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Columnistas

Contra la corrupción, dignidad

Opinión Caribe

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Uno de los problemas que mayormente inciden en la descomposición de la cohesión e integración de la sociedad es la corrupción (corromper, depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar. Depravación moral o simbólica. Práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Políticamente, es el mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima), la cual de ir aunada de manera injustificada a la impunidad, mortifica en alto grado el comportamiento de personas que procuran una vida esforzada, digna y llena de sensatez, vínculo, congruencia, unidad, honestidad y honorabilidad, más cuando es la sociedad consciente que no se debe separar lo ético de lo público, por cuanto la una determina la otra.

No es ningún secreto que atravesamos por una crisis profunda, producto de la preeminencia de sujetos medianos, oscuros e indecentes en nuestro entorno socio-político. Colombia en todos sus rincones, nuestra ciudad, departamento y municipios, deben propender por desterrar cualquier atisbo de corrupción, condenarla abiertamente como motivo de vergüenza grave para el involucrado, que implique su renuncia irrevocable como un acto de auto-castigo. Que no sea como en muchos casos motivo de orgullo en vez de serlo de escarnio, quienes suman además a sus delitos, desvergonzadas campañas de defensa de sus actuaciones en lugar de mostrar y demostrar signos de arrepentimiento por sus crímenes y múltiples abusos cometidos al amparo del poder.

Se han alterado a tal grado los valores en el país, que personajes tanto abominables como repugnantes se nos muestran como paradigmas a emular y no les escatiman elogios y apoyos, mientras que otros muchos, ellos sí honorables, se les veja y pone en la picota pública, les cierran las puertas y los confinan a vivir expatriados en su propio país, lo que demuestra cuán fácil es para quienes se apropian del poder en las más de sus múltiples aristas, ocultar información, desinformar, perturbar, desequilibrar y enajenar miserablemente a la opinión pública.
Pareciera un estorbo ser honesto y congruente, porque eso permite conceptualizar mejor las actitudes contrarias. De allí que surjan “áulicos a sueldo”, quienes viven muy satisfechos y convenientemente contentos al amparo del poder, a cambio de sus loas y ditirambos, aunque a veces caigan en lo grotesco y ridículo; razón, entre otras varias, para que actuemos como un sólo hombre en haz de voluntades, con un grande como inmenso sentido ético y apoyemos en adelante a quienes mejor nos representen en defensa de la democracia y la soberanía nacional. Comprometámonos por y para el bien de todos.

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