y continuidad en las obras.

Se suele repetir, con un fatalismo injustificado, que a Santa Marta le falta cultura ciudadana, como si la incivilidad fuera un rasgo genético. Pero la sociología urbana, liderada por pensadores como Jan Gehl, nos enseña una máxima irrefutable: «Primero moldeamos nuestras ciudades y luego ellas nos moldean a nosotros».

Es un absurdo sociológico pedirle a una comunidad que cuide y ame un canal oscuro, contaminado y sin andenes, un espacio de matorral, olvidado donde escondemos nuestros desechos, nuestra basura. La cultura ciudadana no se decreta, ni se impone exclusivamente con comparendos; se despierta a través del sentido de pertenencia. Y el sentido de pertenencia es una respuesta directa a la dignidad del entorno construido. Cuando entreguemos a los samarios espacios públicos de altísima calidad arquitectónica, limpios, seguros y llenos de vida, la apropiación ciudadana será inmediata. Amar no se impone, se aprende interactuando con el territorio. Rescatar el río Manzanares es, en el fondo, la intervención de ingeniería social y Ambiental más potente que podemos ejecutar.

Esto no se resolverá solo con unas mallas, este megaproyecto debe apalancarse en un esfuerzo fiscal propio. Sin embargo, el recurso más escaso y necesario no es el dinero, sino la grandeza política.

La recuperación del Manzanares no puede tener dueños políticos ni colores partidistas; debe elevarse a la categoría de “Política Pública Distrital” esto Requiere un pacto social donde la academia, los gremios, el sector privado y múltiples administraciones sucesivas asuman esta visión como innegociable. Solo con esa madurez política y pensando en las próximas generaciones, lograremos que el río Manzanares pase de ser indignación, a ser el latido y el orgullo de Santa Marta.

Imagen 1: Propuesta Proyecto Ecoparque Rio Manzanares, a partir del concepto urbano planteado, apoyo de IA Gemini.

 

Imagen 2: Propuesta Proyecto Rio Manzanares sobre villas de Alejandría, a partir del concepto urbano planteado, apoyo de IA Gemini.

 

Imagen 3. propuesta del “POT 500 años”, Articulo 60, traslado de Equipamientos, Batallón José María Córdoba y Plan Parcial sobre Playa Lipp, se propone convertir esta zona en Parque público urbano Deportivo y recreacional integrada con el Rio Manzanares, y conectada en la desembocadura por Puente peatonal. a partir del concepto urbano planteado, apoyo de IA Gemini.

 

Referencias

Caracol Radio. (2026, 6 de septiembre). Santa Marta realiza jornada para frenar afectación por basuras en el río Manzanares.

Colombia.com. (2024, 5 de septiembre). Santa Marta innovará en ser la primera ciudad con taxis acuáticos con seis muelles distribuidos.

El Espectador. (2026, 3 de septiembre). Río Manzanares arrastró toneladas de basura hasta la bahía de Santa Marta, ¿qué pasa?

El Tiempo. (2017, 6 de septiembre). Piden reubicación de Batallón Córdova en Santa Marta.

Opinión Caribe. (2020, 31 de julio). Traslados del Batallón Córdova, Postobón y Ecopetrol serán un hecho.

Pasión por Santa Marta. (2024, 11 de abril). Ministerio de las Culturas respalda la conmemoración de los 500 años de Santa Marta.

Zona Cero. (2025, 3 de agosto). Reactivan proyecto de muelles turísticos en Santa Marta: invertirán más de $20 mil millones.