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Conflicto entre acción y responsabilidad

Opinión Caribe

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Cecilia López Montaño

La situación que hoy vive gran parte de la humanidad implica enfrentase a unas realidades que muchos no se imaginaron ni en sus peores sueños. Y si esto es cierto para el común de los mortales, la pesadilla es mucho mayor para quienes tienen responsabilidades públicas que nunca pensaron en campaña que les podía tocar manejar situaciones tan difíciles, tan complejas como las que están enfrentando. Quienes hemos tenido experiencia en el manejo de lo público y observamos de cerca lo que sucede tenemos que comenzar por aceptar que no manejamos nada comparable con los retos que hoy enfrentan nuestros mandatarios; pero aun así, sentimos la obligación de hacer respetuosos análisis que contribuyan mínimamente a ayudar a llevar la pesada carga que hoy enfrentan quienes tienen esas grandes responsabilidades.

Obviamente, el ciudadano del común espera acción por parte de nuestros mandatarios porque la situación mundial que conocemos minuto a minuto demuestra cómo las demoras en tomar decisiones causan muertes evitables. Por ello es inaceptable la lentitud en la toma de decisiones, que además, todos asumimos que están seriamente fundamentadas. Acción con improvisación es más peligroso que inacción, y por eso, el mejor aliado de estos líderes en estos momentos es la creación de grupos de análisis de crisis en los distintos niveles de gobierno, todos conformados por expertos que sobran en este país, de distintas tendencias, y en las áreas que requieren las decisiones más complejas y difíciles de aceptar por la ciudadanía. Ahora bien, el riesgo de cometer errores es inmenso por la naturaleza misma de esta pandemia, sin tratamiento ni vacuna conocidos, por la velocidad del contagio, y por la imposibilidad real de preparse debidamente ante este hecho sin precedentes. En esto debemos ser realistas todos, inclusive los más críticos.

Algo muy interesante está sucediendo en Colombia, y en vez de ignorarlo, el gobierno debe usarlo: el despertar de la academia que está trabajando motu proprio en encontrar alternativas para resolver la situación de indefensión en que se encuentran no solo los pobres, 27% de la población para los cuales existen apoyos aunque insuficientes del Estado, sino al grupo mayoritario de población vulnerable, 39%, al que se suman los migrantes venezolanos y aun trabajadores formales que no pueden hacer teletrabajo y a los que les cancelarán los contratos laborales por «justa causa». Sin duda, el tema más urgente en esta crisis. Además, ¿alguien ha pensado en los que tienen Ordenes de Prestación de Servicio (OPS), mayoritarios aun en el gobierno, a quienes posiblemente no les reanudarán esos contratos? Los gobiernos deberían entonces abrir las puertas en sus comités de crisis para que estos expertos, que quieren y pueden ayudar, unan esfuerzos en favor de todos los colombianos en distintos niveles del Estado.

Pero la acción debe fusionarse con la responsabilidad. Es verdad que muchos economistas carecen de sensibilidad social y que muchos políticos ignoran principios fundamentales de la economía. Lo que esta dura experiencia demuestra es que por más ortodoxos que sean los tecnócratas tienen claro que la gente es prioridad, y por eso, todos apoyan el confinamiento y estudian soluciones para evitar una crisis social. La responsabilidad preocupa porque lo que da popularidad se puede devolver cómo un bumerang cuando se derrumben los pilares de la economía. Por favor, dignatarios, no se precipiten y pidan opiniones a los que saben más cómo funcionan los distintos sectores económicos. Por ejemplo, claro que es hora de evitar excesos de entidades como los bancos, las empresas, y muchos otros que actúan en distintos sectores financieros y productivos, pero de ahí a fomentar agresividad en su contra es irresponsable porque ellos manejan la plata de muchos de nosotros.

No es nada fácil combinar la absoluta imprescindible acción con la responsabilidad; y la única forma de minimizar los costos de errores es tener un equipo de asesores de muy alto nivel que estén dispuestos a trabajar sin remuneración. Solo así se puede estar seguro de minimizar la contradicción que con frecuencia se presenta entre la angustia de actuar y la necesidad de no equivocarse en materia grave.

 

Contato:

Cecilia López Montaño

Tabio, marzo 25 de 2020

E-mail cecilia@cecilialopez.com

www.ccilialopezcree.com

www.cecilialopez.com

 

 

 

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