Editorial & Columnas
Entre 1201 y 1400
Durante mi pregrado en la siempre luminosa Universidad del Magdalena fui un asiduo y voraz lector. Uno de mis lugares predilectos era la Biblioteca German Bula Meyer, allí consumí desde
temas jurídicos, pasando por filosofía, el boom latinoamericano y hasta monografías olvidadas en sus anaqueles. Ahí en ese recinto pude, por primera vez leer a Cortázar, conocí a Günter Grass y su tambor de hojalata, intenté por primera vez, sin éxito, leer los hermanos Karamazov, un poco ambicioso quizás, para un estudiante de pregrado, cuyos referentes literarios siempre fueron Julio
Verne y Daniel Defoe.
Fue en ese entorno por allá en el 2011-2012, cuando conocí por primera vez de la existencia de rankings universitarios internacionales, que clasificaban a las Universidades del Mundo en un orden consecutivo. En su momento me pareció un ejercicio muy pretencioso y propio de latitudes donde (pensaba yo) la gente decidía estudiar según un ranking, algo bastante gringo pensé y distante de las realidades de Colombia, donde estudiábamos donde podíamos y si podíamos. Reflexionaba de qué manera llegaban a conclusiones absolutas, siendo la Universidad un ente tan complejo, ahora imagínense valorar objetivamente miles de universidades, un misterio.
Me volví a encontrar con los dichosos rankings en el 2013 leyendo un libro que me habían regalado de Andrés Oppenheimer, un periodista/escritor argentino a quien referenciaba por un programa bastante light en el canal CNN, su libro si bien un poco ligero y sin mayor rigor científico hablaba con entusiasmo de la importancia de la educación y apelaba a los rankings para explicar las profundas desigualdades entre por ejemplo Latinoamérica y algunas partes de Europa y los estados unidos. Siempre he creído que la educación es la clave para que cualquier desarrollo sea
duradero, no hay herramienta mas poderosa para el cambio social que la Educación.
En ese entonces entusiasmado por esa lectura publiqué alguna que otra columna, en ese ejercicio y guiado más que todo por un sentido de curiosidad me puse a investigar mas y mas sobre los dichosos rankings, me sorprendió que existían múltiples el QS, el índice de Shanghái, el THE (Times Higher Education y que estos analizaban un sinfín de variables como la calidad de investigación, la proporción estudiantes-personal, proyecciones o perspectivas de graduación, etc.
Recuerdo que, al revisar estos rankings siempre bajaba apresuradamente en la pantalla de mi computador o activaba el comando Ctrl+G y buscaba Colombia, para ver qué Universidad del País,
aparecía en esos listados y podía darse el lujo de acompañar así fuera a la distancia a míticas Universidades como Oxford, Harvard, Cambridge, Yale y Salamanca. Revisé varios años y de
Colombia ocasionalmente surgía el nombre del Externado, los Andes, la Nacional, inclusive la Universidad del Norte, me preguntaba entonces varias cosas, por ejemplo, reflexionaba mitad en
serio, mitad en broma, ¿algún día estará la Universidad del Magdalena en alguno de esos listados?
Ese día finalmente llegó, aunque ya no soy estudiante, soy egresado y docente de la Unimag, me lleno de emoción y profundo orgullo conocer la noticia de que la Universidad del Magdalena entró
al ranking QS entre las posiciones 1201 y 1400, una posición lejana de las mejores del mundo, incluso lejana de las mejores de Latinoamérica, pero no por ello, se debe considerar un logro
menor, es sin duda, un importantísimo logro y un hito en la historia de la institución.
En la Universidad del Magdalena se vienen haciendo las cosas muy bien, hemos asistidos a una serie de ciclos de administración en los que se ha dado prelación a la visión de largo plazo de la
institución, se ha construido sobre la construido, con consistencia, sin disputas estériles. Hoy la Universidad goza de una refrendación de alta calidad y cuenta con muchos programas acreditados por alta calidad y por primera vez en su longeva historia hace parte de un selecto grupo. Los que siempre critican y se quejan por todo dirán, pero es que entre 1201 y 1400, eso es muy lejos no significa nada. A ellos les digo, pregúntense, simplemente pregúntense, donde estábamos ayer, donde estamos hoy, pero sobre todo piensen, donde puede estar la Universidad
mañana si continua esta senda.
A los estudiantes, a los docentes, a las directivas y al personal administrativo, a todos los que hacen Universidad, la quieren y la defienden. Este logro es de todos, Muchas felicitaciones.
