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Editorial & Columnas

Del día de las elecciones espero

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Por: Rosa Daza

Se acerca el 29 de Mayo, el día más esperado de los últimos años por la mayoría de colombianos, y es que al día siguiente de la posesión presidencial de Ivan Duque (2018) muchos sin dudarlo auguramos un gobierno lleno de decisiones políticas impopulares y tendientes a proteger intereses de grupos sociales relacionados con su partido de gobierno..
Hay que decir en defensa de nuestro sr presidente que le tocó lidiar momentos históricos, no solo a nivel local o interno sino de índole mundial: una pandemia que requirió muchísimo de mandatarios preparados y diligentes, de determinaciones audaces, rápidas, acertadas y eficaces para afrontar todo aquello que socialmente, económicamente, políticamente, trajo consigo el flagelo del Covid-19.

y entonces nos pasó lo peor, se mezclaron la inexperiencia, un pésimo entorno y la mala suerte para convertir a Ivan Duque en el señalado como culpable de todas nuestras desgracias, el odiado hasta por su propio grupo político, ese que pasará a la historia como un desafortunado mandatario.
La difícil pero necesaria decisión de declarar la cuarentena obligatoria, la gestión diplomática -a mi modo de ver efectiva- para obtener vacunas cuando el mundo entero las requería, los grandes aportes a la regularización migratoria de los venezolanos en el país, fueron entre otros, actos de gobierno que poco le ha servido a nuestro mandatario para recuperar la confianza al menos de su electores.

Y es que nada de lo bueno que haya impulsado Ivan duque a lo largo de estos años ha frenado el inconformismo social y la terrible calificación que en las encuestas de favorablidad lo ha tenido como protagonista histórico con inclusive 18%, sin duda lo más bajo en los últimos tiempos.

Fue Ivan Duque quien con sus malas -o ajenas- decisiones al frente del país generó crisis sociales estructurales y el repunte del candidato de izquierda que hoy lidera las encuentras de intención de voto, y lo más doloroso, fue el mismo presidente quien terminó hundiendo al uribismo como pensamiento político mayoritario.

Ahora bien, en medio de esta guerra feroz por la presidencia de los próximos cuatro años, hemos conocido un Ivan Duque auténtico, bastante despegado de sus históricos defendidos y manejando un nivel de tranquilidad que parece haber transitado por algún un universo paralelo que ha hecho de él por fin un hombre políticamente cauto, y ¡bien que hace!.

Ojalá hubiese decidido en su oportunidad con mucha cautela resolver el estallido social ante la olvidable reforma tributaria que impulsó y sostuvo mientras el país se mataba en las calles con las fuerzas de seguridad del Estado.

Habría sido una aplaudible actitud que cautamente apoyara a los jóvenes en sus demandas de inversión presupuestal en el sistema educativo, pero no, nuestro -paradójicamente- joven presidente era desafiante, duro, inconciliable.

Del día de las elecciones espero paz, la que hoy maneja nuestro saliente presidente después de tres difíciles años. Espero tranquilidad, respeto por las garantías electorales, por la vida e integridad de nuestros candidatos, espero un normal ejercicio del sufragio y sobretodo, un presidente que dé un ejemplo positivo de fraternidad al menos, en sus últimos días.