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Columnistas

Desorden que daña

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

El desorden es la manera incorrecta, según un criterio o una norma determinados, de estar dispuestas las cosas o las personas en el espacio o de sucederse los hechos en el tiempo, como también la situación o estado de confusión o de alteración de algo, especialmente del orden público o social, por lo que tenemos que decir que desordenado se encuentra actualmente nuestro departamento, culpa de un mandatario en quien debe centrarse la atención, la crítica y a quien debe hacérsele un llamado a la cordura y a la razón. 

Cada día es más evidente la insuficiencia de los programas oficiales, ninguno que apoye el potencial económico departamental para crear, producir, generar empleo, ni que aumente las expectativas de los mayormente desprotegidos. Nada que se reorientan nuestras finanzas, desarticulada está la seguridad y en aumento los índices de violencia y morbilidad, repuntados de manera preocupante, con los que de paso se echa por tierra el decir permanente y caballito de batalla que los causantes de lo cual fueron los de antes. 

Carecemos de buen rumbo como departamento, seguimos polarizados. Los que apoyan sin filtro alguno las incoherencias de los mandatarios de turno y quienes expresan sus reservas respecto al ningún avance que estamos experimentando. Tenemos un gobernante convencido e inmerso en absurdas terquedades y en utopías nada que ver que solo él cree y a nada conducen, sobre todo al persistir la urgente necesidad de rehabilitar nuestra economía, más que estancada y sin visos de mejoría. Camina la informalidad y al margen la creación de empleo formal. Nada que aparecen adecuados instrumentos financieros para incentivar producción y empleo. El desorden nos daña. Distraídos estamos en proyectos inadecuados, inviables, que frustrarán sin duda el querer de la población. 

Frente a todo lo cual, nada positivo desde luego, requeridos estamos de unidad, ya que marchamos hacia ninguna parte. No salimos de los graves aprietos sociales, económicos y culturales, que confirma la obstinación y rechazo oficial a la evidente realidad. Nada que existe un llamado a una acción coordinada entre quienes queremos un avance en la democracia para construir un departamento en el que las decisiones políticas sean fruto de verdaderos consensos, los cuales no son ni serán posibles y mucho menos probables cuando reina entre nosotros, autoritarismo, vanidad, prepotencia, populismo y demagogia. Llamadas están ciudadanía y comunidad a recurrir a acciones decididas para remediar este desorden en que nos encontramos y que este gobierno ha hecho de él su gallardete

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