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Editorial & Columnas

Santa Marta y el Magdalena, lo más importante

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Requerimos para la ciudad y el departamento, dirigentes que piensen en grande, lo mismo que otros que por su inoperancia e ineficacia den un paso al costado, lo que sería plausible acto de responsabilidad. No necesitamos más personajes inanes en la política ni administración pública. Ellos, quienes íntimamente saben e igualmente nosotros, quienes son, deben anunciar su renuncia a seguir haciendo daño a nuestra ciudadanía y comunidad, lo que los reivindicaría, al menos en parte con la historia de nuestros pueblos, al tener ese rapto de honestidad.

Tener ellos el coraje y la responsabilidad, desde la contricción, de irrevocablemente no seguir insistiendo en llegar a las posiciones a hacer poco y nada. Repito, importa en mucho, personas que deseen para Santa Marta, el Magdalena, y para todos y cada uno de sus pobladores, un futuro de bienestar, progreso, desarrollo, crecimiento y prosperidad. Dirigentes cuya una de sus justificaciones sea una verdadera gestión pública o política, como razón fundamental de sus vidas, en la seguridad que encontrarán a gentes dispuestas a brindarles su colaboración y una y más veces reiteradas pruebas de confianza.

Interesan para el superior impulso de nuestros pueblos, dirigentes que correspondan a esa confianza con entrega absoluta, trabajo, dedicación, abnegación y generosidad. Que se mantengan identificados con las demandas y aspiraciones de la población. Estar siempre a su lado. Mantenerse siempre en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo, en la verdad que un dirigente o un político que pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades de la vida política de los territorios.

Conductores que lleguen a la política y administración pública para servir, anteponiendo el interés general al personal, y con una vocación de entrega como pocas, y no para ser obstáculo en el superior porvenir que anhelan, claman y reclaman nuestras sociedades, ávidas de una democracia de convivencia y una continuación para el desarrollo y su implementación.

Santa Marta y el Magdalena no se pueden hipotecar ni vender al mejor postor. Su vida diaria en convivencia pacífica y el bienestar de sus gentes; no tienen precio. Y cuando ello esté en peligro, debe pensarse siempre en los demás y no en sí mismo para mantenerse a toda costa en el poder. Es hora ya de ser territorios de cambio pacífico y sin traumas, demostrarnos y demostrar que es posible una arquitectura política y administrativa que nos lleve a consolidar integrales progresos sin generar traumas sociales. es aunar en ello mentes de bien, voluntades contrapuestas de verdaderos y reales representantes políticos, en la verdad que harán memoria en la historia por su alta responsabilidad, su dimensión y visión democrática, por su querer ciudadano, por su deber de saber responder con obligación moral de pensar en comunidad antes que en sus personas. Se trata ser referente con el ejemplo y nunca pretender escudarse en disfrazar la realidad, adecuarse a las conveniencias ni vanagloriándose de sí mismo. Santa Marta y el Magdalena, lo más importante. No lo olvidemos.