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Columnistas

Ni política, ni religión…

Opinión Caribe

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Por Carlos Enrique Martínez Caballero

 

Resulta incomprensible pero respetable, el criterio que mucha gente coloca como norma en los grupos de WhatsApp de familiares, amigos y conocidos «ni política, ni religión», aún más admirable cuando se reúnen las familias y no se puede hablar de estos temas tan trascendentales para la misma convivencia.

Sin embargo, se dice que la política es “la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados” o “actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o un país” y religión, “es un conjunto de creencias y costumbres fundamentadas en la divinidad con la capacidad de regir la vida de las personas que la siguen. Una religión, a través de su texto sagrado, establece sus principios morales y decide qué está bien, qué está mal y qué objetivos persigue”.

Entonces ¿si la religión y la política rigen la vida, porque somos tan indiferentes, apáticos o renuentes al tema? pregunta con múltiples respuestas, pero ninguna podrá ignorar la realidad de las dos corrientes.

Esa comportamiento podría estar justificado con la baja tolerancia, escases de argumentos para sostener una conversación, dejarse llevar por trivialidades y estrategias indirectas como memes, videos, escritos y audios, desinformación, la historia violenta alrededor de los temas (liberales y conservadores), creer que se tiene la única verdad, identidad cultural generacional, la radicalización además de la escasa educación, formación e información sobres estos temas y el poco dominio de lo que representa una democracia, además del corrupto comportamiento político.

Pero, si el Estado está organizado por pueblo, territorio y gobierno, siendo este último el administrador de los dos anteriores, entonces ¿por qué no comprender que debemos ser actores responsables en el manejo de nuestro presente y futuro? ¿De qué sirve tanta queja, crítica e indiferencia sobre el tema? es más conveniente asumir la responsabilidad individual otorgada por derecho constitucional para dirigir demócratamente el país.

Existen más o menos 4200 religiones en el mundo, predominando con el 31% el cristianismo, 24 % islamismo, 15 % hinduismo y 7 % el budismo, pero hasta donde sé sabe, Dios es solo uno y existe un solo libro sagrado conocido con diferentes nombres (Biblia, Corán, Tora, Vedas etc.) traducido en múltiples idiomas e interpretaciones, pero al final solo es uno y nos regimos por el, lógicamente exonerando a los no creyentes.

Digan lo que digan, según la revista The Economist, “entre 165 países del mundo el 50,7 % de ellos vive en una democracia plena” y las decisiones políticas gubernamentales afectan a sus ciudadanos, aun si viven en el socialismo, comunismo, monarquía,  totalitarismo, sistema parlamentario o presidencialista.

Crean o no en Dios, el mundo se mueve por las religiones donde las personas asumen y se doblegan a sus postulados, entonces ¿a qué se deberá la apatía? Ni política, ni religión.

“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)