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Cultura

Claudia Nieto, una mujer sobreviviente y emprendedora

Opinión Caribe

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Guerrera incansable en la lucha por lograr cambiar la mentalidad de las víctimas del conflicto armado, Claudia Nieto, una sobreviviente del conflicto armado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, debido a que trabajaba en una Hacienda cafetera llamada Jirocasaca, cuyo propietario era el señor Guy Opdenbosch, ciudadano Belga.  Un día un grupo al margen de la Ley ingresó en la Hacienda realizando una masacre de trabajadores campesinos.

“Era la madrugada cuando ingresaron a la hacienda. Conmigo se encontraba mi hija de tan solo 2 años de edad y un grupo de compañeros que atendíamos el casino. En ese momento entraron y amordazaron a todos; excepto a los que nos encontrábamos en la cocina, nos encerraron, mientras en la parte exterior masacraron a los demás compañeros” Prepara Claudia su historia mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

Continuó “hacía muchos años que no recordaba, trataba de no pensar en ese momento, el ver cómo sus cuerpos se encontraban destrozados por mi paso, sentir de nuevo los gritos perturbadores de ayuda, me hacen retornar a ese momento tan doloroso para mí, me hace pensar que pude haber perdido a mi hijo, pues no subió ese día, porque tenía colegio y yo no quería que faltara; me lo hubiesen reclutado o matado”.

Así como Claudia, existen muchas víctimas en el departamento del Magdalena. Hacia el año 1986, Hernán Giraldo Serna más conocido por sus alias de ‘El Patrón’, ‘El Taladro’ o ‘El Señor de la Sierra’, ex narcotraficante y ex paramilitar miembro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Fue el jefe del desmovilizado Bloque Resistencia Tayrona que operaba las rutas de narcotráfico y contrabando de armas entre Colombia, Europa y Norteamérica y fue la mente detrás de la masacre que enlutó la vida de Claudia.

“Aun no tengo claro que sucedió, solo sé que ese día ellos llegaron por el Administrador de la Hacienda y por otros compañeros, los descuartizaron completamente, mutilaron sus partes y las esparcieron por todo el terreno; a nosotros nos decían que no gritáramos y que ni respiráramos, mientras las horas se nos hacían eternas y los gritos de la gente nos atormentaban” , narró la mujer quien en ese momento solo pensaba en su hija.

“Apenas sentimos que habían partido, un compañero logró zafar las cuerdas que nos ataban, tomé a mi hija en brazos y solo recuerdo que bajé a pie ese cerro sin mirar atrás, rezando por llegar sana y salva a mi hogar, mientras saltaba por delante de los cadáveres mutilados de mis amigos… en ese momento supe que finalizaba mi historia en Jirocasaca, que jamás volvería a ese lugar que tantos recuerdos hermosos me había obsequiado” aseguró.

Del sufrimiento a la trasformación 

Pasando los meses, Claudia necesitó sacar adelante a su familia, por lo que regresó a Bogotá, su tierra natal, e intentó reconstruir su vida; se casó y de esa unión nació su otra hija, pero Santa Marta jamás dejó de ser su ciudad ideal.

¡No aguantaba el frio! Exclamó mientras reía, “Santa Marta para mi es el lugar ideal para el ser humano, su gente, su carisma, su trato hacia las demás personas, este es mi hogar y por eso es que quiero salir adelante aquí, además mi hija está criándose en una tierra calurosa y llena de afecto”.

Así que desde el momento que pisó tierra costeña miró la posibilidad de crear un  negocio, soñando desde el principio con expandirlo, deseando en todo momento contratar a mujeres con historias de violencia y superación.

Claudia se emociona hasta las lágrimas cuando recuerda el momento en que soñó su negocio y ratifica: “Siempre he querido que mujeres que vivieron en carne propia el terror de un país trabajen conmigo; en este momento tengo mi negocio de desayunos saludables donde vendo alrededor de 50 a 60 en varias instituciones de la ciudad, vendo Frutas, sanduches de pan integral, avena, milo, chocolate, parfait de frutas y algo no tan ligeros, como ¡postres!”

Continuó: “Por lo pronto me ha tocado meter a una amiga, porque no doy abasto yo solita; mi hija me ayuda a preparar los sanduches mientras mi amiga y yo hacemos lo demás. Vendo alrededor de $100.000 pesos diarios, eso sí, ¡sudándolo! Pues para ahorrarme algunos dineros de transporte caminamos la mayor parte por el sol inclemente de la costa colombiana, donde tenemos días a 29° grados y otros a 35° o 37°”.

“Duré mucho tiempo desubicada. Aún hoy, cuando me preguntan sobre mi historia me parece una tortura, pues se me vienen los recuerdos y los gritos de dolor y terror de mis compañeros; pero también recuerdo que debo seguir adelante y tratar de perdonar cada día a esos hombres que irrumpieron en nuestras vidas y acabaron con los sueños de todas esas familias,” concluyó Claudia.

Esta es una historia que nos muestra cómo la perseverancia es la base en la reconstrucción de las historias de vida desde el dolor y la violencia hacia la paz.  Así mismo nos da las bases para fortalecer los procesos de acompañamiento y de fortalecimiento de las iniciativas de las víctimas.  En este caso, tenemos a una mujer que ha sacado un negocio adelante apoyándose exclusivamente en las ayudas humanitarias recibidas durante los últimos meses.

La voluntad de superación permite que sueñe con ideas que pone a funcionar con poco presupuesto; por lo cual, es una de las historias que aún no ha escrito el final, ya que cuando reciba su indemnización y entre el proceso de inversión adecuada a sus recursos, liderada por la Unidad para las Víctimas, podremos volver a mirar su historia y ver los frutos de un proceso de acompañamiento a las víctimas desde el mismo esfuerzo de ellas.

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