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A siete días de Carlos Pinedo
Desde mi trinchera, así como decía el Dr. Edgar Santos, cuando desde varios periódicos nos regalaba sus líneas, expongo estas consideraciones que para algunos pueden ser apresuradas, pero para otros, un preludio acertado de lo que nos espera en estos próximos cuatro años en el distrito de Santa Marta.
Apenas van siete días desde que el Dr. Carlos Pinedo asumió las riendas de casi 600 mil habitantes, y ya se pueden dar algunas puntadas de lo que será su gobierno:
Capitulo 1. Acto de posesión: Fue una ceremonia cargada de simbolismo samario, tanto que su lugar de celebración se llevó a cabo en la legendaria cancha la castellana del barrio Pescaito, además, la ceremonia fue sencilla, austera y al punto, lo que nos deja entrever que el nuevo alcalde no será amigo de los shows incensarios ni de derramar recursos en asuntos que poco o nada inciden en la vida practica de las personas que habitamos esta hermosa tierra.
Capitulo 2. Amplias mayorías en el Concejo. Parece claro que entre el ejecutivo distrital y su coadministrador habrá la armonía necesaria, como para que los grandes proyectos se lleven a cabo sin dilaciones, lo que nos entrega un nuevo panorama, pues las constantes peleas entre el burgomaestre y los concejales no serán el pan de cada día, claro está, dicha armonía será duradera, si ambas instituciones se tratan con la lealtad y el respeto debido.
Capitulo 3. El nuevo gabinete. Se da por sentado que el Dr. Pinedo no vivirá envuelto en la tradicional lucha de clases en la que nos metió Carlos Caicedo, pues varios de sus cuadros en el despacho distrital hacen parte de familias con tradición política y empresarial, lo que no significa que no generen resultados favorables para las masas más vulnerables del distrito; pues lo digo por experiencia, en ocasiones, tiene mayor vocación de servicio para con los humildes, aquel adinerado con espíritu noble, que quien, no habiendo tenido mucho, cuando llega al poder, se convierte en el peor tirano contra su clase; en esto no existen constantes inamovibles.
Capitulo 4. Fuerza Ciudadana. Cuando hablo de este partido, hago referencia a la corte principal, compuesta por alrededor diez personas en cuya cúpula se encuentra el tótem, y un grupo intermedio de unos 20 sujetos que corresponden a quienes siempre estuvieron alternando las distintas secretarias y direcciones, pues es sabido, que esas grandes marchas que en otrora protagonizaban, estaban engordadas por aspirantes a algún contratico, contratistas de todos los niveles y familiares de los primero o los segundos, pero nulamente de personas con alguna estructura o lealtad política per sé. En todo caso, la Corte en su primer y segundo nivel, serán los que constantemente estarán importunando las distintas iniciativas del alcalde, quien con su estilo enfocado en reconciliar la ciudad, ya los empezó a eclipsar.
Capitulo 5. La lucha judicial. Esta se seguirá llevando al nivel local, nacional e internacional, siendo el principal temor, por lo menos en lo parroquial, que los mismos mercaderes de tutelas que al cuarto jinete compraron para inventar derechos absurdos, esta vez suban las apuesta y busquen corromper a los que no alcanzaron a comprar en el distrito, sin embargo, en esto se demostró que no todo, con plata se puede.
Capítulo 6. Reconstrucción del tejido social. Limpiar el Centro Histórico, que tanto esfuerzo por organizar, les ha costado a Diana Giraldo y Gustavo Diaz, quienes desde la dirección y junta directiva de la Corporación Centro Histórico han sido, junto con sus afiliados, el impulso desde el sector privado para cambiar con recursos limitados la cara de tan importante sector, fue una iniciativa acertada por parte del burgomaestre, pues es necesario recuperar el sentido de pertenencia abandonado por doce años, y sobre todo, volver a lo que Rossana Manrique narra con nostalgia, En Santa Marta no había divisiones de clases, aquí en Rodadero, se reunían a divertirse los hijos de las familias mas acaudaladas con los hijos de pescadores, no cada quien porsu lado, no, todos juntos como samarios” Ese tejido social roto entre coterráneos, es necesario reconstruirlo, dejando de lado que el derecho a participar viene de sangre, (como lo alegó Carlos Caicedo) sino por el merito de querer lo mejor para Santa Marta. El nuevo gobierno, debe ser el de la gente, no solo en el discurso como en el cercano pasado, sino en los hechos.
