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Opinión: Adiós a 35 años de mezquindad

Opinión Caribe

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Por Carlos Eduardo Caicedo

*Discurso pronunciado durante la entrega de la prolongación de la Avenida del Río

Suelo decir a los amigos más cercanos y especialmente al alcalde Rafael Martínez, que lo acompaño con gusto de ciudadano que siente satisfacción cuando finalizan las obras que el gobierno anterior dejó. Con esa condición vengo como cualquier otro samario.

Por supuesto, también como el exalcalde que los samarios eligieron hace cuatro años llenos de esperanza, para que la ciudad empezara a cambiar.

Me complace, que, efectivamente, podamos dar cuenta de la terminación de estas obras.

Aquí se configura una especie de metáfora, porque hoy terminan 35 años de mezquindad, 35 años de abandono del gobierno y de mentira de los políticos. Terminaron esos 35 años y hoy se estrena en este sector una obra que genera equidad, movilidad y dignidad. Esa es, entonces, una metáfora, desde mi punto de vista, la metáfora de cómo lo increíble se vuelve creíble, de cómo lo Imposible se vuelve posible. Y referirme a que aquí teníamos un símbolo que era como especie -decía un periodista como el muro de Berlín-pues separaba y segregaba a las personas pobres de las personas ricas y pudientes, representaba la mezquindad, porque ya no podían vivir cómodamente, inclusive, estar cercano a los gobiernos y en algunos casos, tomar la decisión de enajenar la propiedad para que se pudiera terminar una vía pública que a la postre, les sirve a todos por igual.

Pasaron décadas e increíblemente una Avenida tan importante terminaba en unos puentes que pertenecían a la Santa Marta del siglo XIX y se topaban con una pared que iba llenando de indignidad e indignación a los ciudadanos, decían, no es posible que el gobierno que nos representa no tome una decisión de promover la venta o la expropiación de estos predios y por eso, se debe reconocer el trabajo articulado que se hizo el año pasado.

El gobierno es el único que puede hacer esto y cuando no lo hace, qué ocurre, la gente pierde credibilidad, no confía, por tanto, se crea animadversión hacia el político, hacia el gobierno y hacia lo público, porque la gente dice, esto nunca va a cambiar.

Veían una pared en la que se exhibía todos los días su propia historia de abandono porque nada cambiaba.

Cuando iniciamos este proceso, muchos periodistas me veían con escepticismo, no creían que íbamos a llevar hasta las últimas consecuencias la terminación de esto, que, por cierto, solo son unos 700 metros, por qué tanta alharaca, bueno, porque esto representaba la Santa Marta que debíamos dejar atrás.

Ese modelo de la vieja política tradicional se encierra en ciertos clubes u oficinas para confabular contra la ciudad, a ver cómo se apropian de los recursos públicos y cómo le hacen sentadilla al que está al servicio de la comunidad.

Hay personas con cabeza solo para la maldad, que aprovechan las oportunidades para llevarla a cabo; a este tipo de políticos, la comunidad, en su momento, debe castigarlos y enviarlos al ostracismo para toda la vida, para que aprendan a respetar al pueblo, porque ese pueblo los premió por décadas, familias prestantes que tuvieron mayores escenarios de decisión y poder. Ahora, han quedado pocos, los cuales están cerca del Presidente, porque están en el Congreso, esos son los que tienen los instrumentos para traer progreso a su tierra, y que me digan cuáles obras de progreso han traído en los últimos años a la ciudad, no, ellos se han dedicado es a entorpecer y desestabilizara los nuevos gobiernos.

Esperaría que las autoridades de policía, inclusive que los órganos de inteligencia, puedan establecer ese espacio de concierto para delinquir que tienen ciertos políticos del Magdalena, porque la verdad duele en el alma, que mientras personas como Rafael Martínez y su equipo de trabajo lo hacen legalmente para continuar lo que se debe continuar, reiniciar otros proyectos que están en el Plan de Desarrollo, hay personas que en vez de decirle solidariamente, Alcalde queremos ayudar y queremos contribuir, no lo hacen.

Pero los vemos que hacen fiesta cuando salen titulares negativos de la ciudad o cuando ven que ciertos recursos que se habían prometido del orden nacional se van desdibujando en el tiempo.

Es importante que la comunidad tenga claro que cuando llegué a la Alcaldía, encontré que los empresarios clamaban por un nuevo aeropuerto, tratamos de sacarlo adelante, se lo pedimos al Presidente y ahí salió el nuevo aeropuerto y es increíble el oportunismo político, que algunos traten de usufructuar una obra que otros gestionaron. Es increíble, pero no importa, porque al final, esa obra le sirve es a los samarios.

No fueron capaces de gestionarlo, entonces, de lo que si son capaces es de buscar la forma de controlar un proyecto que ya cuenta con aprobación del Gobierno Nacional. Lo propio ha ocurrido con los Juegos Bolivarianos.

Pregúntense, dónde están esos que tienen altas posiciones y proceden del Magdalena, estos que tienen credenciales y que pueden ayudar a que las cosas avancen, porque lo que hacen es entorpecer los proyectos diseñados para sacar adelante a la ciudad.

Eso fue lo que nos dieron a los samarios durante décadas, una pared de la inequidad, de la injusticia, de la segregación. El Mercado Público era una vergüenza y unos escenarios deportivos que demostraban el poco amor y poco afecto que no solo tenían por el deporte, sino por nuestra querida juventud.

Así pues, si ustedes analizan, estas obras no solo son en sí misma obras civiles y obras públicas, sino que ahora les pertenecen a ustedes.

Santa Marta merece una sociedad que respete a sus autoridades, que las rodee cuando necesiten de su acompañamiento. Por eso, los exhorto a que, a este Alcalde, comprometido con Santa Marta, se le respalde, y cuando vengan a estos escenarios, sea para decirle, Rafael, estamos contigo, respaldamos que Santa Marta siga Cambiando. ¡Claro que sí!

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