Editorial & Columnas
Ni toda empresa es emprendimiento, ni todo emprendedor es empresario: una invitación a afinar el diagnóstico
Por: Gerardo Angulo Cuentas
El artículo publicado recientemente en Opinión Caribe bajo el título “El espejismo del emprendimiento”, escrito por José D. Pacheco Martínez, constituye un valioso ejercicio de análisis riguroso y documentado. Su lectura deja ver el nivel de acuciosidad con que ha sido construido: a partir de datos confiables, referencias legales y testimonios reveladores. Se trata, sin duda, de un trabajo serio, necesario y bien intencionado que contribuye al debate sobre la situación empresarial en Santa Marta y el Magdalena.
No obstante, y precisamente porque valoro la profundidad de su trabajo, me permito hacer una observación crítica que podría enriquecer aún más el análisis: el texto utiliza indistintamente los conceptos de emprendimiento y empresa, como los de emprendedor y empresario, lo que lleva a una interpretación parcial del fenómeno que pretende describir.
Ver artículo en mención, aquí: https://www.opinioncaribe.com/2025/06/26/el-espejismo-del-emprendimiento-la-cruda-realidad-empresarial-en-santa-marta-y-el-magdalena/
El artículo asume que las cancelaciones y depuraciones de empresas registradas equivalen directamente al fracaso de emprendimientos. Esta equivalencia no es del todo precisa. Una empresa es una figura jurídica, administrativa o comercial, mientras que el emprendimiento es un proceso, un recorrido que va desde la identificación de una oportunidad hasta la creación de valor, no necesariamente formalizado desde el inicio.
Muchas de las empresas que aparecen como canceladas o depuradas en los registros de la Cámara de Comercio nunca iniciaron operaciones reales, o se constituyeron únicamente como requisito para trámites puntuales. Por tanto, asumir que toda empresa cancelada es un emprendimiento que fracasó puede sobredimensionar el problema, y desenfocar las soluciones.
También es clave diferenciar al emprendedor, que usualmente opera en una etapa temprana, motivado por una oportunidad o necesidad, del empresario, que ya gestiona una organización estable y estructurada. Esta distinción, que parece menor, en realidad es central para construir políticas públicas adecuadas: no es lo mismo apoyar a quien tiene una idea y está en proceso de validarla, que a quien ya tiene una operación funcionando y requiere escalar.
En el Magdalena coexisten todos estos perfiles, pero si los tratamos como uno solo, corremos el riesgo de construir estrategias genéricas, poco efectivas o incluso contraproducentes.
El trabajo de Pacheco se beneficiaría enormemente de contrastar sus hallazgos con marcos conceptuales especializados en ecosistemas emprendedores, como los del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), la OECD o los estudios del Banco Mundial. Estas fuentes distinguen entre emprendimiento por necesidad y por oportunidad, entre autoempleo formalizado y empresa innovadora, entre microempresas sin capacidad de crecimiento y startups con potencial de impacto.
Adoptar este tipo de marcos no demerita el enfoque regional, sino que lo fortalece y lo conecta con herramientas analíticas que permitirían generar mejores políticas locales.
También me parece justo reconocer que no todo es oscuridad en el panorama local. Aunque los recursos institucionales son limitados y muchas veces dispersos, existen esfuerzos valiosos que van en la dirección correcta. En particular, el trabajo que viene desarrollando Carlos Jaramillo, actual secretario de Desarrollo Económico de Santa Marta, merece ser destacado. Jaramillo ha liderado, incluso en medio de restricciones presupuestales, una serie de acciones orientadas a fortalecer el emprendimiento desde una visión más estructurada y de largo plazo: mesas de articulación, programas de capacitación, acompañamiento a emprendedores en etapas tempranas y exploración de alianzas con actores del ecosistema. Estos esfuerzos, aunque aún insuficientes frente a la magnitud del reto, apuntan hacia una idea de emprendimiento más seria, más sostenible y con mayor arraigo territorial.
No se trata, en absoluto, de restarle importancia a las cifras alarmantes que se presentan en el artículo. La cancelación y depuración de empresas en Santa Marta y el Magdalena revelan una profunda fragilidad empresarial, un entorno poco amigable para la formalidad, y una economía que empuja a miles de personas hacia el autoempleo precario.
Pero si queremos transformar esa realidad, necesitamos usar mejor las palabras, diferenciar los conceptos y repensar el enfoque. Emprender no es solo registrarse en la Cámara de Comercio. Y crear empresa no es, por sí solo, un acto de innovación o generación de valor. Para que el emprendimiento deje de ser un espejismo, primero debemos mirarlo sin distorsiones.
Estoy seguro de que este debate recién comienza, y celebro que Opinión Caribe sirva de plataforma para promoverlo. Ojalá los próximos análisis sobre el tema incorporen las diferencias conceptuales necesarias y se articulen con los esfuerzos de quienes, desde lo público y lo privado, siguen apostando por un Magdalena más productivo, justo e innovador.
Cualquier cosa, estoy disponible en gerardo@angulo.com.co
