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Denuncias

“Tarde o temprano el Estado nos va a desaparecer”: pescadores

Opinión Caribe

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La comunidad defiende la pesca como una actividad ancestral

Se repite la historia, una vez más los tagangueros se sienten amenazados, ya ocurrió en 1964 cuando sus colonos fueron desalojados del Parque Tayrona, desde ahí su cotidianidad se ha convertido en una lucha constante en defensa de su derechos como comunidad ancestral, sumado a que cada día, menos predios son de propiedad de los nativos.

Pescar ha sido la principal actividad económica de los tagangueros durante siglos, la cual además de generar más de quinientos empleos directos e indirectos, doblega la visita de cientos de turistas de todo el mundo que además de disfrutar del paisaje, degustan de un sencillo pero exquisito plato con pescado.

Si en algo están de acuerdo y coinciden los pescadores del corregimiento de Taganga es en la siguiente afirmación, “el Estado, o sea papá Gobierno nos tiene jodidos, es experto en sacar leyes y reformas que incomodan a las comunidades más necesitadas. En Taganga quieren desalojar a los pescadores y propietarios de las tierras cerca al mar, ya pasó en las Islas Barú de Cartagena, y lo mismo quieren hacer con nosotros los tagangueros”.

Tal inconformismo, dio paso a que miembros de la Cooperativa de pescadores de Barlovento y demás pescadores artesanales, presentaran una tutela que velaba por los derechos de esta comunidad, petición que la Sentencia de la Sala Sexta de revisión de la Corte Constitucional revocó, y por el contrario dio amparo a la Unidad Administrativa del Sistema de Parques Nacionales Naturales, a la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Coorpamag), a la Gobernación del Magdalena y al Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de redoblar los esfuerzos para garantizar el saneamiento, la protección y la intangibilidad de los ecosistemas terrestres y marítimos del Parque Tayrona y sus alrededores”.

“ESTÁN VIOLANDO NUESTROS DERECHOS”

Citando la escritura pública número 27, emitida en marzo de 1879, en la cual se otorgó a los tagangueros la potestad y autoridad sobre estas tierras ancestrales, con más de veinte ancones para ejercer la pesca, se basan los nativos para ejercer su derecho, los mismos que con el paso de los años se están perdiendo hasta el punto de que afirman que la pesca en Taganga está en vía de extinción.

Sin embargo la directora territorial de Parques Nacionales, Luz Elvira Angarita, manifestó que estas medidas buscan dar garantía de los ecosistemas existentes en áreas protegidas, las cuales presuntamente están amenazadas por el accionar pesquero, argumento que rechaza la comunidad de pescadores los cuales atribuyenlas normativas a un interés más que ambiental, económico.

“Los pulpos desde Bogotá quieren adueñarse de todo este territorio, no es la primera vez que lo demuestran, por qué no velan o cuestionan las construcciones que se levantan en los cerros, por qué no hay un pronunciamiento de las autoridades sobre esta situación en vez de mostrar como una cortina de humo el supuesto daño que está generando la pesca”, aseguró uno de los representantes de la asociación pesquera, que por seguridad nos pidió reservar su identidad.

DEFIENDEN ANCESTRALIDAD

El 1856, Taganga, regido por Román Manigua, era una aldea indígena con autonomía en la toma de decisiones, luego, en 1873 se conforma la Junta de Padre de Familia año en el que protocolizan las diligencias de los terrenos de Arrecifes y Cañaveral al igual que los terrenos de “San Antonio de Bonito Gordo” los mismos que hoy protagonizan la prohibición que afecta a los pescadores.

En adelante la Junta de padres de Familia decidía por los asuntos del pueblo y deliberaban en el camellón de la Playa a través del cabildo abierto, allí se leían los documentos cada año, para recordarle a los moradores del pueblo el derecho de propiedad que les asiste sobre estos territorios, normativa que se desvanece con los cambios propuestos a nivel nacional.

“Desconocer esto es desconocer la evolución social que como pueblo hemos tenido, pasando por la aldea, la parroquia indígena, el distrito parroquial, el corregimiento, la alcaldía menor hasta nuestra aspiración de territorio indígena, sustentada por la existencia de la escritura pública Nº. 27 de 1879, de la notaria primera de Santa Marta, en la cual se protocolizan las diligencias relativas a los terrenos de “San Antonio de Bonito Gordo” (Taganga), se nos reconoce la autonomía sobre estas tierras, para poseerlas y gobernarlas como un preciado legado de nuestros antepasados, función que hemos ejercido con esmero y decoro hasta nuestros días, en que se le quiere dar el zarpazo a esa autonomía.

