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Metrópolis

Abrazos de reconciliación en la Cárcel Rodrigo de Bastidas

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Álvaro Mejía Sánchez

En el interior de la Cárcel Rodrigo de Bastidas se llevó a cabo la ceremonia de graduación, de un grupo de reclusos que realizaron el curso de resocialización para aplicar principios de justicia restauradora, llevado a cabo bajo el programa el árbol de Sicomoro realizado por la confraternidad carcelaria de Colombia, una organización que lleva más de 30 años llevando la palabra de Dios a las cárceles a lo largo y ancho del país.

En la ceremonia de graduación se le entregaron diplomas a 44 los reclusos que pasaron de manera satisfactoria este taller, el cual busca integrar procesos de reconciliación entre víctimas y victimarios, con el fin de entregarle a la sociedad seres humanos restaurados y con la reintegrados a la sociedad.

Otro objetivo que tienen estos procesos de perdón, impulsados por la confraternidad, es evitar que los familiares de la victima cobren venganza del victimario, hecho que tiene una mayor incidencia de la que se tiene conocimiento, tal como lo reconoce Germán Roldán, miembro de la confraternidad carcelaria de Colombia.

“Se ha observado que el detenido puede estar en la cárcel 10 o 15 años y al salir los familiares de las personas agredidas la mayoría de las veces cobran venganza, este programa pretende que no se siga presentando esa situación”. Afirma el señor Roldán.

Entre los testimonios que recuerda está el de una persona en la ciudad de Barranquilla que le disparó a otra dejándola cuadripléjica, luego de ese proceso de perdón, la persona que hizo el daño ahora es la que cuida a su victimario.

El programa aunque se viene realizando en Colombia hace muchos años, solo hace tres meses se empezó a implementar en la ciudad de Santa Marta, cabe indicar que el programa está avalado por el Inpec.

TESTIMONIO DE TRANSFORMACIÓN

Entre quienes han recibido este grado simbólico, se encuentra Alexander Salazar Bravo, que llegó a la cárcel Rodrigo de Bastidas en el año 2009 procedente de la ciudad de Barranquilla, pero que lleva 16 años privado de la libertad. Alexander dice que fue en la cárcel de mediana seguridad de Valledupar en la que conoció del Señor y haber transformado su vida.

Su llegada a prisión se produjo luego de pertenecer a las autodefensas unidad de Colombia, en los tiempos de ´Jorge 40´, Alexander reconoce que asesino personas pero manifiesta estar arrepentido, “hacíamos cosas tremendas”, confiesa al momento de preguntarle acerca de su pasado.

Dentro de la experiencia que ha tenido en este programa de restauración, cuenta que un hombre al cual él le había asesinado a su hermano, lo perdonó y, según sus palabras “para la honra y gloria de Dios, me lo gané para Cristo”.

Salazar dice que a pesar de sus errores y de que en su pasado le quitó la vida a algunas personas, es una nueva creatura, además afirma que gracias al testimonio que verán los familiares de sus víctimas, muchos lo van a perdonar. Dice que aunque tuvo temor de lo que le pudiera pasar algo a su salida, ese temor ya pasó.

La ceremonia termina y de a poco los reclusos vuelven a su rutina, esa que deben realizar detrás de las rejas, en las cuales cayeron gracias a las malas decisiones que tomaron o por culpa de la falta de posibilidades que la vida les dio. El hecho es que, gracias a ceremonias y programas impulsados por organizaciones sin ánimo de lucro, muchos de los presos de la cárcel Rodrigo de Bastidas tienen la posibilidad de encontrar una nueva posibilidad de integrarse de forma paulatina a procesos de restauración y de perdón, que no cada día más necesarios en el país.

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