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¿Celebrar o no los días del hombre y de la mujer?

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Por: Marcela Escandon Vega

A propósito del Día de la Mujer, es común escuchar frases como las siguientes:

  • La fecha se convirtió en algo comercial.
  • Un día al año no es suficiente.
  • Las rosas están trilladas.
  • ¿Creen que con chocolates arreglan todo?
  • No necesito que me regalen flores.

Al tiempo, sobre el día del Hombre, algunos comentarios típicos son:

  • Si creen en la igualdad deberían celebrarnos por igual.
  • Es solo un invento para vender.
  •  Ellos no han sido discriminados como nosotras.
  • Es el día más ignorado.
  • Fue inventado solo para contentar a los hombres.

Estas frases pueden generar incómodas conversaciones e incluso acaloradas discusiones entre personas que critican este tipo de fechas y otras que no le ven nada de malo. Mientras para algunos el Día del Hombre y el de la Mujer no tienen ningún valor ni significado respetable, para otros son una excusa agradable para intercambiar tarjetas, dulces, cervezas y flores.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Disfrutar las sesiones de maquillaje organizados por las áreas de talento humano para las mujeres en las oficinas o criticar el estereotipo detrás de esas formas de celebrar a la mujer? ¿Tienen algo de malo los torneos de Xbox y fútbol 5 que hacen para los miembros masculinos de los equipos de trabajo? ¿Deberían tener una actitud más reflexiva y crítica quienes no analizan los mensajes machistas detrás de las tarjetas que dicen celebrar la “delicadeza femenina”? ¿O son los escépticos quienes deben dejar la crítica a un lado y pensar en las buenas intenciones de aquellos que solo quieren hacerle el día especial a un compañero o ser querido?

En mi opinión, se debe lograr un punto medio entre las dos posiciones. No se debe rechazar un chocolate por parte de alguien que solo quiere desearte un feliz día. Pero tampoco se deben repartir flores sin saber que el Día Internacional de la Mujer no se fue establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1975 para eso, sino para conmemorar la lucha de millones de mujeres alrededor del mundo que han tenido que incluso dar sus vidas para conseguir igualdad de participación, estatus legal, derechos políticos, económicos y sexuales, entre muchos otros. Estos logros no solo son de las mujeres, sino que son avances de todas las sociedades en términos de equidad, bienestar y justicia. Es importante reflexionar sobre esto cada 8 de marzo, discutirlo, analizarlo y enseñarlo a las futuras generaciones.

Por su parte, el Día Internacional del Hombre se conmemora desde 1999 el 19 de noviembre, fecha aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Sin embargo, al igual que en Colombia, en muchos países se celebra el 19 de marzo por la celebración católica del día de San José. Ambas fechas son mucho menos celebradas que su equivalente femenina, y muy pocas personas conocen su significado u objetivos. La fecha establecida por la ONU busca hacer que en los distintos países se aborden temas de salud masculina de todas las edades, resaltar el rol positivo y las contribuciones que los varones hacen y pueden hacer diariamente y promover la igualdad de género fomentando la no discriminación a los hombres. Estos debates deberían ser promovidos no solo desde la política pública, sino desde los hogares, donde padres, hijos, abuelos y hermanos pueden aumentar la consciencia sobre su rol en las familias y la sociedad en general.

En conclusión, todo lo que se haga con buena intención es valioso y respetable, tanto las flores como las conversaciones sobre cómo fomentar la igualdad entre los géneros en nuestra comunidad. Los extremos no solo son odiosos sino dañinos. Es negativo rechazar espacios de reconocimiento y celebración en los que se resaltan a hombres y mujeres por sus contribuciones. Pero también es muy grave que en nuestra sociedad abunde la ignorancia o indiferencia ante la violencia de género, la ineficiencia económica y los demás problemas que se derivan de la desigualdad de género.

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