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La batalla de los egos

Opinión Caribe

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Por fortuna, el proceso de paz y sus innegables avances, le están trayendo al país una luz de esperanza porque independientemente de las implicaciones económicas positivas que últimamente ha anunciado el Gobierno, lograr iniciar una etapa donde se trate de construir la convivencia pacifica por la vía democrática, cambiará lentamente la vida de muchos colombianos. Este aire que se respira a pesar de los esfuerzos de grupos opositores de solo mostrar la parte negativa de este proceso entre las FARC y el Gobierno, contrasta con la feria de egos que hemos tenido que presenciar últimamente.

Probablemente el nuevo ego más preocupante es el que empieza a mostrar el Alcalde Electo de Bogotá, Enrique Peñaloza. No es la forma ni el lenguaje el que se espera de una autoridad en un proceso de empalme. No solo es su manera de descalificar el trabajo de personas reconocidas como serias en su trabajo, sino además preocupa realmente que esta forma displicente de actuar sea alrededor del tema del metro en Bogotá. La respuesta del Director del IDU, tranquila, respetuosa, a quien se refirió Peñaloza de manera inadecuada, señaló la diferencia entre quien llena el cargo de prepotencia y aquel que no pierde su posición de servidor público.

Llegó la hora de que alguien además del periódico El Tiempo, le diga también de frente al próximo Alcalde, que para mucha gente de esa cuidad sus salidas inadecuadas y arrogantes, no son más que la confirmación de que no es cierto que haya cambiado sus prioridades y que esté dispuesto a dar una respuesta rápida a la ciudadanía sobre una obra fundamental para esta congestión de trafico en Bogotá. No lo dijo tan claramente durante su campana porque sabía que le costaría votos de quienes están desesperados con el tráfico en la capital del país. El metro puede no ser la solución total de algo que está haciendo miserable la vida de quienes residen en esa capital. Pero lo que sí es evidente para muchos, es que sin metro, no hay solución real.

Por consiguiente, son dos los temas que preocupan con razón a los colombianos. En primer lugar, que nos estanos llenado n este país, de egos inmanejables en posiciones claves para que esta sociedad funcione porque al Procurador y  al Fiscal se unen ahora el próximo Alcalde de Bogotá. Lo que nos faltaba. Y lo segundo, es que realmente sentimos muchos que en medio de la suficiencia de este último personaje se está embolatando la construcción del metro en Bogotá. Es decir, persiste la obsesión con Transmilenio  de quien se siento amo y señor de la idea, lo que le impide ser objetivo frente a sus evidentes falencias.

Si estas reflexiones se unen a las ya expresadas sobre la prepotencia de algunos mandatarios, latinoamericanos, se refuerza la teoría de que esta población colombiana, tan desigual en términos de oportunidades, que ve en la cercanía al poder su posibilidad de movilidad social, contribuye en algún grado a estas características desagradables de muchos de nuestros dirigentes.

Demasiado poder de los funcionarios públicos, algunos de los cuales se movilizan como el Procurador, con más protección que Presidentes de otros países, puede ser no solo una explicación para el exceso de ego que están mostrando muchos, sino para entender por qué a algunos les cuesta tanto que los reemplacen.

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