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Columnistas

¿Qué pasa con el Camellón?

Opinión Caribe

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Por Víctor Rodríguez Fajardo

SANTA Marta tiene íconos que llevamos en nuestro ADN, el helado de Leche, El Unión Magdalena, el cayeye, el Pibe, el Morro, el Camellón. Con ellos celebramos y nos encontramos con la ciudad aun en nuestra ausencia. Con ellos podemos usar la frase “Mas samario que…”

Hoy quiero hablar del Camellón Rodrigo de Bastidas, es mucha la historia que contiene y punto de referencia para diferentes generaciones. Lo quiero hacer como samario que vivió la época de las casetas de playa donde uno llegaba con ropa de calle y se podía cambiar en una cabina, guardar en un casillero. De todas las que había, con mi familia éramos clientes del “señor José” quien nos atendía con agrado y grata recordación. En ese entonces, el servicio incluía arriendo de vestido de baño y de neumáticos para nadar. Eran otros tiempos.

También quiero escribir como arquitecto que ha visto los diferentes momentos de transformación del Camellón y que siendo alcalde Edgardo Vives, tuve la oportunidad de construir el sitio usado por los pescadores artesanales de la bahía, un proyecto financiado por Sociedad Portuaria. Recuerdo que, legalizado el contrato, con materiales en la obra comprados, con el anticipo, maestro de obra contratado junto con toda la cuadrilla de albañiles y ayudantes, cerramiento construido y trabajos que terceros debían hacer como las sillas, postes y faroles estábamos listos para iniciar… nos visitó la Dimar.

La visita lejos de ser social, fue para notificar parálisis de la obra porque faltaba el permiso de la Dimar, al estar el camellón en su jurisdicción. El contrato de construcción que firmé, le daba la responsabilidad a la alcaldía de entregar los permisos que eran necesarios. Comenzó el calvario. Pedir audiencia y tener la disponibilidad del alcalde tomó una semana. La administración no había tenido en cuenta ese permiso y me pidieron tiempo para gestionarlo. Pasaron 20 días, oficios iban y venían entre las entidades, y el permiso de la Dimar no aparecía.

Pedí cita con el alcalde, se pudo materializar 15 días después, en el despacho con secretario de obras públicas, algunos concejales, gerente del plan Centro Histórico, y por supuesto el alcalde dio la siguiente instrucción: “continua la obra, ellos quieren mandar más que el alcalde, y yo soy responsable de la cara de la ciudad. Dale, no se te olvide que necesitan de la policía para hacer un cierre de obra y yo soy el jefe de la policía, no pueden hacer nada.” Habían pasado 45 días con celador, madera para formaleta dañada, pérdidas considerables como contratista. No sé si al final el permiso de la Dimar se materializó, pero nunca más fueron a la obra. Eran otros tiempos, pudo ser una alcaldada, pudo ser imponer autoridad, pudo ser que por fin se entendieron entre las instituciones. El perjudicado directo, el contratista: la obra se financió con recursos de Sociedad Portuaria con cláusula “sin ningún reajuste”.

Hoy como un dejavú, hay un contratista que firmó contrato, ya no para ejecutar una esquina sino un plan integral de remodelación de nuestro Camellón Rodrigo de Bastidas, toda una obra que implica una gran inversión por arrancar. La ciudad ve hoy un cerramiento de ley en el perímetro a intervenir, maquinaria pesada, campamento, celaduría, ingenieros y arquitectos residentes, listos para iniciar. Conozco de primeara mano la empresa contratista, le antecede la ejecución de proyectos que son íconos y orgullo de Barranquilla: La Ventana al mundo, el Gran Malecón del Rio, La Ventana de Campeones y la sede donde se iba a organizar el evento del BID entre otros logros.

No hay duda, es una empresa con el músculo suficiente para atender este proyecto que debemos mirar con atención, es nuestra cara al mar Caribe. En otra oportunidad, analizaremos el planteamiento urbanístico que se ejecutará. En este momento queremos llamar la atención de los organismos del estado, ya el gobierno nacional habilitó a los contratistas de obras civiles para reiniciar labores, lo mismo sucede con los funcionarios que deben superar el trauma de modificación laboral a causa de la pandemia, vamos volviendo a la normalidad.

Señores Dimar, UDEP, Alcaldía de santa marta, a la ciudad le urge que despertemos rápido del encierro y que continuemos con el desarrollo que necesitamos. Las ciudades tienen un escenario de competencia y posicionamiento entre ellas para buscar nuevos inversionistas, es importante mostrar con orgullo lo que nos representa, en este caso, ¡nuestro Camellón!

Sabemos que la pandemia por Covid-19 nos obligó a cambiar nuestro ritmo de trabajo, pero es hora de reponer el tiempo perdido, una vez más, un contratista de los trabajos del Camellón Rodrigo de bastidas está frenado por el permiso que debe otorgar la Dimar, el desarrollo de la ciudad no se puede dilatar más por razones de burócratas. Hoy los samarios no vemos el mar, tenemos en su reemplazo láminas de zinc. Que salga el permiso, que terminen las obras y que avance el progreso… necesitamos reencontrarnos para disfrutar nuestro mar caribe y de los hermosos atardeceres en el Camellón.

 

 

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