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Riesgos, desigualdad y cambio climático

Opinión Caribe

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Por: Verónica Meléndez

El punto de partida del análisis sobre la relación entre riesgos, desigualdad y cambio climático es el escenario de pobreza que vive el Mundo en la actualidad: alrededor de 836 millones de personas viven con menos de US$1,25 diarios, 6 millones de niños y niñas menores de 5 años murieron en 2015, el 12,9% vive con una nutrición insuficiente en los países en desarrollo y los indicadores en educación son alentadores al pasar de una tasa neta de matriculación del 83% en el año 2000 al 91% en el 2015. Estas importantes carencias en materia de desarrollo humano y las cuales hacen parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que se cumplieron el pasado 31 de diciembre de 2015, agudizan las consecuencias del cambio climático, a pesar de que se han logrado avances significativos en esta materia.

El desarrollo económico marcó de manera importante la vida en el Planeta y esto tiene efectos directos sobre las consecuencias del cambio climático, pues el 1 % de la población más rica del mundo posee el 40% de los activos mundiales, lo que enclaustra las posibilidades de la población pobre para acceder a alimentos en cantidad y calidad adecuadas. Sin embargo, no solo el desarrollo económico ha sido responsable de la inequidad y los riesgos frente al cambio climático: diversas decisiones políticas responden al compromiso antiético en áreas como la salud, la educación y la reducción de la pobreza, especialmente al debilitar el aparato estatal.

Para el sociólogo Ulrich Beck los riesgos del desarrollo industrial son antiquísimos: se generó pobreza, riesgos en la salud y riesgos en la cualificación del capital humano. Sin embargo, lo que en la actualidad vemos como una crisis del modelo económico imperante, se está visualizando como la manifestación de una multicrisis o amenaza global debido, entre otras cosas, a la tecnoeconomía, al crecimiento económico desigual y al consumo desmedido. La globalización ha generado efectos colaterales que además de una multicrisis está fomentado conflictos sociales importantes con sólidas desigualdades entre países y al interior mismo de algunos de éstos en la medida en que los recursos que implican sobrevivencia, como el agua y los alimentos, se agotan: al haber menos agua, la agricultura, la ganadería, la producción de energía y el consumo humano se verán afectados. Asimismo, la calidad y la cantidad de los alimentos se verán en riesgo.

En el corto plazo estos efectos del cambio climático aquejarán a las personas en condición de pobreza y de pobreza extrema en la medida en que éstas no cuentan con los recursos para acceder a alimentos, a agua potable, y mucho menos para construir barricadas para protegerse de los efectos del cambio climático, mitigarlos o adaptarse a ellos. La pobreza constituye entonces el principal problema para hacer frente a esta problemática y se manifiesta con una distribución desigual de los factores de riesgos, tales como sequías, inundaciones, derrumbes, entre otros. De por sí, los modelos de producción económica engendran una distribución desigual de dichos factores de riesgos, pero con el calentamiento global, éstos se acentúan en las poblaciones más deprimidas económica y socialmente, por lo menos en sus estadios iniciales. En octubre de 2015 se constituyó el grupo V20, es decir, los 20 países más vulnerables frente al cambio climático, del cual hacen parte Afganistán, Bangladesh, Costa Rica, Etiopía, Madagascar, Maldivas, Nepal, entre otros, y que tienen como denominador común sus bajos ingresos.

Como mencioné, en el largo plazo toda la humanidad se verá afectada. Aquellas desigualdades de orden económico, social o cultural se verán superpuestas, pues el cambio climático afectará a todos como especie; a esto U. Beck le denomina el efecto bumerang. Se trata de un peligro global tanto para las generaciones presentes, como para las futuras. Por lo que la preocupación por la pobreza o el hambre se verá superada por la preocupación por la supervivencia en un escenario de hambre por un lado y de abundancia por otro.

Como vemos, el ser humano está en el centro de atención frente al cambio climático, pues es la humanidad quien sufrirá las consecuencias. Y más allá de ser humano, la tensión se centra en su dignidad. Por ello la pregunta de U. Beck (1998) ha sido trascendental: “¿cómo se pueden evitar, minimizar, dramatizar, canalizar, los riesgos y peligros que se han producido sistemáticamente en el proceso avanzado de modernización y limitarlos y repartirlos allí donde se han visto la luz del mundo en la figura de efectos secundarios latentes, de tal modo que ni obstaculicen el proceso de modernización, ni sobrepasen los límites de lo soportable (ecológica, médica, sicológica, socialmente)?”.

Lo citado tiene como finalidad el hecho de que el ser humano como individuo y la humanidad en su conjunto pueda decidir sobre las orientaciones de su vida, de acuerdo a aquello de valoran ser y hacer. Así también, el hecho de que se tomen decisiones de políticas con el fin de comprometer y fortalecer a los países del Mundo en la lucha contra el cambio climático. Por ello uno de los aspectos fundantes para Beck es el hecho de que los riesgos “se basan en interpretaciones causales, por lo que sólo se establecen en el saber (científico o anticientífico) de ellos, y en el saber pueden ser transformados, ampliados o reducidos, dramatizados o minimizados […]”.

Los apuntes en materia de política están entonces, en promover la innovación, el capital humano y reconceptualizar y reformular las estructuras económicas vigentes, tal como lo sugiere Manuel Castells y PekkaHimanen en Reconceptualizing Development in the Global Information Age. Para ello es necesario, propone Beck, desmonopolizar y transferir el conocimiento o la racionalidad, “pues […] se limita […] la dimensionalidad del riesgo a la manejabilidad técnica”.

Autores como Castells, Calderón y Beck han insistido en el componente de futuro que implica la teorización sobre el cambio climático, sus riesgos y las consecuencias de éste en el desarrollo humano, lo cual implica de igual manera que se asiente sobre el saber científico, como también sobre un nuevo espacio público llamado internet, sobre el cual se sancionen nuevas y mayores demandas hacia la dignidad humana, pues una ciudadanía que agencia es una ciudadanía que genera condiciones estructurales y políticas que promuevan la libertad, la justicia y la equidad, es decir, el desarrollo humano. Así mismo lo ha señalado Calderón: “las posibilidades de construir un desarrollo a partir de la agencia podrían estar relacionadas con la renovación de la política, el reconocimiento de las condiciones estructurales y la subjetividad y la cultura que vienen con este proceso. Por lo tanto, requiere una agenda política para fortalecer las capacidades, especialmente para que los jóvenes puedan comprender y actuar sobre sus propios procesos de cambio y por lo tanto, de sus sociedades”.

* En los últimos meses del año 2015 los países miembro de la Organización de Naciones Unidas, por lo tanto, Colombia, aprobaron la Agenda de Desarrollo 2030, la cual cuenta con indicadores precisos que pueden guiarlos Planes de Desarrollo nacionales, regionales y locales y su traslación en políticas públicas en los espacios económico, político, social y cultural. El documento completo se encuentra en www.un.org.

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