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Política y gobierno

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Haciendo un análisis retrospectivo de situaciones en el departamento, debo concluir sin temor a equívocos, que no hemos contado con suerte en el Magdalena, hay que decirlo sin tapujos, respecto de contar en mucho con buenos gobernantes ni operadores políticos, que cuiden con esmero hasta el último detalle, que no dilapiden los recursos de todos, que nunca dejen cabos sueltos, que no vivan improvisando ni precipitándose, que modifiquen a su debido tiempo, midan las consecuencias, tengan cordura, respeten a sus subalternos, sean justos, generosos, sepan tratar a los demás, deleguen, posean don de gentes, sean afables, asertivos. Tengan voluntad política y decidan, sin lo cual la sola voluntad es algo simplemente inane. 

No hemos tenido, salvo las muy escasas excepciones por todos conocidas, gobernantes lo suficiente e integralmente inteligentes que hayan sabido rodearse y escoger en cuanto a sus colaboradores, servidores públicos inteligentes para cada caso en los varios tipos de inteligencia que existen y para las funciones que se les requieren, ya que nadie puede ser inteligente y mucho menos tan inteligente para todo. 

No podemos, y esto aplica para todos los efectos, seguir teniendo y aplaudiendo gobernantes con más instinto que inteligencia y más olfato que capacidad de análisis; y, si bien algunos han sido perseverantes y ello les ha hecho creer que les permite patente de corso para sobreestimarse lindando en lo soberbio, así como para menospreciar a las demás personas, han sido algunas de sus actitudes y decisiones preocupantes, incluso dañinas para sus propios gobiernos y lógicamente para el pueblo. 

No son dables gobernantes instintivamente humillantes en su trato, humillación que cuando parte de un hombre con poder, anega a toda la sociedad con funestas como nefastas consecuencias, sobre todo por cuanto lo mínimo que se espera de un gobernante es respeto por y para sus gobernados. No pueden ellos generar con tales actitudes más problemas de los normalmente existentes en toda unidad territorial, como tampoco descalificar consejas, propuestas, subestimar el tamaño de los problemas, generarse paranoias, ver conspiradores y conspiraciones donde no las hay y nunca las ha habido por inexistentes. 

Tampoco gobernantes que abran muchos frentes, no los resuelvan y antes todo lo complique. Ni que con sus respuestas traduzcan rencores, rencillas por dirimir, querellas pendientes, resentimientos, ni sientan al mundo como contraparte. No necesitamos gobernantes que carezcan de capacidad para convocar y lograr consensos. No vaya a ser, en detrimento de los superiores intereses colectivos, que cuando alguien con poder se le enfrente con decisión y determinación, termine cediendo en todo como suele acontecer. Ser un buen gobernante entraña mesura, sensatez, conocimiento a profundidad de la administración y lo administrativo público, tener soportados diagnóstico de las realidades y necesidades de su gente, así como propuestas viables y prácticas, lo mismo que saber y poder ir de las intenciones a los resultados de la mejor manera, lo que se ha denominado desde la ciencia política y académicamente, operación política. 

saulherrera.h@gmail.com – Abogado Especializado en Gestión Pública

 

 

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