Metrópolis
500 veces más verde
Por: Geografía Urbana S.A.S
Santa Marta comienza en los glaciares de la Sierra Nevada y termina en el Caribe, pero en la ciudad que conocemos y habitamos parece mentira este hecho trascendental. Nos hemos a acostumbrado a una ciudad pequeña y pobre que no tiene en cuenta sus mayores atractivos económicos, ecológicos y culturales a la hora de los planes a futuro. El mar y la sierra son un capital demasiado poderoso para seguirlo ignorando.
Por eso resulta tan feliz y sorprendente este nuevo POT 500 que se discute. Porque hace planes reales con todo el territorio para beneficio de los habitantes de la ciudad. Planes ejecutables a corto plazo que serán definitivos para posicionar a “nuestra samaria”, como el destino más atractivo del Caribe colombiano y, quizás, del Caribe en general. Tenemos todo “y más” para ser competencia directa de la Riviera Maya en México.
El camino del jaguar
Este Plan de Ordenamiento Territorial quiere restablecer los vínculos rotos entre la Sierra y el mar Caribe, para poder explotarlos de manera sostenible, de tal suerte que Santa Marta pueda ser posicionada como el destino más eco-amigable de Colombia. Parece increíble que sea un plan que tenga mapas exactos de la ruta del jaguar, ese mítico animal considerado por los pueblos originarios como una deidad benefactora y dadora de vida, tan potente como la anaconda para los pueblos del Amazonas. Preservar el hábitat natural del jaguar, es garantizar la vida en todas sus dimensiones para los que tenemos el honor de habitar este territorio y quienes tienen el placer de venir a visitar una versión mejorada del paraíso. Que existan jaguares en la Sierra de Santa Marta hará posible la conservación y existencia del caimán aguja en los manglares, las lagunas costeras, los bosques efímeros secos, las corrientes frías de aire, el bienestar de los ríos que nacen en la Sierra y descargan su gracia en el mar Caribe que, a su vez, sin duda, se verá renovado por tanta explosión de vida.
Las playas del batallón
De la misma manera que se planea proteger el camino del jaguar, se planea recuperar y proteger algunas playas que muchos habitantes de Santa Marta desconocen. La idea del POT 500 es prolongar el camellón hacia el sur, hasta la playa de Los Cocos, y recuperar para el público las playas de San Fernando y playa Lipe, así como la playa de La Cueva y la de Santo Cristo. Para lograrlo será necesario la reubicación del batallón Córdova y el club San Fernando. Sin duda un traslado necesario que la ciudad está pidiendo a gritos desde hace años, pero que se ha hecho prioritario desde la explosión de la armería en septiembre de 2017.
Playa Lipe tiene casi un kilómetro de arena blanca que baja desde la montaña y parece un rodadero, como aquel mítico y desaparecido rodadero de arena que hizo famoso el balneario del mismo nombre en los años sesenta. La idea es garantizar el desarrollo turístico programado y respetuoso con el medio ambiente, y de esta manera evitar la urbanización descontrolada sobre la que es, quizás, la playa más virgen de Colombia a escasos quinientos metros de una ciudad tan grande. Lipe es una playa hermosa que solo unos cuantos han tenido el placer de conocer. En todo el extremo sur de la playa, por ejemplo, se forma un jacuzzi natural, como la piscina natural que se forma al interior de isla Pelícano, que está frente a El Rodadero. Con la recuperación de las playas de San Fernando y Lipe, también se recuperará para el público en general el fuerte de San Fernando, uno de los dos sobrevivientes de las fortificaciones coloniales que protegían a la ciudad de los ataques piratas.
En playa Lipe se podrían construir hoteles, siempre y cuando respeten el valor ecológico de las faldas del cerro como una conexión umbilical que garantiza la vida tanto en el mar como en la Sierra; o permitir la construcción de un moderno Centro de Convenciones de cara al mar que, de paso, sirva para promover a esta nueva Santa Marta.
Con una infraestructura liviana y amigable, se logrará la conexión ecológica de todos estos actores ecosistémicos, desde el cerro del Ziruma hasta playa Lipe, y desde la bahía de El Rodadero hasta la bahía de Santa Marta, pasando por playas históricamente abandonadas por distintas razones, como Inca-Inca, playa del Amor, Santo Cristo y La Cueva.
El POT 500 está hecho para que tengamos una ciudad más sostenible, más amigable con los samarios y con los visitantes, algo que sin duda hará crecer aún más el orgullo samario que viene en ascenso desde hace siete años. Lo que hemos descubierto en los últimos tiempos, que se fortalece en este POT 500, es que Santa Marta es un enclave único en el Caribe por su diversidad biológica, ambiental, cultural y étnica, que son los verdaderos capitales para tener una industria turística próspera y responsable.
Depende de nosotros


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