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Columnistas

Buscar y pactar consensos, bien nos haría

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

He considerado siempre que se avanza más rápido y mejor soportados en consensos, que en sentido general son los acuerdos o conformidades en algo, de todas las personas que pertenecen a una colectividad. Sociológicamente, el consenso social se refiere al acuerdo de pensamientos, sentimientos, y acciones que caracterizan a un grupo o sociedad determinada respecto a sus objetivos, funciones, premios, entre otros factores, lo que explica la importancia para la manutención y existencia del equilibrio social. Se utiliza para hacer referencia al acto mediante el cual varias partes llegan a un acuerdo que satisface a todos. Es parte importante de la vida en democracia, ya que supone que cualquier decisión debe ser aceptada por todos los integrantes de un grupo; de otra manera, hablando estaremos de algún tipo de autoritarismo que en nada beneficia armonía ni convivencia. 

Para entenderlo, importa señalar que la convivencia humana está organizada en torno a principios racionales, lo que hace que para muchas cosas de la vida diaria dos o más personas puedan ponerse de acuerdo sobre lo mejor y más adecuado de conformidad al entorno y contexto. Supone que las partes que participan en el fenómeno se ponen de acuerdo aceptando incluso aquellos elementos con los que no estén totalmente satisfechos pero que harán que se pueda llegar a un punto intermedio.

Puede estar presente el consenso en múltiples situaciones del día a día; sin embargo, en algunas situaciones de la vida política, es esencial llegar a transformar la realidad y realizar sobre ella cambios realmente útiles. Implica delinear metas, misiones, recomendaciones para llegar a cambios de paradigmas en lo que menester fuere, al tiempo que entraña colaborar para conseguir objetivos sociales, construir solidaridad, reformar la gobernanza en interés del bien común, plantearse la perspectiva de la obtención de utilidades del corto al largo plazo, fijarse ambiciosos esfuerzos colaborativos de largo aliento y complementarse con una adecuada cómo previa distribución y retribución del trabajo.

Se trata de canalizar energías, creatividad, esfuerzos a todos los niveles y de todas las partes, más cuando es claro, en aras de consolidaciones, que el Estado debe asumir un papel protagónico y articulador de los esfuerzos de todos; vale decir, sectores público y privado, organizaciones sociales y sindicales, academia, ciudadanía y comunidad en general, quienes deberán aportar en tal propósito cambios estructurales en sus costumbres, para asumir los retos que obligan la triple emergencia sanitaria, económica y social que aún padecemos, el cambio climático, el control a las inequidades y desigualdades, la polarización, que menoscaban en materia grave democracia, bienestar social, prosperidad integral, economía y por ende la calidad  de vida.