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Columnistas

La sala gana su lugar

Opinión Caribe

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Por: Rafael Castañeda Amashta

 

La empresa investigadora de medios de comunicación, Kantar Ibope Media, realizó el estudio “Tendencia en medios durante la coyuntura del Covid-19”, donde reveló que los colombianos están viendo más televisión durante las semanas de confinamiento, que los meses anteriores. En el caso mío, confirmo dicha aseveración expresada en dicho informe, ya que ha sido una de las actividades que para distraerme, más he realizado durante el aislamiento preventivo obligatorio.

De tal manera, viendo televisión con mi esposa e hijos, recordaba mi niñez, cuando con mis padres y hermanos, hacíamos la misma actividad en mi pueblo natal. En ese entonces, el aparato que reproducía la señal, era un televisor pequeño, de color amarillo, pero con imagen en blanco y negro, con una pantalla de 25” aproximadamente, que tenía dos botones o perillas. Uno era para sintonizar los únicos dos canales que ofrecían para esa época. La otra perilla decía UHF y a la fecha actual, no sé para que lo tenía ya que nunca lo usamos. El televisor no tenía control remoto, por lo que cada vez que daban comerciales en uno de los canales, había que levantarse de la silla para ver el programa del otro canal. Cuando calculábamos que ya habían terminado los comerciales, nuevamente había que levantarse para girar la perilla del televisor y dejar el programa que originalmente veíamos.

De esa manera aprendimos a concertar, a ponernos de acuerdo y a negociar entre nosotros, para delegar a la persona encargada de cambiar el canal del televisor.

No había televisor en los cuartos. Era el único y estaba ubicado en la sala de mi casa, sobre una mesa redonda. Cuando la señal no era buena y se distorsionaba la imagen, movíamos una antena portátil que tenía el televisor. Había que hacerlo con mucho cuidado y sin mucha fuerza, para que no se partiera.

Mi hermana era mi inseparable compañera, con la que juntos, compartíamos esa experiencia y disfrutábamos de las pocas alternativas que nos ofrecían los dos canales existentes. Recuerdo que no dejábamos de ver programas como: El Chavo del 8, Yo y Tu, El Show de Jimmy, Animalandia, Naturalia, El Show de las estrellas, Los Picapiedras.

Esos momentos marcaron mi infancia. Eran espacios de reunión familiar, que se convirtieron en el corazón del hogar, donde aprendimos a compartir y a respetar los gustos de los demás, en un ambiente amoroso. Esos bellos recuerdos son el más vivo de mis tesoros.

Cuando mi esposa y yo nos casamos, decidimos no instalar televisores en nuestra habitación, ni en la de nuestros hijos, para evitar aislamientos y tener con ellos una mejor comunicación. Queríamos evitarle alteraciones del sueño, obesidad y también promover actividades más saludables y un mejor rendimiento escolar. Hoy, el único televisor que está en nuestra casa, también se encuentra en la sala. A pesar que en algunos momentos, nos sentimos “chapados a la antigua”, esa decisión todavía se mantiene.

Cuando nos reunimos con amigos, frecuentemente escuchamos las quejas de los padres, porque sus hijos, a cada rato están pegados a la televisión y porque le notaban retrasos en el desarrollo sicomotor, además de la disminución de atención hacia ellos. A esa altura de la conversación, mi esposa y yo cruzábamos miradas y apreciábamos el brillo en nuestros ojos, que reflejaba satisfacción y alivio. Este tipo de comentarios, era para nosotros, un indicativo de que íbamos bien en la crianza de nuestros hijos.

Las relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio, influyen de manera decisiva en nuestra personalidad. Es por esto que debemos tener tiempo de calidad para compartir con la pareja y con los hijos. Por la pandemia, parece el tiempo se ha detenido y con la necesidad de las personas de buscar entretenimiento, nuevamente la sala gana su lugar.

Con la diferencia, que esta vez mis reuniones con la familia, son frente a la pantalla gigante, de un televisor de última tecnología.

 

Twitter: @RafaelCastane

Facebook: Rafael Castañeda Amashta

 

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