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Vivimos un momento crítico
Por: Cecilia López Montaño
El gobierno del presidente Duque está pasando probablemente, por el momento más crítico de sus ya dos años de permanencia en el poder. El panorama no puede ser más desolador. La pandemia ha llegado a los niveles más altos de contagio concentrados especialmente en la capital del país, gracias a los cuales hoy ocupamos los primeros lugares en el mundo en términos del impacto del Covid-19 sobre la población. La estrategia del confinamiento más largo, seis meses, comparada con la de otros países de la región, probablemente es la explicación de que no haya una crisis en términos de las UCI, pero el inmenso impacto negativo sobre la economía ya es evidente con los altísimos costos que esto acarrea. Se agrega además el hecho de que esta pandemia sigue un curso acelerado, generando muchísima incertidumbre tanto entre quienes deben tomar decisiones en lo público y en lo privado, como entre la población en general.
Simultáneamente, ante el estupor de la sociedad, se ha dado un recrudecimiento de la violencia especialmente en el sur del país esta vez ensañada en los jóvenes, lo que demanda del Estado acciones concretas, rápidas y no excusas que solo están creando un profundo desconcierto y una sensación de abandono entre los habitantes de las zonas más afectadas por estos crímenes. Ante esta combinación de hechos gravísimos se ve a un gobierno, lento, distraído en otros temas y tratando de justificar hechos en vez de actuar como debería.
Obviamente son momentos muy difíciles donde el equipo de gobierno debería estar en la sala de crisis del Palacio de Nariño trabajando sin descanso en cómo abordar simultáneamente estos tres frentes a cuál más complejo. La pandemia en momentos críticos, lo mismo que la economía que está dando señales de profundo deterioro y además nada menos que el recrudecimiento de las masacres, no de homicidios colectivos. Se exige en estos momentos lo mejor de quienes tienen la responsabilidad de actuar. Pero no es lo que está sintiendo una gran mayoría del país que percibe a un gobierno rebuscando explicaciones en vez de estar planteado acciones concretas.
Una prueba de esta desubicación frente a la cruel realidad que enfrenta el país es la actitud y respuesta del presidente Duque ante la población de Samaniego, en su visita a esa población durante el fin de semana. Un pueblo adolorido le clama justicia, lo mínimo en medio del dolor de esta masacre que aun sin clara explicación y menos identificación de asesinos, acabó con la vida de seis jóvenes que celebraran su reencuentro. No solo en su recorrido por las calles no entendió el gobierno el mensaje de la población ni escuchó los clamores de justicia sino que les ofreció unas obritas, entre otras reparar el estadio.
A su vez, para justificar los injustificable, presentó el presidente unas comparaciones que demuestran la insistencia de seguir con el espejo retrovisor después de dos años de estar en el poder. Además con cifras de períodos distintos que no resisten el más mínimo análisis. No es esto lo que está clamando un país que en su mayoría está desconcertado, que se siente sin norte y que mira aun al gobierno esperando que reaccione frente al complejo momento que se vive.
El mensaje que quedó no solo entre los habitantes de Samaniego sino en el país entero, es que el gobierno no ha entendido la gravedad de la situación en que se encuentra el país. Menos aún, la infinita responsabilidad que tiene de reconocer la necesidad de cambios de dirección en cada uno de los tres frentes señalados; de entender que se debe buscar el rumbo de acciones que requieren un nuevo aire, y de aceptar que la violencia independientemente de su origen, sí es su responsabilidad constitucional. Tiene que entenderla, enfrentarla y plantear acciones reales y efectivas. Presidente Duque: Colombia vive actualmente un momento crítico que exige del gobierno que usted preside, su mayor esfuerzo. Y esto no se nota. ¿Será que es mejor aceptar de una vez que debemos perder la esperanza?

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