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Cuanto todo esto pase…

Opinión Caribe

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ricardo villa

Por Ricardo Villa Sánchez 

Nunca antes en nuestro tiempo de vida, habíamos tenido que sortear una coyuntura de aislamiento social como este. Alejados de la cotidianeidad, con un cambio en nuestro estilo de vida, en medio del temor a contagiarnos o de perder a alguno de los nuestros, y recibiendo una montonera de información que parece, aún no somos capaces de digerir. Pero, en este momento, en el que no valen los cálculos políticos, podemos acordar una tregua por la vida, un cambio de paradigma.

Las pandemias, uno de los actuales dilemas de la humanidad. Pero, no el único. Ésta, ha puesto al desnudo, lo que llama Naomi Klein: el capitalismo del desastre. Puede que sea el resultado o la causa. Puede que este sistema esté contagiado y en cuidados intensivos. O puede que tenga su propio ave fénix. Es importante que seamos reflexivos sobre lo que se viene cuando todo esto pase. Ojalá, este periodo de riesgo, sirva de espacio de reflexión para que luchemos por dejar atrás un sistema antiético basado en el egoísmo, la envidia, la ambición y la avaricia, y lo cambiemos por uno basado en la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua y la unión. Entre todos podríamos pensar en un Plan Marshall planetario.

Cuando todo esto pase, no podemos caer en la trampa de repetir los mismos errores. Entre todos podemos salir adelante, dejando a un lado a los vampiros inmortales del capitalismo salvaje que a todo le sacarán rentabilidad o a los Egobiernos, con cálculos políticos basados en la imagen, encuestas y prebendas y no en la gente, para buscar espacios de consenso que se constituyan en patrimonio de la humanidad, como que la salud pública, la seguridad alimentaria, son un derecho para todos, que esto haga parte de una ciudadanía global; asimismo, que las respuestas científicas a una pandemia que amenace a la especie humana, no se puedan patentar y sean gratuitas para la gente.

El amor es más fuerte a cualquier virus, a cualquier calamidad. Es el momento de hilar redes de solidaridad y de afecto. Es el tiempo del cuidado de nuestra casa común, o de remar juntos, en la misma barca, como nos anunció el Papa, en su bendición Urbit et urbi; es el tiempo de la convivencia con la naturaleza. Es la vida, lo que nos une. Podamos vivir el día a día, con alegría, con esfuerzo, con una renta básica ciudadana universal, con un Estado bienestar que nos proteja, con tiempo para parar el mundo, para vivir con lo necesario, para disfrutar de la familia, para querernos a nosotros mismos. Disfrutar de lo prosaico, de lo sublime; sin perder de vista el sentido común y la razón de vivir. Aprovechar las cosas sencillas de la vida, los pequeños detalles. Los instantes de júbilo, el arte, la compañía de la gente y de la soledad. A Caminar por el sendero de la felicidad. 

Cuando esto pase, comprendamos que no somos cosas y tratemos de desarmar el lenguaje en los espacios sociales. Ojalá haya más pluralismo, credibilidad y equilibrio informativo. Haya más debate público, control social, Paz con justicia social, y más democracia. Cuando todo esto pase podamos ser conscientes de nuestras propias limitaciones, capaces de pensar por nosotros mismos, de ponernos en el lugar del otro, de tomar nuestras propias decisiones. Podamos supervivir en condiciones hostiles, como lo hacían los seres humanos en los primeros tiempos. Comprendamos que los lazos de afecto hay que consolidarlos. Hay que volver a dialogar en persona, a darle tiempo al tiempo, a pasar momentos juntos; a saber: ¿qué es lo urgente?, ¿qué es lo importante?, ¿qué es lo necesario’ Hay que aprender a despedirse, a aceptar la muerte. Carpediem, poetas vivos. Ojalá cuando todo esto pase, sepamos que sobrevivir a cada día con una sonrisa es una victoria. Que apreciar cada instante, nos hace grandes, que se puede dormir toda la noche y despertar como nuevo, que cada ser humano debe nacer con un pan bajo el brazo y que mientras haya amor, nunca nos faltará aire.  

 

Contacto:

Por Ricardo Villa Sánchez 

@rvillasanchez

 

 

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