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Columnistas

La tragedia de Santa Marta

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Laura Ardila Arrieta
11 de noviembre de 2023 – 09:00 p. m.

Esta semana, sin que aún hubiese terminado oficialmente el escrutinio —que además no hace parte de sus funciones—, el presidente Gustavo Petro anunció por X el triunfo a la Alcaldía de Santa Marta de Jorge Agudelo y lo metió en sus dudosas cuentas de victorias progresistas en las regionales de octubre. En realidad, puesto a decidir, el desconocido Agudelo no jugará para los intereses que defina Petro sino, sobre todas las cosas, para lo que ordene su jefe, el exgobernador del Magdalena Carlos Caicedo, que tiene sus propias ambiciones electorales nacionales. Y, aunque efectivamente sí ha hecho parte de la lista de aliados de Petro, las prácticas de la maquinaria caicedista y los números de su década larga de hegemonía no parecen ser algo para ufanarse.

Para empezar y a juzgar por lo que ha pasado estos años en los gobiernos samarios, quien mandará el cuatrienio entrante por debajo y de frente será Caicedo. Así lo hizo en la alcaldía de su alfil Rafael Martínez (hoy gobernador electo), durante la cual los altos funcionarios se referían a este cacique de la izquierda como “el jefe”. En un irrespetuoso desconocimiento de las normas básicas de la democracia, siendo mandatario Martínez, Carlos Caicedo “despachaba” desde su casa, a donde asistían secretarios y contratistas para recibir directrices del patrón.

La gente de Santa Marta fue advertida de eso en esta campaña, en la cual Fuerza Ciudadana, el movimiento de Caicedo, empapeló la ciudad con afiches en los que se veía a los candidatos y detrás de ellos, como sombra tutelar, la figura del exgobernador.

Las prácticas del caicedismo, que reproducen las de la politiquería tradicional que ese grupo prometió no emular, incluyen el lamentable uso irregular de los entes públicos para conseguir votos, como lo contamos en varias ocasiones en el proyecto periodístico La Silla Caribe.

Si vamos a los resultados, el panorama no pinta mejor. Aunque la pobreza monetaria ha disminuido en Santa Marta desde 2020, la pobreza monetaria extrema (es decir, la que padecen aquellas personas que no tienen lo mínimo para subsistir) viene en aumento y hoy la ciudad ocupa el cuarto lugar en la lista de capitales del país con más incidencia de este indicador.

En la presentación de su último informe de calidad de vida, el programa Santa Marta Cómo Vamos y el centro de pensamiento Pro Santa Marta llamaron la atención, especialmente, sobre las cifras de educación. De nuevo, el distrito es cuarto, entre las 23 capitales principales de Colombia, con los peores puntajes en las pruebas Saber 11 (el instrumento estatal para medir oficialmente la calidad de la educación) y en el Caribe es la que registra mayor tasa de deserción escolar.

También en el Caribe, en 2022 Santa Marta fue la tercera ciudad de la región que presentó mayor tasa de muertes por desnutrición en niños menores de cinco años. Aparece después de Riohacha y Valledupar. Esas tres ciudades están por encima de los 20 puntos y se ubican lejos de la cuarta, que es Cartagena y registra una tasa de 6,9.

Ni hablar del drama histórico de la falta de agua. Hay barrios en el distrito samario que duran hasta 15 días sin la prestación de ese servicio, sin que en más de 10 años esa realidad haya cambiado. Santa Marta tiene menor cobertura de acueducto incluso que Riohacha, capital de uno de los departamentos más pobres y secos del país.

El candidato más fuerte al que se enfrentaba este proyecto representa a la vieja clase política del Magdalena. Carlos Caicedo ha establecido la disyuntiva de que si no lo eligen a él regresan aquellos que mal mandaban antes. La misma narrativa de los Char, otra hegemonía tradicional del Caribe.