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Saber gobernar, algo muy serio

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

La administración pública demanda las mejores prácticas de un buen gobierno, en el que debe converger justicia, razón, verdad, contar con el mejor factor humano para adelantar eficaz y eficientemente las sustanciales tareas del bien común. Gobernar buscando en todo lo pertinente mayores y mejores destinos como departamento, pasando decididamente de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades; toda vez que un gobierno que soslaya el compromiso y la responsabilidad del buen gobierno está definitivamente errado, lo que lo hace irremediablemente fallido, inviable y desesperanzador.

Muchos temas, a pesar de apenas poco tiempo de esta nueva administración, han generado una serie de controversias que desgastan, cuando lo que se requiere es que haya un cambio de opinión con resultados ojalá vinculantes para todos, lo que no debe distraer la querencia general de un departamento que se desarrolle grandemente en áreas como salud, educación, turismo, agro, sectores generadores de sustanciales ingresos económicos. Interesa también para el departamento en ámbitos de progreso, infraestructura, fortalecer la integración social, demandar respuestas inmediatas, viables y eficientes a los grandes problemas que se tienen y deber es decidirlos favorablemente, al tiempo de evitar caer en ineficiencias y demás desvíos propiciados por la manipulación y la corrupción galopante afectando la tan necesaria estabilidad política.

Se impone igualmente visualizar los riesgos económicos, financieros y de política, muchas veces malogrados por la corrupción y manipulación, quedando pendiente expectativas sobre cómo ser en esto del manejo de la cosa pública más responsables, lo que demanda en sus administradores experiencia y capacidad, que avalarían cumplir ejemplarmente, recurriendo a la adopción de decisiones firmes y acertadas respuestas para los gobernados, paso importante para empezar a recuperar la confianza ciudadana; de ahí que corresponda a un buen gobierno generar oportunidades, ser justo, asegurar la convivencia pacífica, entender que de una u otra manera somos recipiendarios de una larga historia y que se tiene la responsabilidad de cuidarla y continuarla, en la certeza que en democracia a los gobernantes los elije, exige y cambia la gente, que hoy día clama para el Magdalena una transformación hermanada a acuerdos.

Deber es también continuar lo que se ha hecho bien, corregir lo que se hizo mal, hacer lo que no se supo o quiso hacer, mejorar la calidad de los servicios públicos, ser austeros, evaluar y hacerles seguimiento a las políticas públicas, priorizar, optimizar, corregir, convocar a todos los entes políticos y sociedad civil, superar la crisis de seguridad humana que arrastramos, adentrarnos en cambios ciertos respecto a la gobernanza de la educación para que sea más ágil, eficaz y eficiente, así como velar por la sostenibilidad y sustentabilidad medioambiental. Conducir dicha tarea es función gubernamental y deben nuestros mandatarios asumir este reto con conciencia y confianza, en la seguridad que de cumplirse lo cual, avanzaremos sustancialmente por los senderos mejores de lo próspero y deseable.

rubenceballos56@gmail.com – Jurista

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