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Visita al ‘cinturón de la Sierra’

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Edwin Danilo Rico Sánchez

Llegar a la vereda Las Nieves, en la Sierra Nevada de Santa Marta, sí que es toda una travesía. Fueron más de dos horas de trayecto en carro desde la parte alta del corregimiento de Minca, hoy capital de la naturaleza de esta ciudad.
En esa verada, nos recibió Carlos Cárdenas, campesino de toda la vida, samario igual que cualquier nacido en el San Juan de Dios. Su acento es muy neutral y se podría decir que se escucha más inclinado al interior del país que a esta zona costera. Tiene 65 años, cuatro hijos y 11 nietos.

En su finca vive con uno de sus hijos, su yerna y dos de sus nietos. Royer de siete años y Dylan de cuatro. El recibimiento fue con un café, suave de amargura, ese que les ha dado reconocimiento al café de la Sierra como uno de los mejores del país.

A mil 500 metros sobre el nivel del mar (msnm), se encuentra el terreno de este agricultor. Tienen alrededor de 12 productos sembrados, entre los que se encuentran; la yuca, el plátano, el cilantro, tomate, maíz, entre otros. Sus padres son colonizadores de esas tierras. Es heredero de toda la riqueza, no material pero es la que identifica a los campesinos colombianos que a diario trabajan arduamente para cumplir con sus labores y conservar ese legado cultural tras generaciones.

“El campesinado se aprende desde el vientre de la madre, porque en el campo todos se involucran de cierto modo, la mama desgranando el maíz, el frijol, pelando la yuca y siempre se está hablando del tema. Desde ahí el niño aprende detalles del proceso de la agricultura a muy temprana edad. Por ejemplo Dylan, se amarra el machete y a veces hasta para el colegio se lo lleva”: dice Don Carlos.

Es sorprendente ver como un menor identifica su territorio y desde ya lo siente suyo, es el caso de Dylan y Royer, en especial el primero. El menor de estos dos hermanos es muy hiperactivo e inteligente, desde ya tiene claro lo que heredará, “muchas veces lo traigo y él pregunta y quiere hacer lo que hago, juega a ser adulto”: menciona el campesino.

Las montañas rocosas son testigos de la exuberancia del paisaje y la abundancia de la fauna y flora que rodea nuestra Sierra. El agua que corre por las piedras es tan fría como el hielo. En esos momentos entiendes porque Santa Marta tiene “la magia de tenerlo todo”, y no es para menos, a solo unas horas del majestuoso mar, de temperaturas que llegan hasta los 35°c, encuentras un paraíso de menos de 20°c.

Para los agricultores de la Sierra Nevada, siempre ha sido difícil la comercialización de los productos que cultivan, compiten con una gran industria y con el mercado del rebusque, el del peso a peso. La Sierra vuelve a sembrar es un proyecto liderado por la alcaldía Distrital de Santa Marta que está reactivando la economía de cerca de mil 600 campesinos de Guachaca, Buritaca y Minca. La iniciativa permite que los campesinos puedan vender lo cultivado desde la puerta de su finca a un precio justo y con asesorías profesionales que les ayudan a mejorar la calidad de los productos y así obtener mayores ganancias.

“Es un proyecto que consiste en la comercialización del 100% de los productos, además se le da la asistencia técnica agrícola y pecuaria totalmente gratis. La idea surge de las falencias en el sector agropecuario, no solo en Santa Marta, si no a nivel nacional por la falta de la comercialización”, asegura Rafael De Lavalle, subsecretario de Desarrollo Rural del Distrito.

Con esto se les asegura la compra de todo lo que cultiven. Anteriormente trasladar un producto hasta el mercado generaba un gasto casi del 50% de lo que costaba el alimento, a eso se le suma la negociación que tenían que hacer en el mercado de Santa Marta que no era nada justa, pero finalmente se resignaban a recibir los pocos pesos porque ya habían tenido gastos bajando y tenían que conseguir los pasajes para el regreso.

El proyecto inició en el 2016 y a la fecha ha logrado impactar positivamente. “Hasta el momento hemos comercializado alrededor de 800 toneladas de diversos productos como lo son: el aguacate, la ahuyama, el maíz, entre otros. La sierra nevada por su posición nos permite sembrar muchos cultivos y diversificación de alimentos”: comenta el subsecretario de Desarrollo Rural.

Con las asesorías brindadas, se mejora la calidad de los alimentos y se estudian los terrenos convenientes para cada producto. Don Carlos agradece al proyecto que lleva más de un año porque reconoce que necesitan de un apoyo para que los campesinos puedan seguir cultivando y que se promueva el campesinado en la Sierra. “Es el único proyecto en Colombia que promueve el campesinado”: dice De Lavalle.

“Estamos en el cinturón de la Sierra, es el lugar ideal para los cultivos, en especial de café”: cuenta Don Carlos, además nos comprobó lo dicho con dos mil matas que tienen en sus cultivos y que alcanza para más de media hectárea de cultivo de café.

Héctor, es hijo de Don Carlos y acompañante de los fríos e intensos días que se viven en la vereda. Sus otros tres hijos viven en la ciudad y en las vacaciones de suben a visitarlo, dice no culparlos de abandonar su hogar porque la sociedad los obliga a dejar sus raíces. Sin embargo cada vez que lo visitan incentiva mucho a sus nietos para que no pierdan sus costumbres.

No ha sido fácil porque son familias inmersas en el campo. Muchos de ellos fueron víctimas del conflicto armado, desmovilización de tierras y demás, hechos que por muchos años los azotó y algunos casos vieron perder familiares en medio de la guerra. No es caso de la familia Cárdenas pero sí reconocen que esos tiempos han cambiado y que es el momento de fomentar el campesinado en las generaciones que vienen para que se pueda conservar los conocimientos del campo al pasar los años.

Este apasionado campesino teme a que con el tiempo se pierda todo por lo que ha trabajado, no culpa las nuevas tecnologías pero si asegura que han quitado mucho espacio al aprendizaje y a los momentos de familia.

“A mí me preocupa un tema, dentro de nuestra cultura y condición de campesinos, se nos ha perdido un eslabón, el de transmitir conocimiento. Ubico nuestra labor como la más importante en Colombia, porque ahí está la materia prima de todo lo que se consume y el campesino tiene esa gran responsabilidad. No siempre se gasta el tiempo necesario para decirle al niño como se hacen las cosas. Yo todavía tengo esa riqueza entorno a la familia, siempre están dispuestos a querer aprender” comenta el habitante de Vista Nieves, vereda de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La responsabilidad es de todos, de los campesinos al cultivar y el compromiso de los ciudadanos de elegir un producto que promueva el campesinado del país. Miles de ellos a diario se esfuerzan por producir para crear empresa y familia. Somos un complemento de la sociedad productiva, una cadena que necesita de todos para poder funcionar.

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