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Columnistas

El deporte como objeto de arbitrariedades

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Enorme como indudable el valor del deporte y su aporte a la sociedad. Es tal su dimensión, hasta ser eco universal que no hay ninguna otra disciplina que tenga el poder de arrastrar y unir como el deporte, por lo que no debe por ningún motivo perder su peso como actividad formadora, ni ser llevado a la trampa de no valorar el camino y perseguir sola y únicamente el resultado, cayendo en aquello del fin justifica los medios.  

Tampoco ser utilizado estúpida, atrevida y arbitrariamente con fines políticos como nos está sucediendo en el departamento del Magdalena, donde sin mediar justificación alguna, avasallando toda una tradición, porqué si y porqué se le da la gana, se le ocurre al gobernador, en actitud más que provocadora y no sé si a sabiendas de la falta de mística ovalada de nuestros dirigentes, disfrazar por encima de todo y de todos con los colores de su enseña política, a los miembros de nuestras representaciones deportivas, sin que haya una voz de protesta, ni se siente precedente alguno de dirigentes deportivos y deportistas ante tamaña desfachatez que viola todo precepto y sirve al abusador para mostrarse omnímodo y hacerse notar intocable. 

Horror de horrores. Pero peor que lo cual nuestra pasividad que lleva a preguntarse hasta cuándo vamos a aguantar los desafueros, atropellos y sinrazones de quien pareciera no estar gobernando un departamento que merece se respeten sus insignias como corresponde. Tenemos por desgracia un gobernante que en su envanecimiento cree estar seducido por la gloria, la fama, el dinero, el éxito, y nos preguntamos igualmente a costa de qué. En esta sociedad que vivimos infortunadamente todo tiene un precio, pero al margen de lo cual nuestros principios y valores no solo no deben tenerlo, sino que no tendrían que estar en al vaivén de nada ni de nadie y menos de quien debe representarlos, salvo el caso, y es lo que parece, éste mandatario no tenga ni los unos ni los otros.  

Por esa enorme influencia del deporte y los deportistas en la sociedad, considero que hay que tener mucho cuidado en cómo proceder en sus lindes, pues debe ser gran canal de integración y cohesión social, más cuando es claro a todas luces que es real y verdaderamente eficaz si se utiliza de forma correcta; de lo contrario, nos encontraremos con absurdos como el que acaece en el departamento, donde quien está obligado a respetar sus símbolos ha destruido con espíritu revanchista todos los sentimientos de cooperación y solidaridad por haber concebido su “verraquera” como el estallido de su endiosamiento y ambición personal. 

El deporte debe y tiene que ser utilizado en todos los espacios sociales como elemento de cambio y transformación. En tal dirección, debe ser transmitido y utilizado adecuadamente para que tenga el impacto correcto, más cuando sabemos que es no solo una práctica del cuerpo, sino que potencia a las personas, estimula sus una y más capacidades y dimensiones, así como fortalece y dinamiza sus múltiples inteligencias, importantes todas en el cultivo y crecimiento de las relaciones humanas. Enseña a dominar y a canalizar emociones negativas y a expresar y a comunicar adecuadamente las de orden positivo.  

Es el deporte una actitud ante la vida. A través de él se estimulan transcendencia, disciplina, autocontrol. Se educa en el conocimiento y dominio mismo de quien lo práctica. Es escuela de los más nobles valores y virtudes, tales como lealtad, fraternidad, obediencia, espíritu de renuncia, fidelidad a los compromisos, modestia, generosidad, honestidad. Desarrolla carácter, valentía, desarrollo intelectual. Fortalece resistencia, voluntad y resiliencia; por lo que no puede permitirse que, de buenas a primera, de la noche a la mañana, cualquiera, sea quien fuere, lo utilice con fines protervos, lo que es, además de inadmisible, grosero e irrespetuoso con una comunidad que por siempre ha amado y defendido de manera enhiesta sus colores deportivos, que de la misma manera son los de su territorio y ello no puede tolerarse. Algo habrá que hacer sobre este especial particular. Los magdalenenses tienen la palabra, en la verdad que el deporte es escuela de vida que aporta valores que ayudan a conocerse a uno mismo y a crecer como persona, al tiempo de ser instrumento que ayuda a recorrer el camino de la vida de forma honesta, noble y auténtica, que es la verdadera victoria.

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