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Diálogo de sordos

Opinión Caribe

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UPor: Cecilia López Montaño

Nadie en Colombia puede sentirse tranquilo en estos momentos. Hoy la explosión social a raíz del asesinato de Javier Contreras a mano de miembros de la policía, los 13 muertos y los cientos de heridos a bala llevó a la explosión social que vivimos la semana anterior. Una juventud duramente golpeada por la pandemia y ahora clara víctima en manos de miembros de la policía. Se agregan las razones que ya se tenían y que empezaban por la salud, la crisis de la economía, el recrudecimiento de la violencia, la desaparición creciente de la solidaridad, el odio como protagonista, y lo peor, un futuro incierto. En medio de estos momentos la ciudadanía en general no siente un liderazgo que le permita esperar soluciones. Esta dura combinación debe llevarnos a un diálogo que no sea de sordos como hasta ahora. 

A las preguntas de antes se suman las nuevas: cómo responder a las demandas que están en el fondo de la insatisfacción especialmente de la juventud del país que ha visto deteriorar sus condiciones de vida.

Sus perspectivas de un futuro mejor. En síntesis, como actuar frente al deterioro social y como lograr la recuperación de amplias masas de población que hoy caen en la pobreza y en la indigencia y que explotaron ante la carencia de alternativas reales. Este nuevo factor de inestabilidad social se da cuando no se han aclarado temas tales como el camino para volver a crecer porque nadie siente que de esta caída de la economía en este año, se llegue rápidamente a la recuperación como la visualiza el gobierno. Cómo salir de esta nueva ola de sangre y entrar realmente al posconflicto que visualice el camino a la paz.

Como reconciliar a esta sociedad tan fragmentada, tan llena de odio que impide la construcción de acuerdos básicos. Cómo defender a esta democracia imperfecta seriamente amenazada por la concentración del poder y el debilitamiento del sistema de pesos y contrapesos. En fin, como lograr que de esta crisis salgan las rutas para construir un país y sobre todo una sociedad mejor. 

El primero que tiene que enfrentar este reto es el Estado, hasta ahora muy ausente y con el agravante de que cuando aparece ofrece análisis poco convincentes. Se deben revivir los diálogos que ya venían desde muy distintos sectores del país. Es más, gracias al Zoom, Teamwier, Webex, Google y otros medios cuyo acceso nadie puede frenar, se han abierto canales de expresión que antes no existían y que deben reabrirse de nuevo. La academia ha salido claramente a analizar, evaluar, criticar y proponer estrategias a través de innumerables debates donde la palabra censura ni siquiera se piensa. Ahora se necesita su interpretación de los hechos de la semana anterior que aún no logran esclarecerse totalmente. 

Las nuevas realidades de una sociedad convulsionada exigen no seguir como hasta ahora, con diálogos de sordos.  Los empresarios se reunían solos; lo mismo los trabajadores; los gobiernistas solo se escuchaban a ellos mismos y e igualmente esto sucedía con aquellos que no comparten los lineamientos del gobierno actual. Era evidente que muy pocos cruzaban esas fronteras aparentemente invisibles pero reales porque la fractura social también ha cruzado el debate. Esto terminaba en diálogos de sordos que de nada le sirven a ninguno de los sectores en que se ha fracturado esta sociedad y menos aún al país. 

Si antes había una preocupación sobre cuál es ese factor de unión y dónde está ese vaso comunicante que permita un encuentro entre las diversas fuerzas activas de este país que piden a gritos salidas reales, hoy esa es la pregunta del millón. Sin embargo, esta explosión social de la cual no conocemos su ruta futura no puede dividir más a esta sociedad. Sin embargo para allá vamos. El gobierno se empeña en culpar a la guerrilla e ignorar los otros elementos que son evidentes, una juventud dolida y llena de problemas sin respuestas por parte del Estado. Se descalifica de entrada por parte de quienes deberían buscar un verdadero dialogo, la realidad de asesinatos como el de Javier Contreras y las muertes que van en aumento, hoy con una víctima más de ataques durante las manifestaciones de la semana anterior. 

Parecería que no hay liderazgo que pueda recoger esta bandera; el gobierno menos porque se siente alejado del momento que vive el país.  Esa distancia que existía entre el gobierno y el partido de gobierno y el resto del país se ha profundizado. Parece que solo discuten con quienes les son afines que definitivamente no es todo el país. Con todas estas realidades, el momento actual exige grandeza, liderazgo y diálogo. ¿Será mucho pedir? 

 

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