Editorial & Columnas
Rescatemos lo que aún nos queda en pie
Por: Iván David Correa
Santa Marta, esa perla histórica de la que tanto suelo hablar en mis columnas, relatos, esa ciudad que hace poco más de un mes celebró sus nada despreciables 500 años, convirtiéndose en este caso en la ciudad más antigua de Colombia y Sudamérica, siendo de esta forma la Puerta de Oro de la Conquista española en esta parte de la Nueva América.
Santa Marta al tener tanta historia, ha dejado vestigios claros de esa historia, vestigios coloniales, neocoloniales, neoclásicos, republicanos, joyas arquitectónicas que han engalanado la ciudad por décadas pero que durante años han sido despreciados o en su defecto, poco valoradas por los samarios. En un mundo cada vez más girando hacia los estilos arquitectónicos fríos y llenos de una “modernidad” inexistente que parece girar más hacia un simplismo desmedido, se fortalecen las corrientes ciudadanas en ciudades como Bogotá y Barranquilla, donde estudiantes, académicos, políticos, y personas del común han iniciado movimientos para rescatar esas edificaciones que han hecho parte de nuestro pasado y que representan el recuerdo de un otrora progreso, de una ciudad que nacía, de una ciudad que entraba en su desarrollo comercial. Pongo el caso de Barranquilla, donde hace poco fue reabierto el Mercado de Granos, una edificación construida hacia la primera década del siglo pasado y que fue un espacio importante para el comercio del centro de Barranquilla hasta la década de los 50 cuando comenzó a quedar en el olvido, hasta que una serie de movimientos ciudadanos, sumados al esfuerzo de las instituciones públicas lograron su reapertura y su remodelación para ponerlo de nuevo al servicio de los barranquilleros.
Esta noticia me conmovió al punto de intrigarme con la siguiente pregunta: ¿En Santa Marta hacemos lo mismo? La respuesta es que no y la prueba viva de ello es la Antigua sede del Concejo de Santa Marta, ubicada sobre la calle de la Catedral, edificación construida en 1917 por mandato del alcalde de entonces, Gabriel Bermúdez, donde funcionó la Alcaldía hasta 1975 y luego el Concejo de Santa Marta hasta el 2015, desde hace 10 años este espacio que representa la memoria viva de los samarios es presa hoy de los roedores, de los habitantes de calle, de la suciedad y de la putrefacción que lo carcome. Otro ejemplo claro es la antigua Casa Consistorial, donde funciona la Alcaldía de Santa Marta, edificación que desde hace años presenta fallas que afectan la calidad del inmueble, lugar construido hacia el año 1800 y de esta manera una docena más de casonas del Centro histórico de la ciudad que son carcomidas por el olvido y a su vez, por la inseguridad que representan los roedores, la basura y la maleza, ni hablar del caso más emblemático de todos, el Liceo Celedón, lugar declarado patrimonio de la Nación y que hoy en gran parte de sus instalaciones es un muladar, parqueadero de buses viejos y de maleza que crece y crece.
Urge ante todo un programa de rescate de nuestra historia, dirigido por la Academia de Historia del Magdalena, la Secretaría de Cultura de Santa Marta, la Alcaldía Distrital, gremios y la sociedad civil, durante años hemos visto como el Centro histórico cae en el deterioro, en especial las casonas que se encuentran alejadas de la zona del Parque de los Novios, sin hacer absolutamente nada por su recuperación, quedando toda esta situación en la ignominia y en la desidia. Los esfuerzos interinstitucionales, así como el arte de la recuperación de nuestro pasado y de nuestras raíces es la clave para que Santa Marta recuerde lo que fue y lo que puede volver a ser.
