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Empoderarnos importa

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Cuando de empoderarnos hablamos, me refiero a hacerse dueño de algo, ocuparlo, ponerlo bajo su poder, hacerse poderoso, fuerte, prevenirse de poder o de fuerza, dar/otorgar poder, proceso, producto, enfoque o fin que tiene implicaciones a nivel individual, organizacional, político, sicológico, económico y espiritual. Tiene valor por sí mismo y puede ser utilizado como un instrumento, al tiempo de ser entendido también como un proceso personal a través del cual el individuo toma el control sobre su vida o bien como un proceso político en el que se garantizan los derechos humanos y la justicia social. El Banco Mundial, lo refiere como “la libertad de elección y acción. Ello significa aumentar el control sobre los recursos y las decisiones que afectan a la vida del individuo. A medida que el individuo ejerce su capacidad de elección, aumenta el control sobre su vida (… ) Así pues el empoderamiento se define como la expansión de los recursos y capacidades…”

Es aunar, ligar nuestro hacer y nuestra mentalidad con el servicio que como ciudadanos bien y mejor podemos prestar a la sociedad, sin importar nuestro lugar ni grado de influencia en la misma. No se trata de prestar tal servicio a la autoridad como factor de dominio, sino desde nuestro quehacer, trabajo, profesión, oficio, estudio, desde nuestro elegir, dirigir, opinar sin que ello pueda descalificarnos o ser considerados como menores en la escala social, cuando lo que real y verdaderamente interesa es que los aportes que hagamos sirvan y sean en consecuencia parte activa y efectiva en la sociedad.

Es empoderarnos en la búsqueda y procura de cambios sustanciales y útiles transformaciones, aportar para marcar diferencias en la manera de hacer política, de combatir la tan galopante corrupción, en velar porque se utilice el poder en beneficio colectivo, que bien puede ser en influencia, proyección, tratamiento especial; y no contentarse con dadivas, coimas, regalos, presiones, fraudes, sobornos ni nepotismo, entre otras canongías; de allí la importancia de él cómo se realizan las cosas para marcar las diferencias.

Es claro que el mundo debe ser organizado de manera que todos ganemos, sin perdedores, como cuenta dan de ello las múltiples crisis y hechos vandálicos que a diario se registran en el planeta y que a las claras dan muestra evidente de descontento, cansancio, desconfianza y hastío; cuando lo que interesa en los tiempos que vivimos son ideas y ejecutorias que no tarden en concretarse, de hacerse realidad en provecho del tejido social; ideas que germinen y pronto se conviertan en fuerzas arrolladoras de avances y satisfacciones.

Aprendera ver y a vivir como en un templo sagrado para cuidarlo, que no destruirlo como hasta hoy hemos hecho. Oficiar como vigilantes planetarios y no como voraces consumidores de sus riquezas de vida que hemos desequilibrado irresponsablemente.

Empoderarnos desde el conocimiento y aunarlo con el crecimiento espiritual, con los valores, relacionarnos en sinergia entre nosotros y con todos los sistemas existentes. No se trata de hablar por hablar ni de pontificar, sino aprender todos de todos, trabajar de consumo, participar siempre, impulsar porque se atienda lo importante y urgente, actuar, nunca dejar que por nosotros opinen, estar al pendiente de cómo actúan y han actuado las personas y sus equipos que detentan el poder, como una guía importante para enderezar los rumbos y no contentarnos solo con lo que dicen sino ver lo que han hecho, lo que hacen y cómo lo han hecho. En el empoderamiento encontramos sin duda principio de solución a los uno y mil problemas que nos acaecen y afectan en alto grado, lo que lo hace además de conveniente, es necesario.
saulherrera.h@gmail.com Especializado en Gestión Pública

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