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Nadie supo…

Opinión Caribe

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Por Cecilia López Montaño

Solamente cuando llegaron dos fiscales españoles se descubrieron 262.000 euros en un elegante apartamento del norte de Barranquilla. Se encontraron esos dineros que mal contados son más de 800 millones de pesos, en el apartamento de la hija de uno de los acusados en España del caso Inassa. Pero resulta que los dueños de esta empresa española investigada hasta el alma, tienen como socios a reconocidos empresarios y políticos de la ciudad. Como ya se están oyendo pasos de animal grande, es bueno que la ciudad tome conciencia de lo que está sucediendo con sectores de la dirigencia de política y del empresariado barranquillero.

Por la prensa nacional y sobre todo por los permanentes informes que aparecen en el periódico El País de España, es evidente que ya los entes de control en Colombia están abriendo investigaciones sobre las empresas de servicios públicos con inversión española, especialmente vinculadas a Inassa, entre las cuales está la Triple A. El debate hasta ahora se ha centrado en la perdida de la participación del municipio de Barranquilla, que paso de tener el 85% de esta empresa al 13% y se mencionan los alcaldes involucrados en este hecho.

Pero es bueno recordar que, en los últimos 9 años, nada se hizo para lograr que las ganancias de la empresa se reinvirtieran para recuperar la participación de la ciudad. Tres administraciones pasaron sin que se evitara que esas utilidades se quedaran en los socios de la Triple A, entre los cuales figuran notables personajes de esta ciudad. Nadie le pregunta al equipo de las tres últimas alcaldías por qué no se tomaron decisiones para aumentar la participación accionaria del distrito. Obviamente tendrán que dar explicaciones contundentes.

Se trata de un escándalo mayúsculo que no puede pasar inadvertido en Barranquilla, porque sin la cooperación de quienes han manejado esta ciudad, será imposible aclarar un saqueo de recursos de la ciudad que tiene en conmoción, no solo a los ciudadanos españoles sino a la política de ese país que ya ha empezado a pagar el costo. No puede ser que en Barranquilla nadie supo, nadie vio, y por consiguiente no pasa nada.

La ciudad y no solo sus élites tienen que saber la verdad, entre otras, porque lo que se sabe viene de la investigación en España, aunque a nivel nacional ya se están tomando cartas en el asunto. Por consiguiente, por el bien de la ciudad, es hora que las autoridades locales dejen de mirar para otro lado y colaboren para esclarecer este escándalo. Con absoluta seguridad, no se va a quedar todo el lio como un problema de empresas españolas.

Barranquilla y las personas involucradas van a tener que rendir cuentas que ojalá sean lo suficientemente claras, para que salgan a salvo y no queden como aquellos que cometieron delitos contra los recursos públicos de la ciudad. Sería imperdonable. Y es inaceptable la posible excusa de que nadie supo, nadie vio y nadie escuchó.

 

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