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Indignación por hechos ocurridos en final de la Copa América 2024

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Por Raúl A. Perdomo Salinas.

Siento indignación y pena ajena por los hechos lamentables ocurridos el día de la final de la Copa América 2024 disputada entre Colombia y Argentina en el Hard Rock Stadium de Miami.

En directo pudimos observar, avergonzados, como cientos de colombianos, hombres y mujeres por igual, arrasaban las rejas y saltaban vallas de seguridad del estadio, con niños en brazos, al igual que con sus mascotas. En un acto premeditado, vandalizaron las escaleras eléctricas, se colaron por el conducto del aire acondicionado y, posteriormente, medios de comunicación nacionales trataron de justificar dichos hechos diciendo que, en países como Inglaterra en la final europea, también había sucedido lo mismo.

Sumado a lo anterior, ya para finalizar el partido, al momento de la premiación, habiendo la Selección Colombia jugado una de las mejores y más competitivas copas de América, el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurum, fue arrestado de acuerdo con el informe del Departamento de Policía de Miami, con su primogénito Jamil Jesurum, acusados por el delito de «agresión a funcionario/empleado específico».

La exagerada agresión de quien aún hoy permanece ostentando su cargo mantiene al guardia de seguridad agredido en el hospital por los golpes propinados en su cabeza por Jesurum, que supuestamente según el comunicado de la Federación estaba «defendiendo el instinto paternal».

Estados Unidos se ha caracterizado por ser un país en donde se cumplen y se aplican las leyes y las normas de una forma sistemática y la gran mayoría de sus habitantes conviven con ellas y han progresado como país, gracias a que las tienen grabadas y aprendidas desde niños. Muy pocos se las vuelan y el que lo hace la paga. Eso lo hemos visto por televisión en directo dentro de los mismos Estados Unidos, como también en Irak, Colombia o en Panamá.

Los colombianos, por el contrario, no acatamos las normas; nos volamos el semáforo, la fila del cine, hacemos copialina en los exámenes, no nos colocamos el cinturón de seguridad o nos importa un pito en donde termina la basura que tiramos en las calles de la ciudad. Nos enseñaron que, aquí hecha la norma, hecha la trampa. Hemos convivido con eso de que el vivo vive del bobo; hemos querido justificar nuestro comportamiento apelando a que nos viene de una supuesta y mal llamada «malicia indígena», no sabiendo que en los pueblos indígenas se cumplen las normas no por imposición sino por convicción y se juzga severamente a quienes las violan. En este país aún queremos vivir del «usted no sabe ¿quién soy yo?».

Hasta la fecha solo conocemos el escueto comunicado de la Federación en donde dicen: «El presidente de la Federación, Ramón Jesurúm, impulsado por su instinto paternal, pues uno de los reclamantes y posteriormente reducido por los guardias fue su hijo Ramón Jamil, se apresuró a reclamar por lo sucedido, pero terminó desbordado por la situación, al encontrarse en el corredor con su esposa, hijos, hijas y nietos menores de edad».

Por su parte, el informe de la Policía de Miami publicado por el Miami Herald del 16 de julio pasado indica que fueron arrestados porque atacaron al personal de la guardia queriendo ingresar a la zona de premiación sin la debida escarapela que no tenían sus hijos, sus nietos, ni su mujer. Aunque la escarapela de Jesurúm decía «all access» (acceso a todo), no significaba «Access to all» (acceso para todos), que de pronto fue el error de interpretación del colombiano. Pero no, este parece ser otro caso más del ¿tú no sabes quién soy yo?, que, en Estados Unidos, no funciona.

Es una vergüenza nacional que este Sr. Jesurúm permanezca en su cargo y debería dar un paso al costado porque, si en Colombia no ha pasado nada, los patrocinadores internacionales del fútbol sí pueden hacer algo, sobre todo, ad portas de realizarse la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Colombia 2024 que se disputará del 31 de agosto al 22 de septiembre. Esa foto está por verse.

Para terminar, me permito recordar algunos casos emblemáticos en donde han estado involucrados los presidentes de nuestra Federación Colombiana de Fútbol y saquemos nuestras propias conclusiones.

León Londoño Tamayo, en 1992, tuvo que presentar la renuncia ante la presión externa por el descubrimiento de cuentas de pago no justificadas durante el Mundial de Italia 1990. Juan José Bellini, detenido en 1995 por vínculos con el cartel de Cali y condenado por los delitos de enriquecimiento ilícito y testaferrato. En 1999 también le abrieron cargos por el proceso 8000. Alvaro Fina, acusado de revender la boletería de la Copa América-2001.

En el 2015, Bedoya fue uno de los 16 dirigentes de la Conmebol investigados por el reconocido caso de corrupción Fifa-gate. Ante la justicia de Estados Unidos, el exdirigente aceptó ser culpable de fraude en transferencia bancaria y conspiración de soborno. Actualmente está en el país norteamericano esperando condena. La punta del iceberg ocurrió en el 2020, con la multa de 18 mil millones de pesos interpuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio, en razón al cartel de reventa de boleterías para los partidos de la Selección Colombia en la eliminatoria rumbo al Mundial de Rusia 2018. Sin embargo, la Junta Directiva presidida por el mismo Jesurúm continuó como si nada.

Lo último que conocimos del caso fue la foto en la que el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol a cambio de vestir la camiseta amarilla de la selección sale con la de color naranja, que es con la que visten a los presos en los Estados Unidos.

La selección ganó el segundo puesto y ni un reconocimiento se le ha hecho. Y a cambio de ganarnos el «Zapato de Oro», quedamos como un zapato.