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Los 500 años de la Perla
Por: Iván David Correa Acosta
Durante mucho tiempo estuve pensando la forma como abordar mi escrito acerca del medio milenio que cumple mi Santa Marta, analicé conceptos, pasé por un bloqueo mental hasta que descubrí que la naturalidad del sentimiento y de las palabras eran la clave para el homenaje que merece la Perla de América.
Santa Marta, fundada ese legendario 29 de julio del 1525, llamada así en honor a Marta de Betania, la hermana de Lázaro, el resucitado por Jesucristo, mujer que aparece en el Nuevo Testamento y cuyo onomástico fue establecido por la Iglesia Católica el 29 de julio, patrona de cocineras, sirvientas, amas de casa, hoteleros, casas de huéspedes, lavanderas, de las hermanas de la caridad. Una ciudad que desde su fundación fue símbolo de importancia manifiesta dado que fue el punto de partida para la conquista y colonización de la actual Colombia y América del Sur, ciudad que fue el epicentro de una gran civilización precolombina como lo eran los tayronas, edificadores de maravillas arquitectónicas como Ciudad Perdida, de Pueblito o Chayrama en su idioma y de una resistencia tenaz contra los conquistadores españoles. Santa Marta en su historia tuvo que pasar por diferentes etapas, la primera fue la lucha de los españoles, asentados en la desembocadura del hoy Rio Manzanares, contra los tayronas, establecidos hacia la zona de Mamatoco y en la Sierra Nevada de Santa Marta, luego por los continuos saqueos y bombardeos piratas que hicieron que la ciudad fuera quemada y asolada en cinco ocasiones, suceso que terminó por arrebatarle el titulo de capital y trasladarla a Santafé de Bogotá, además del opacamiento que sufrió por cuenta de estos hechos, trasladando el comercio a Cartagena de Indias.
Luego de esto, vimos el renacer de la ciudad, con la construcción de joyas arquitectónicas como la Catedral Basílica de Santa Marta, la Casa de la Aduana, la Casa Consistorial, convirtiéndose en una ciudad de gran envergadura en el virreinato español de la Nueva Granada, convirtiéndose de esta manera en un bastión realista, en las épocas de la Independencia. Sin embargo, luego de la independencia y el establecimiento de la República de Colombia, se convirtió en la última morada del libertador Simón Bolívar en la antiguamente hacienda de cañaduzales San Pedro Alejandrino, hoy convertida en Museo Bolivariano y en lugar de obligatoria visita para turistas y locales por su valía histórica.
Con el pasar del tiempo, se introdujo el cultivo del Banano en Santa Marta y en sus zonas aledañas, convirtiéndose de esta manera en el producto insigne de la región, motor del desarrollo y de la prosperidad de los samarios desde los años 1870 hasta bien entrados la mitad del siglo XX, época cuando se intensifiqué los principales motores de desarrollo en la actualidad de la economía samaria: El comercio portuario que entra a través del Puerto de Santa Marta, construido en los años 40 en el antiguo Barrio El Ancón, y el turismo que contribuyó a la construcción de hoteles en la Carrera Primera (La Calle del Camellón de la Bahía), y en el Rodadero, lugar llamado de esta manera por un montículo de arena por la que se tiraban los bañistas al mar, balneario que fue erigido luego de la construcción de la carretera por el Cerro Ziruma por el gobernador designado del Magdalena, Rafael Hernandez Pardo y la construcción del primer hotel en El Rodadero, el Hotel Tamacá en 1953.
Desde entonces, Santa Marta se ha convertido en un centro turístico de importancia sublime, en una ciudad apreciada por su historia, por sus playas, por la sinergia existente entre el Mar Caribe, las montañas de la Sierra Nevada y el caudal del Río Manzanares. Santa Marta es una ciudad que se ha levantado de las cenizas en cinco ocasiones, una ciudad que ha visto incendios, terremotos (1833), guerras intestinas, auges y desventuras pero también es una ciudad de crecimiento, donde sus habitantes se levantan todos los días con la esperanza de una ciudad mejor, que se van pero vuelven, de una ciudad que ha adoptado a muchos y que ha sido el remanso de descanso de otros, una ciudad que ha sido botín de unos y otros y que algún día se levantará de las cenizas y será una metrópolis inmensa y desarrollada, una antorcha luminosa del Caribe y volverá al lugar que tuvo desde su fundación, de ser un punto de partida, un lugar indeleznable en las brújulas del mundo, eso es y será Santa Marta.