‘LA PESADILLA’

Con la creación del Parque Tayrona a través de la Resolución 191 del 31 de agosto de 1964, inicia la disputa de territorios, el documento del Incora, determinó en ese entonces, que en el Parque Tayrona solo el Inderena podía disponer de las áreas de protección, en las cuales mediante resolución Nº. 193 de 1969 se prohibió la pesca con embarcaciones que tuvieran un calado de más de 10 toneladas, características con las cuales ejercían labores los tagangueros.

Las normativas buscan blindar las áreas de protección con el fin de no permitir el proceso de pesca en sectores como Arrecifes y Cañaveral, zonas en donde los pescadores durante muchos años ejercían labores.

LA CONTRADICCIÓN

Afectados por las decisiones en contra de su práctica diaria, los tagangueros denuncian que otras situaciones de mayor envergadura han afectado el ecosistema y, ante la vista de las autoridades, pasan desapercibidas y se empeñan en señalar la pesca como la labor que atenta contra el medio ambiente.

Más de 15 toneladas de aceite de palma cayeron al mar cerca a la costa de Taganga en el 2008, la mancha espesa se concentró en cinco ancones o zonas especiales para el desarrollo de pesca artesanal y cría de langostas, hubo mortandad y contaminación en los corales como manifestó en ese entonces Invemar, sin embargo, las directivas de la empresa Terminal de Graneles Líquidos del Caribe – Terlica S.A. responsable del daño, argumentaron que no había contaminación al tratarse de un aceite biosaludable.

Para subsanar el daño, se planteó la compensación con la comunidad pesquera, que durante meses no pudo desarrollar sus labores, compensación que según los afectados nunca se cumplió.

“Los chiquitos no tenemos defensa, el primer desalojo lo hizo el propio Estado en el año 1964,cuando se creó una normativa que atentaba contra nuestra labor, por la que nos vimos obligados a ceder ese terreno, sin embargo, por qué así como sacaron a nuestros colonos del Parque Tayrona, por qué no sacaron a los Bermúdez y a los Dávila… ah porque ellos son grandes y porque nosotros no tenemos poder adquisitivo, no tenemos peso”, denuncian los pescadores.

MÁS Y MÁS EXTRANJEROS

Llama la atención que cada vez son menos los terrenos de propiedad nativa, y mayor el número de extranjeros asentados en esta población, situación que debería generar una preocupación por parte de los nativos aseguran expertos consultados.

¿Qué va a pasar con Taganga a la vuelta de cinco o diez años?, es el interrogante que se hacen los residentes de Taganga, “es cierto que cada día somos menos los tagangueros dueños del corregimiento, las tierras que hemos cedido ha sido por necesidad, el rico viene propone compra y se adueña, la falta de acompañamiento estatal nos obliga, no tenemos como vender estos escenarios”, afirma la comunidad.

Los pescadores manifiestan que están limitados a pescar y proveer a terceros, aseguran que poco ha sido el respaldo por parte del Gobierno para con ellos, sin embargo, los presionan a dejar la pesca con las normativas implementadas.

“No entendemos como a los tagangueros no nos han permitido construir una sede en la parte baja de la playa para poder explotar de mejor forma el comercio de la pesca, pero sí es evidente como el sector privado se está apoderando de los cerros sin ningún impedimento”, dijeron los pescadores.

CUENTA REGRESIVA

Los tagangueros tienen claro que de seguir cediendo sus terrenos, a la vuelta de cinco años, Taganga dejará de ser un corregimiento de nativos, “pensar que los extranjeros que han invertido lo hacen pensando en el progreso de la comunidad, es una vil mentira, ellos sacan provecho para ellos mismos, nunca han pensado en dejarle algo al corregimiento”, asegura Rodrigo Cantillo, pescador de la zona.

OPINIÓN CARIBE indagó con Parques Nacionales acerca de ¿qué va a pasar con las más de seiscientas familias que se sostienen de la pesca? Al respecto, la directora territorial, Luz Elvira Angarita, dio a conocer que se está desarrollando el patrocinio de proyectos de producción para que las familias puedan obtener el sustento para sus hogares.

Aseguran los tagangueros que hasta la fecha no han sido testigos de algún plan de censo que permita identificar quienes podrían ser las familias benefactoras de dichos proyectos de producción.

Mientras se define qué va a pasar con estas comunidades, estos se empeñan en velar y pelear por sus derechos, la semana pasada por medio de una marcha hasta las instalaciones de la Unidad de Parques, exigen al Gobierno Nacional mirar con lupa qué está pasando con los pescadores y explicar el por qué las normas están pensadas en contra de los más débiles, “queremos que el presidente Juan Manuel Santos se apersone de la situación, en la costa hay muchos títeres que se venden al mejor postor y poco le importan los derechos de los menos protegidos”, concluyó la asociación pesquera.

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