Connect with us

Columnistas

Confianza y política

Opinión Caribe

Published

on

Por Rubén Darío Ceballos

Sostienen notable politólogos, analistas y académicos nacionales e internacionales, entre quienes destaca Victoria Camps, catedrática emérita de filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona y autora, entre otros libros, de Breve historia de la ética, que la confianza no es un afecto que pueda perseguirse simplemente con la voluntad de ser más creíble, toda vez que un político gana credibilidad si satisface las expectativas de la gente; que las expectativas ciudadanas son muchas y están claras porque sabemos los problemas que tenemos; que el diagnóstico de nuestros males está hecho y lo que falta es el tratamiento adecuado; que faltan proyectos realistas, eficaces y creíbles; que nadie tiene la clave para aportar soluciones definitivas, y por tanto, no hay más remedio que conjugar opiniones diversas y valorarlas por sí mismas, sin apresurarse a rechazarlas sólo porque vienen del bando opuesto; y, que el clima de confianza debe cultivarse también entre los partidos, por ser lo cual la base del diálogo y de la democracia.

Nos traslada lo dicho al hecho cierto que la sola política de confrontación no logrará que se recupere la confianza en un ser, hacer y quehacer político responsable y respetable, sobre todo, cuando la ciudadanía pide hoy ir más allá del insulso enfrentamiento continuo, y más allá de la sustitución de las formas de representación política, al propugnar de manera enfática por movilizaciones permanentes y citaciones a la participación ciudadana activa, camino a que se logre afianzar una democracia real y verdaderamente representativa y convincente, pero no sustituida por un simulacro de democracia, sino por acciones y actitudes que den visibilidad al deber ser de los políticos de representar a quienes los han puesto donde se encuentran.

Importante en este itinerario, consultar a sus bases sobre lo pertinente y mejor para la base societaria. Impulsar que lo que anhela la ciudadanía para sentirse mejor representada se refleje en tomar parte activa en todas las decisiones políticas. Es poner más énfasis en la responsabilidad de los políticos que han sido elegidos para gobernar, esto es, para no cejar en el empeño de sostener y mejorar los servicios, gestionar los conflictos desde perspectivas no partidistas, ocuparse de los más desfavorecidos, perseguir los fraudes, dar señales fehacientes de que se erradica la política clientelista que tanto ha perjudicado a la representatividad democrática.

Ni la autocomplacencia ni la descalificación del adversario son compatibles con el esfuerzo de contrastar propuestas. Tenemos que ver e ir más allá, perder los miedos. Ser capaces de constructos elaborados del inmediato a largo plazo con la colaboración de amplias mayorías, por lo que no se justifican proyectos apenas electoreros, sino proyectos políticos con raigambre y largo aliento.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *