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Editorial & Columnas

Hablemos de la democracia en las universidades

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Por: Edgar Jafet Hernández

Este ejercicio de reflexión nace de mi experiencia como graduado y profesor universitario. Quiero abordar un tema relevante: la democracia en las universidades. Para empezar, es importante tener claro qué entendemos por democracia. En su definición más básica, la democracia es el gobierno de las mayorías. Con el tiempo, esta idea ha evolucionado, dando lugar a diferentes formas, como la democracia directa y la representativa, ambas legítimas. También existen diversas estructuras, como los regímenes parlamentarios o presidencialistas, pero todas tienen en común un mismo principio: son manifestaciones igualmente válidas de la democracia. Ninguna es más democrática que la otra.

En el caso particular de Colombia, la democracia en las universidades debe ser analizada bajo el principio fundamental de la autonomía universitaria, un derecho constitucional que otorga a las universidades la facultad de crear sus propios reglamentos. Esto es clave para comprender la figura de la reelección de las autoridades universitarias, particularmente en el caso del Rector, que en muchas ocasiones ha sido un tema controversial.

En nuestro país, existe una tendencia a estigmatizar la reelección, aplicando de manera mecánica las restricciones que rigen en otros ámbitos, como la política, donde los alcaldes, gobernadores e incluso el presidente tienen prohibida la reelección inmediata o indefinida. Sin embargo, es necesario ser claros: no existe ninguna prohibición legal para la reelección de Rectores en las universidades públicas colombianas, a menos que sus propios reglamentos lo prohíban.

Por tanto, el debate no debería girar en torno a si es legal o no la reelección de los Rectores. Legalmente, sí es posible, y la normativa interna de cada universidad es la que define los límites o condiciones de este proceso. El verdadero debate debería centrarse en la conveniencia de la reelección y cómo esta puede y debe estar sustentada en una evaluación rigurosa de la gestión.

Si un Rector ha demostrado ser eficaz, eficiente y ha cumplido con los compromisos adquiridos, ¿por qué no permitir su reelección? El hecho de que las mayorías respalden su gestión a través de un proceso transparente debería ser visto como un reflejo de la confianza en su liderazgo. Sin embargo, ya puedo anticipar las críticas: se habla de concentración de poder, corrupción, tiranía, y otras acusaciones similares. Pero la solución a estos problemas no radica en prohibir la reelección, sino en implementar mecanismos eficaces de control, rendición de cuentas y supervisión, que aseguren un ejercicio responsable del poder.

Un claro ejemplo de cómo la reelección puede funcionar exitosamente bajo sistemas de control adecuados lo encontramos en universidades de gran prestigio internacional. En varios países, la figura de la reelección de rectores es común y, en muchos casos, estos permanecen en sus cargos durante largos periodos. Veamos algunos ejemplos:

  • Oxford University: Chris Patten fue Rector durante 21 años, desde 2003 hasta 2024.
  • University of California, Los Angeles: Gene D. Block ha sido Rector desde 2007, acumulando ya 17 años en el cargo.
  • North Carolina State University: Randy Woodson ha ocupado el puesto de Rector desde 2010, llevando 14 años al mando.
  • University of Michigan: Mary Sue Coleman fue Rectora durante 12 años, desde 2002 hasta 2014, retirándose por decisión propia.
  • University of Florida: Bernie Machen fue Rector por 11 años, desde 2003 hasta 2014.

Estos casos internacionales muestran que la reelección no solo es posible, sino que en muchos contextos es beneficiosa. Un liderazgo que permanece en el cargo por un periodo prolongado puede consolidar una visión a largo plazo para la institución, desarrollar proyectos ambiciosos y garantizar una mayor estabilidad. Esto es especialmente importante en situaciones de crisis o cuando los recursos son limitados, ya que un liderazgo sólido y continuo puede ser crucial para la supervivencia de la universidad, especialmente en contexto de precariedad económica como el caso colombiano.

La reelección no es una cuestión de blanco o negro. Debe ser evaluada cuidadosamente, considerando las particularidades de cada caso y los beneficios que puede aportar. Entre estos beneficios se encuentran la consolidación de una cultura institucional, donde la permanencia en el cargo fortalece los valores y la identidad de la universidad, y la planificación a largo plazo, que permite desarrollar políticas con un horizonte temporal más amplio.

En lugar de estigmatizar la reelección de forma automática, es esencial analizarla con una visión más amplia y objetiva. La clave está en garantizar mecanismos de control adecuados que aseguren que el poder sea ejercido de manera responsable, siempre en beneficio de la comunidad universitaria.