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Salvemos el Centro Histórico de Santa Marta

Opinión Caribe

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Por: Jafet Hernandez

Santa Marta es, en muchos aspectos un diamante en bruto, una ciudad que por su privilegiada ubicación geográfica cuenta con mar y sierra, una variedad climática que le permitiría competir eficazmente en mercados internacionales con productos, como por ejemplo el café y en unos años cuando se regularice totalmente el cultivo recreacional o medicinal de cannabis, con seguridad santa marta y su sierra van a sobresalir, ya en el pasado lo hizo, no en vano en países como Estados Unidos, recuerdan con beneplácito a la “Santa Marta Golden”. Así mismo, su condición de puerto ofrece un canal de exportación cercano, haciendo atractivas inversiones.

Pero además de esto, Santa Marta es historia, gastronomía de primer nivel, turismo, playa, brisa y mar. Esta lista de atributos se conjuga en el Centro Histórico de la ciudad que, además es el paisaje físico que nos conecta con el territorio y su historia, Santa Marta camina a su quinto centenario de fundación, y su centro histórico es al mismo tiempo nostalgia por su pasado e incertidumbre en su futuro.

Los centros históricos como categoría urbana tomaron fuerza en el ámbito internacional, a partir de la expedición de la Recomendación relativa a la Salvaguardia de los Conjuntos Históricos o Tradicionales y su Función en la Vida Contemporánea, que tuvo lugar en La Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en su 19a reunión, celebrada en Nairobi, del 26 de octubre al 30 de noviembre de 1976.

Sin embargo,  es posible rastrear en distintos lugares del mundo, esfuerzos de preservación de edificaciones individuales, por razones históricas durante todo el siglo XIX, casi siempre, el objetivo de preservar y conservar casas o edificios, se debía a un especial significado que dicha edificación tenía respecto de la  población del lugar, y por lo general el esfuerzo inicial de preservarlo, provenía de la iniciativa de ciudadanos preocupados por conservar la historia para futuras generaciones. Ejemplo de esto, es la compra que en 1816 por gestión de una organización civil realizo la ciudad de filadelfia en los Estados Unidos del Independence Hall (Salón de la independencia), lugar donde se redacto y firmó la declaración de independencia de los Estados Unidos de Norte América.

En principio, los centros históricos y el interés de su conservación, residía exclusivamente en conservarlos en sentido estricto, es decir, protegerlos por su importancia histórica, con el objetivo de mantenerlos indemnes como un mero recordatorio de nuestro pasado, por si perdíamos el rumbo en el futuro. Pero posteriormente, con el desarrollo de la teoría urbana alrededor de dicha categoría, se empezaron a evidenciar características endémicas que propiciaban con la debida planificación la creación de cadenas económicas en algunos casos inclusive la creación de un cluster de turismo.

Los centros históricos más destacados en el mundo; Quito, Lima, la habana, ciudad de México, cuzco, entre otros,  han sido exitosos precisamente porque han sido gestionados adecuadamente y con una visión que trasciende, el preservar y conservar. Han construido cadenas de turismo efectivas, promoviendo eficazmente el atractivo turístico y cultural que refulge de sus centros históricos, integrándose eficazmente en la cadena de servicios turísticos que la ciudad ofrece, vendiendo la ciudad como una experiencia completa y haciendo de su centro histórico el principal atractivo, esta gestión cuando es eficaz, organizada y bien planificada deja millones de dólares en ganancias para la industria del turismo, quienes a su vez y vía tributo contribuyen a la conservación, preservación y promoción del Centro Histórico, manteniéndolo como un activo primordial en la economía de dichas ciudades.

En Colombia a mediados de la década del 2000, advirtiendo el éxito que alrededor del mundo estaban teniendo los centros históricos como categoría urbana regulada y protegida, el Gobierno Nacional, a través, del Ministerio de Cultura empezó a promover la reglamentación de centros históricos destacados en el País, dentro de los que por supuesto se encuentra Santa Marta.

El caso particular de nuestra ciudad, tuvo un aliado estratégico que permitió que el proyecto se desarrollara con mayor celeridad, el entonces vicepresidente Francisco Santos, apadrinó el proyecto del Centro Histórico y lo visitó en varias oportunidades, esto permitió que en el año 2005 se expidiera la Resolución 1800 de 2005 “Por la cual se establece el Plan Especial de Protección del Centro Histórico de Santa Marta” este instrumento permitió visionar y empezar a implementar el Plan del Centro Histórico, intervención en infraestructura, aumento de la peatonalización, recuperación de parques, calles, callejones, con el objetivo de destacar los puntos de interés históricos y turísticos del centro.

El plan iba mucho más allá del simple hecho de peatonalizar ciertas calles y recuperar algunos parques, su visión era posicionar al centro histórico de Santa Marta como el faro que atrajera el turismo y a partir de su buena gestión, la ciudad ofreciera una cadena turística, que posicionaría a Santa Marta, como un destino de talla mundial, el Centro Histórico iba a ser un polo de desarrollo, cuyo efecto impactaría positivamente la ciudad.

Lastimosamente el éxito del Plan especial de Protección del Centro Histórico de Santa Marta y su continua implementación, dependía en gran medida del decidido respaldo y acción de la institucionalidad de la ciudad, especialmente de la Alcaldía Distrital, respaldo y acción que ha estado ausente en los últimos 9 años, lo que ha producido como resultado que el Centro Histórico de Santa Marta, se encuentre sumido en proceso sistemático de deterioro.

Lo que aún se puede ver y disfrutar, se mantiene en pie únicamente por el decidido esfuerzo de pequeños empresarios del sector hotelero, restaurantes y discotecas y se circunscribe a un par de callejones y calles. La gran mayoría del territorio que comprende el Centro Histórico, se encuentra abandonado a su suerte, expuesto a procesos de deterioro físico, inexistencia de planificación urbana, criminalidad, informalidad, reversión de la peatonalización, en fin, atributos despreciables, que se alejan de la visión del Centro Histórico, como punto de atracción de turismo de primer nivel y alejan a Santa Marta de su siempre ansiado lugar en el turismo mundial.

Recientemente, algunos alcanzamos a entusiasmarnos con la creación del EDUS-Empresa Distrital de Desarrollo y Renovación urbano sostenible de Santa Marta, es el tipo de empresa o organismo especializado, con nombre pomposo que uno esperaría, retomara desde lo urbanístico temas de ciudad, tan importantes como el Centro Histórico y que desde su rango de acción pudiera liderar los esfuerzos institucionales y lograr una verdadera transformación urbana en Santa Marta.

Lastimosamente hasta ahora, hemos visto que su papel ha sido secundario, con una participación secundaria en algunas obras, sin dar aún las discusiones profundas que la problemática del Centro Histórico necesita y de esa forma por fin superar la condición de oportunidad perdida que hoy posee.

Entonces el llamado no es a la institucionalidad quien conoce de primera mano la situación y pese a ello ocupa un rol pasivo. El llamado es a los dolientes del centro, a los restaurantes, los hoteles, las discotecas, a los samarios de nacimiento y de adopción que queremos a la ciudad. La invitación es a organizarnos y autogestionar nuestro territorio, presionar a las autoridades competentes y salvar el centro histórico de Santa Marta.

 

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