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Edición Especial

‘El machete’

Opinión Caribe

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De regreso a clases

En época de estudiante es muy extraño el joven que no haya hecho ‘machete’ o ‘copialina’. La mayoría, en alguna ocasión, se las ingenió para ganar el examen de la materia que era su dolor de cabeza, o la que no alcanzó a estudiar. En esa vida de estudiantes se hace todo un doctorado en estrategias para no ser descubiertos por los maestros, hoy los recuerdos de esas múltiples picardías son motivos de risas entre quienes pasaron la etapa de colegio, para quienes todavía la viven, ‘el machete’ es la herramienta del día a día.

Por Fanny Medina Ariza

Después del breve receso de mitad de año, vuelven las magistrales técnicas para hacer un buen machete; los minutos antes de un examen siempre son tormentosos aún para los que se aprendieron la lección o las fórmulas explicadas por el docente. Esa ansiedad la experimentan desde los que están más preparados que un yogurt hasta los que olvidaron la previa.

Horas antes del temido momento entra en acción el ingenio del estudiante; como todo un estratega en potencia escribe los apuntes en un pequeño papel con una letra diminuta, imposible de leer a larga distancia. El papelito es guardado donde sea más conveniente, empieza por estar en la cartuchera o en el bolsillo, y a medida que se utiliza va cambiando de sitio.

El joven aprovecha el descuido de su profesor para leer y escribir al mismo tiempo lo más rápido posible en la hoja del examen, y si se siente en peligro de ser sorprendido, lo arruga y esconde en el lugar menos visible, ya sea dentro del zapato, la cartuchera, el bolsillo, o ante la amenaza, metérselo en la boca.

También las infaltables señas que se convierten en un código secreto entre los compañeros, cuando se escucha el golpe clave en la silla y siente que el otro lo mira fijamente es el momento de voltear a ver qué pregunta le hace falta, ahí sigue el gráfico con los dedos de la mano para especificar el número y luego señalar la respuesta correcta en el rostro, ya sea en la frente, nariz, mentón o en la oreja que se traducen en las opciones A, B, C y D, respectivamente.

Hay unos más valientes que se atreven a usar una hoja del mismo tamaño del examen, ver a través de esta las anotaciones que están debajo y escribir tal cual tienen los apuntes en la ‘ayuda didáctica’, como muchos lo llaman para excusarse ante los profesores e intentar darle validez a la falta.

Bendito sean los borradores de nata o migas de pan que permiten escribir clarito por cada uno de sus lados, bien sea para leer la información que se necesita o como correo entre dos para preguntar y responder, todo comienza en un “¡préstame el borrador!”. Y si se llega a acercar el estricto profesor, no es más que frotarlo rápido en la mano desapareciendo cualquier anotación que deje rastro del golazo que le han hecho a él.

En situaciones como pasar un examen o un parcial, la piel se convierte en lienzo de los datos más valiosos, debajo de las faldas reposaron cientos de temas a lo largo de la vida estudiantil, en la palma de la mano, un lugar más visible, pero igual de efectivo para quienes con astucia lograban leer cada palabra escrita sin llamar sospecha.

Por otro lado, si los zapatos hablaran, estos fueran expertos en varios temas, cálculo, física, español, pregrado, postgrado y doctorado incluido. Las suelas de los zapatos fueron otras aliadas de quienes deciden hacer la fácil en los exámenes. La cuestión está en ubicarse en un puesto donde el compañero de adelante cubra la visual del vigilante profesor.

En las ocasiones que la suspicacia del maestro hacía de las suyas cambiando a los estudiantes de puesto, las anotaciones con lápiz en el brazo de la silla eran inútiles, en ese momento, si no había plan ‘b’, lo más seguro era la pérdida del examen, o quedar a la deriva de lo que respondiera el compañero más cercano y a la visual del ojo.

La carpeta semitransparente, también fue y sigue siendo una buena herramienta para guardar las anotaciones y verlas desde el puesto del que se sentase adelante.

Con el paso del tiempo entre generaciones ha ido cambiando algunos métodos, aun así, no deja de tener vigencia la ‘copialina’, ha cambiado la forma de hacerla, pero no ha desaparecido, ni lo hará.

