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Editorial & Columnas

Un Legado de Sabiduría, Ética y Compromiso

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Por: Harold Castañeda Robles 

Guillermo Rafael De la hoz Carbonó es, sin lugar a dudas, una de esas personas que parece haber nacido con un propósito claro: iluminar a los demás con su conocimiento y su inquebrantable ética profesional. Nacido en Ciénaga, Magdalena, una tierra impregnada por la historia y la cultura caribeña, se forjó a pulso con esfuerzos y sacrificios como un hombre que, más allá de su gran intelecto, se distingue por la generosidad de su espíritu y la humildad que acompaña a su sabiduría.

Desde muy joven, tuve el privilegio de observarlo participar en las tertulias que solía organizar en su casa e invitaba a mi papá, Antonio Castañeda Escobar, quien me llevaba desde temprana edad. De esas charlas, nacían ideas y reflexiones que me permitieron entender lo fundamental del conocimiento: no solo se trata de lo que uno sabe, sino de lo que uno es capaz de hacer con el conocimiento. Guille siempre se destacó por su capacidad para hacer pensar a los demás, por su habilidad para escuchar y por su manera de aportar algo nuevo a cada discusión. Aquellas reuniones, llenas de risas y también de serias reflexiones, fueron, en muchos aspectos, las que modelaron mi visión del mundo, la que me permitió entender que la riqueza del debate es tan valiosa como el conocimiento mismo.

Recuerdo cómo, en mi juventud, uno de los libros más significativos que leí fue uno que Guillermo le había regalado a mi papá: Vecinos distantes de Alan Riding. Un estudio profundo sobre las conexiones y tensiones entre México y Colombia. Al leerlo, me sumergí en un análisis social, cultural y político que abrió mis ojos a la complejidad de nuestra realidad. Y fue Guillermo quien, sin saberlo, me guiaba con sus lecturas, con sus palabras, y con esa inquebrantable pasión por entender y hacer entender la realidad de la región Caribe y del país en general.

De igual manera, no puedo olvidar las ocasiones en las que nos reuníamos en su casa materna en Ciénaga para disfrutar de la deliciosa comida local, como las huevas de lisa con bollo e yuca. A la mesa se sentaban grandes figuras como el odontólogo y sociólogo Carlos Payares González, entre otros personajes destacados de la comunidad. Lo que para muchos podría haber sido simplemente un almuerzo, para nosotros era una excusa perfecta para debatir sobre ideas de alto nivel, para intercambiar opiniones sobre nuestra tierra y la situación social, política y económica local y nacional. Fue allí donde pude apreciar de cerca la dialéctica innata de Guillermo, esa capacidad de hacer preguntas que nos llevaban a pensar más allá de lo obvio, a analizar las situaciones con una profundidad que pocos tienen la oportunidad de alcanzar.

Aunque nuestros apellidos puedan ser diferentes, siempre nos hemos sentido como hermanos. La cercanía de nuestras familias, unidas por los lazos de la amistad profunda entre su madre, Celina Carbonó, y mi abuela Isabel Escobar, reforzada posteriormente por el aprecio de mi padre, hizo que nuestras vidas se entrelazaran de manera especial. Esas conexiones de afecto y respeto mutuo entre nuestras familias me han permitido valorar aún más el legado de Guillermo, tanto en lo personal como en lo profesional.

En lo profesional, Guillermo De la Hoz ha sido un verdadero faro de conocimiento en diversas áreas. Abogado y economista, su carrera ha abarcado la academia, el servicio público y la autoría de numerosas publicaciones. Su vocación como docente ha dejado huella en generaciones de estudiantes que se han beneficiado de su profunda comprensión del derecho y la economía. A través de su labor en diversas prestigiosas universidades en Colombia, Guillermo ha formado a muchos jóvenes, quienes hoy en día continúan su legado.

Como funcionario público, su compromiso con la justicia, la ética y la transparencia ha sido igualmente admirable. Fue Jefe de la Oficina de Tesorería del departamento del Magdalena, y desempeñó otros cargos clave, como jefe de investigaciones financieras y agente liquidador de una entidad hospitalaria, funcionario de la Superintendencia del Subsidio Familiar, entre otras. Su capacidad para analizar y gestionar las finanzas públicas ha sido reconocida tanto a nivel local como nacional, como lo demuestra su participación en investigaciones académicas, pero sobre todo reconocido por la eficiencia y pulcritud en su desempeño como funcionario público.

Pero más allá de los cargos y los títulos, lo que realmente distingue a Guille es su don de Gente, su dedicación a la construcción de un país más justo y equilibrado. Sus publicaciones y reflexiones sobre temas de actualidad, como la importancia del lenguaje para la paz y el análisis crítico de la historia y futuro de las ciudades del Caribe, son una muestra de su constante búsqueda por contribuir al bien común.

Hoy, como siempre, Guillermo sigue siendo más que un hermano para mí, es un ejemplo para todos aquellos que lo conocemos. Su blog “El Graznido” es un espacio donde se aleja no solo de la formalidad de las aulas para saludar y recordar a sus contemporáneos y amigos, sino para expresarse de manera auténtica y directa sobre la realidad que nos rodea. A través de sus palabras, no solo nos invita a reflexionar sobre el momento actual, sino que nos recuerda la importancia de mantener una postura crítica ante los eventos políticos, sociales y económicos que nos afectan.

Guillermo, el hermano mayor, el amigo cercano, el mentor y el intelectual comprometido, ha dejado huellas en mi vida. Su legado es el de un hombre íntegro, que no solo entiende la complejidad del mundo, sino que se dedica a enseñarnos a comprenderla y, lo más importante, a transformarla. Es imposible no admirar su ética, su profesionalismo y, sobre todo, su humanidad.

Ciertamente, es un honor y un privilegio poder llamar a Guillermo Rafael de la Hoz Carbonó mi amigo y hermano, y mi deuda con él, tanto personal como profesional, es inmensa y trasciende todas las esferas, Su aprecio por mi padre siempre lo llevaré en mi corazón. Espero que como docente universitario siga iluminando el de otras personas para que también tengan el privilegio de aprender de él.