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Metrópolis

El Mercado Público vive entre aguas residuales

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La principal despensa de la ciudad, permanece rodeado de aguas residuales que amenazan la salud de miles de samarios. La ciudadanía denuncia cansancio, abandono y falta de soluciones reales.

Por: Alexandra Martínez

El Mercado Público de Santa Marta debería ser el motor del abastecimiento, el espacio donde miles de familias encuentran cada día frutas, verduras, carnes y granos para su consumo. Sin embargo, en lugar de ser un símbolo de vitalidad, hoy convive con aguas residuales que corren entre los puestos y se estancan en charcos debajo de los alimentos.

La situación no solo deteriora la imagen de la ciudad, sino que convierte la principal despensa en un foco de insalubridad que pone en riesgo directo a quienes dependen de estos productos para sobrevivir.

El panorama es alarmante: olores nauseabundos, charcos a la intemperie y líquidos sin tratamiento contaminan el aire y generan un ambiente que en nada corresponde a un espacio donde se comercializan alimentos de primera necesidad. Lo que ocurre en el mercado es especialmente grave, porque allí se concentra la comida que llega a los hogares de los estratos más vulnerables.

Opinión Caribe se dirigió a las calles de la ciudad y al mismo Mercado Público para constatar lo que hoy viven los vendedores y compradores que deben convivir con estas aguas residuales. En cada esquina del mercado, la realidad es la misma: alimentos que se ofrecen al público en medio de un entorno insalubre que amenaza la salud de toda la comunidad.

Aunque los productos puedan lavarse, la exposición constante a aguas residuales aumenta la posibilidad de intoxicaciones, brotes de enfermedades y plagas. Este problema, que lleva años sin resolverse, trasciende lo ambiental: es una amenaza directa contra la salud pública y la seguridad alimentaria de Santa Marta.

La Essmar, empresa de servicios públicos hoy intervenida, no ha logrado ofrecer soluciones definitivas. A pesar de diálogos, promesas y planes parciales, en las calles la situación no cambia: la ciudadanía sigue conviviendo con aguas residuales que fluyen sin control y transforman la vida diaria en un calvario.

Los samarios están cansados de esta rutina insalubre. Consideran inaceptable que el Mercado Público, la despensa donde se distribuye la comida de miles de familias, siga rodeado por esta problemática. Es una realidad que clama por una respuesta urgente.

Desde la Alcaldía, en problemas anteriores ya se había reconocido la emergencia y se declaró la ciudad en Calamidad Pública Sanitaria y Ambiental. En su momento se activaron planes de contingencia, se construyó un manifold provisional y se adquirieron bombas de respaldo para mitigar la crisis. Además, se gestionaron convenios con el Gobierno Nacional y entidades como Minvivienda, la ANI y el DNP, con el fin de abrir camino a soluciones estructurales que demandan inversión pública y privada.

Sin embargo, la voz más clara, insistente y legítima sigue siendo la de la gente: si a la Essmar le quedó grande afrontar este desafío, muchos samarios creen que lo más sensato sería que la empresa sea liquidada o que su operación pase a manos de la Alcaldía. Lo que no puede continuar es que toda una ciudad siga condenada a la insalubridad y al abandono.

Ante la crisis, Opinión Caribe conversó con la administradora del Mercado Público, Lourdes Zabaleta, quien manifestó su profunda preocupación por la situación. “Hemos estado en contacto con la Essmar para que nos brinden pronta solución. Ya iniciaron con algunos arreglos, pero la realidad es que hemos notado una disminución en la circulación de personas, las ventas de los vendedores están en caída y las afectaciones en salud son cada vez más preocupantes”, explicó Zabaleta.

Sobre las medidas internas que se han adoptado para proteger a los comerciantes y compradores, señaló: “Con nuestro personal estamos haciendo reportes constantes y hemos insistido en la importancia de las medidas de bioseguridad: mantener la higiene de manos, usar zapatos cerrados y evitar el contacto directo con las aguas negras. Además, trabajamos de la mano con la Secretaría de Salud Distrital, la Policía y la Inspección del Mercado para ordenar el espacio público, porque los vendedores ambulantes también están siendo víctimas de esta situación, aunque generan mayores riesgos al manipular alimentos en plena calle”.

En cuanto a la calidad de los alimentos, Zabaleta aseguró que dentro del edificio del mercado se mantienen condiciones adecuadas: “Gracias a Dios, lo que es el edificio y la zona de los mayoristas no se han visto contaminados con estas aguas. Hemos trabajado con ellos para que no coloquen productos en el piso y mantengan una correcta manipulación. Por eso invitamos a la ciudadanía a entrar al edificio, especialmente al segundo piso del Pueblito, donde tenemos frutas y verduras en condiciones higiénicas que dan confianza a los compradores”, afirmó.

Finalmente, frente a las múltiples denuncias ciudadanas y el reclamo de soluciones de fondo, la administradora fue enfática: “Esta es una responsabilidad directa de la Essmar. Hoy hablé con el director de Acueducto y me garantizó que a partir de esta semana comenzarán a verse mejoras en el daño de la avenida Ferrocarril que afectó al mercado. El martes de la próxima semana, según lo que nos informaron, ya debería estar solucionada la situación. Desde la administración del mercado seguiremos haciendo seguimiento, porque esta problemática nos ha traído pérdidas económicas, afectaciones de salud y la pérdida de clientes para nuestros comerciantes”.