La tecnología ha permitido incorporar nuevas estrategias, hace diez años cuando el celular se adentró en la vida estudiantil, los mensajes de texto en medio del examen eran infaltables, cuando se sentía la vibración era mensaje seguro, e inclusive muchos desarrollaron la habilidad de enviar un mensaje sin ni siquiera ver la pantalla.

Con la llegada de los Smartphone, el correo de preguntas y respuestas de las nuevas generaciones ha sido WhatsApp, y el papelito pasó a ser el bloc de notas que traen todos los celulares, ahí transcriben las posibles respuestas del examen.

En medio de la clase, y con el corazón latiendo a millón por segundo, sacan el teléfono de manera sigilosa para reescribir en la evaluación. Un método más novedoso y menos riesgoso es hacer uso de los relojes inteligentes que cada día toman más fuerza, y permiten revisar los archivos con más cautela, como si el estudiante solo estuviera contando los minutos faltantes.

Aunque el ‘machete’ es perseguido por los ojos de los maestros, pocas son las veces que un estudiante es sorprendido, quienes ya culminaron la vida de estudiante de colegio o universidad – donde es común hacer uso de este recurso- cuentan con jocosidad las muchas veces que lo utilizaron, que jugaron con el ingenio propio y el descuido de quienes cuidaban el examen para hacer de las suyas, librar la batalla y no ser castigados tras la popular entrega de boletines, otro ‘coco’ de los estudiantes.

El momento glorioso era la entrega del examen, no haber sido sorprendidos en medio de la copia. Luego de que el profesor cruzara la puerta, el alboroto de celebración e intercambio de respuestas era único e indescriptible. Seguido del festejo y la destrucción de los papelitos, y toda prueba que inculpara, era en cuestión de segundos.

Hoy, algunos docentes han entendido la dinámica de cambio que debe haber en los procesos evaluativos; una docente de vieja data, de las que sus alumnos recuerdan toda la vida, a pesar de que relata que fue una campeona en machete, invita al profesor a que se reinvente, porque en el proceso de la enseñanza y el aprendizaje la evaluación juega un papel preponderante, y así el estudiantado no recurre a las ayudas extras para superar la prueba.

“El maestro debe reinventarse cada vez que elabora un examen, la época de utilizar tanta memoria donde los muchachos se convierten en base de datos ya pasó, es haberse anquilosado, eso de preguntas como: ¿en dónde nació Bolívar?, hablando de un proceso de sociales no está ahí lo relevante, lo debido es que el joven analice la importancia de Simón Bolívar en la actualidad”, puntualiza la maestra.

Situaciones como esa son las que hacen que el estudiante se vea obligado a utilizar el ‘machete’ que es un arma de doble filo para superar la materia o un semestre. Los pedagogos plantean el aula como un espacio en el que se debe dar el debate, el conversatorio, los procesos de investigación, y los docentes deben manejar la escritura en sus exámenes para conocer qué piensa el estudiante frente a los conceptos de una temática, y así llevarlo a ser crítico, que asuman posturas críticas, que debe ser el verdadero objetivo de la evaluación.

Entre sus recuerdos, y en medio de carcajadas confiesa que, en su caso particular, todo empezaba con dejarse crecer las uñas, las cuales se pintaba con esmalte transparente y con la punta de un compás se escribía las fórmulas de física y química que eran sus ‘cocos’ en el colegio.

Otras veces, el ingenio lo plasmaba en unas galletas, que, en su época, alrededor de los 60 y 70, eran llamadas cucas. En ellas escribía con marcador las respuestas, y en el caso de que se acercara el profesor, de un solo bocado las desaparecía. También se aprovechaba de los peinados que se hacía en su extensa cabellera, porque en la moña escondía los apuntes, los cuales, en cuestión de segundos, sacaba y los volvía a esconder.

‘El machete’, no para, por lo contrario, sigue evolucionando. Pasó de los papelitos, y apuntes en las manos a los Smartphone, relojes inteligentes y cientos de tutoriales de Youtube, en donde con solo hacer clic, los jovencitos se enteran de miles de técnicas existentes.

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