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El terrible dilema de Iván Duque

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Cecilia López Montaño

Quienes conocimos a Iván Duque antes de que cayera en el Uribismo, siempre pensamos que desde que entró al partido político del expresidente se le podía aplicar el lema de Davivienda, “estaba en el lugar equivocado”. En su momento pensamos, que tarde o temprano se presentarían serias contradicciones si no con el jefe del Centro Democrático, sí con alguno de sus miembros.  Precisamente, este encontronazo se acaba de dar nada más ni nada menos que con Fernando Londoño, uno de los más recalcitrantes defensores del capital y de todas esas ideas de extrema derecha con las cuales es muy difícil, para alguien que tenga una dosis mínima de demócrata, estar de acuerdo.

El tema surge de un tuit firmado por Duque, en el cual se reproducen los elementos de su discurso ante un grupo de campesinos. Lo que les dijo es lo obvio: el campo debe ser para los campesinos; va a despolitizar a las instituciones del agro y se las va a quitar a los gamonales. Y con estas palabras se generó la fisura que era previsible. De inmediato, los uribistas pura sangre, encabezados por Londoño y respaldados por José Obdulio y Rafael Nieto salieron a declarar a Duque como populista y con ideas contrarias a las de su partido. Hasta Londoño llegó a hablar de división en el Centro Democrático en su programa de radio.

Empezó a pasar lo que era de esperarse: Iván Duque se enfrenta a un profundo dilema. Por más esfuerzos que haya hecho de repetir cosas absurdas de su jefe, como dejar solo una Corte y acabar con las otras, ante la gente que espera respuestas a sus múltiples frustraciones se le salen las propuestas que ellos esperan, pero que contradicen los principios básicos del uribismo. Es decir, el capitalismo en su forma más salvaje, que explica muchas de las políticas de los dos períodos del expresidente Uribe, como la Confianza inversionista, los Contratos de Seguridad Jurídica y las zonas francas.

La pregunta de fondo es cómo manejará Duque estas obvias contradicciones: decir lo que toca y lo que probablemente cree o darle gusto a esa línea dura de su partido a la que muchos colombianos le tememos, porque la sufrimos. En este primer enfrentamiento, Uribe salió a sacarle las castañas del fuego a Duque echándole la culpa del tuit al Jefe de Prensa del candidato presidencial. Que oso, sin duda, porque al escuchar el discurso de Duque, el periodista hizo la síntesis que tocaba. Pero eso muestra el talante de Uribe, sacrifica al que sea con tal de salvar a quien quiere.

Pero lo más relevante de este episodio es que de nuevo será la tierra, su distribución, su uso, y el sector rural dominado por latifundistas y ganaderos, el punto de la mayor discordia no solo dentro del Centro Democrático, sino en la campaña presidencial. Este es solo el primer campanazo de lo que se debería dar: un muy serio debate sobre un tema crucial como lo es la política de Desarrollo Rural, es decir, el primer punto del Acuerdo Final.

Más aún, vuelven y juegan los acuerdos de La Habana como elemento de discordia en la coyuntura del país. Este punto puede ser el gran dolor de cabeza para Iván Duque en la campaña, porque si afirma lo que quiere el Centro Democrático, que es destrozarlo, le puede caer encima más de medio país que desde antes o ahora cree en su bondad. Si por lo contrario, apoya el Acuerdo, ya se sabe lo que pasaría. ¿Saldría de nuevo Uribe a salvarlo como el Chapulín Colorado? Difícil.

No es nada fácil el dilema que enfrenta Iván Duque y ya debe estar sintiendo pasos de animal grande. Nada envidiable su situación como ya lo han dicho muchos analistas, porque manejar estas contradicciones es un ejercicio de equilibrista tan complejo que es difícil predecir su resultado.

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