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SUPERMARGUI ESTÁ ABELARDIANDO
El acercamiento de Margarita Guerra al Gobierno nacional tiene lógica administrativa. Mi pronóstico es que tendrá consecuencias electorales: en 2027 acompañará al candidato que respalde Abelardo.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
Desde hace unos meses, Supermargui está abelardiando. Sus mensajes, sus apariciones y su actitud frente al gobierno del Tigre dejan ver una cercanía que, en mi lectura, empieza a tener alcance político.
Margarita entendió que para llevar a feliz término un gobierno de apenas dos años necesita la mayor interlocución posible con la Presidencia. Hay un plan de desarrollo que ejecutar, compromisos pendientes y municipios esperando soluciones. El calendario corre y el Magdalena tiene demasiado en juego.
Caicedo hizo de su oposición a Iván Duque una bandera. Margarita ha preferido tender puentes con la Nación, una diferencia que ya señalamos en estas páginas. www.opinioncaribe.com A mi juicio, aquella arrogancia de Caicedo fue irresponsable: cuando un gobernante convierte la confrontación con la Presidencia en prioridad, compromete oportunidades que pertenecen a sus gobernados.
A Supermargui hay que reconocerle sentido práctico. Conoce el tiempo que tiene y la necesidad de conseguir respaldo nacional para sacar adelante su gobierno. Los encuentros sobre educación y coordinación frente al fenómeno del Niño muestran esa interlocución. Mi interpretación es que está cultivando una relación que también puede pesar en 2027. www.gobernaciondelmagdalena.gov.co
Una alianza entre Gobernación y Presidencia que consiga recursos, destrabe proyectos y produzca obras beneficia al departamento. Pedro Pueblo tiene derecho a exigir resultados y a celebrar que sus gobernantes se entiendan para conseguirlos.
Ahora vamos a la geopolítica parroquial.
Hace unos veinte días, conversando en los pasillos del poder, conocí una versión que comenzó a mover mis cuentas: entre los amigos de Supermargui no habría interés en llevar candidatura propia a la Gobernación. La apuesta sería construir una coalición ganadora.
Según esas conversaciones, el camino pasaba por Pozos Colorados. Sin chiflar iguana.
A mi regreso de Buenos Aires me enteré de que todavía no se había tomado una decisión sobre la renuncia de Magda Alarcón, secretaria de Salud, quien sonaba como eventual candidata del entorno de la gobernadora.
Hoy, 18 de octubre, día de mi cumpleaños, recibí una actualización. Una fuente de alto crédito, a quien le creo, me aseguró que Magda sí renunció, que probablemente aspirará a la Alcaldía de Fundación sin el respaldo de su ex jefa y, sobre todo, que ya no sería candidata del grupo de Margarita. Es información de fuente reservada, pendiente de confirmación pública.
Ese último dato tiene peso. De confirmarse, obligaría a revisar el escenario de una candidatura propia que habíamos contemplado y daría fuerza a la versión de una coalición.
¿Con quién va a casarse políticamente Margarita? No lo sé. Pero la apuesta que me describieron apunta a aterrizar aspiraciones y reunir fuerzas alrededor de una fórmula con posibilidades de llegar a la Gobernación del Magdalena.
Aquí está el salto que merece atención: entenderse con un presidente para gobernar puede abrir el camino para entenderse con él sobre la sucesión. La confianza se construye durante la gestión y puede convertirse después en coincidencia electoral. Eso es lo que creo que podría estar tomando forma.
Margarita ha ganado autonomía frente a quienes pretendían decidir por ella. Esa autonomía le permite escoger socios y discutir condiciones. También le exige calcular qué alianza puede darle continuidad a su apuesta cuando entregue el Palacio Tayrona.
Ya lo había planteado: nadie gana solo. El tablero de 2027 obligará a negociar, ceder y ponerle medida a las aspiraciones. Una candidatura propia puede dar protagonismo; una coalición bien construida puede dar la victoria.
Hasta aquí, mi lectura de las señales y la información que he recibido. Ahora dejo mi pronóstico, enteramente especulativo, para que el tiempo lo juzgue:
Margarita Guerra votará por el que diga Abelardo.
Guarden este escrito. En 2027 me dicen si volví a acertar en mis pronósticos de política parroquial.