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Metrópolis

Santa Marta, una ciudad sitiada por aguas servidas: ¿hasta cuándo?

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La capital del Magdalena convive con un panorama indignante: aguas servidas recorren sus calles principales, ponen en riesgo la salud de miles de ciudadanos y amenazan la imagen turística y económica de una ciudad que parece condenada a vivir entre la insalubridad y el abandono institucional.

Por: Alexandra Martínez

Santa Marta vive atrapada en un problema que parece no tener fin. Las aguas servidas se han convertido en parte del paisaje urbano, desbordándose en barrios, calles principales, negocios, clínicas y hasta restaurantes. Un panorama indignante que no solo atenta contra la salud de miles de samarios, sino que golpea la economía, deteriora la imagen turística y pone en entredicho las garantías mínimas de salubridad en la ciudad.

En días recientes, Opinión Caribe evidenció un vertimiento en pleno corazón del mercado público. Hoy, la denuncia se traslada a la Avenida del Libertador, una de las arterias más transitadas de la capital del Magdalena. A la altura de la entrada al barrio Bastidas, un rebosamiento de aguas residuales se extiende por más de un kilómetro, inundando el corredor vial hasta llegar al Éxito de la Libertador y adentrándose en el barrio San Francisco.

El recorrido es aterrador: clínicas, droguerías, panaderías y locales comerciales conviven a diario con el hedor y la contaminación, mientras los transeúntes y conductores esquivan las corrientes negras que corren sin control por el asfalto.

La gravedad del asunto no es solo estética o de incomodidad. Expertos advierten que la exposición prolongada a estas aguas residuales incrementa los riesgos de enfermedades infecciosas, respiratorias y gastrointestinales. A ello se suma el impacto directo en la actividad turística, motor económico de la ciudad, que se ve seriamente comprometida por la insalubridad evidente en zonas de alto tránsito.

Desde este medio, hacemos un llamado urgente a la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (Essmar) para que se apersone de la situación y ejecute acciones inmediatas que devuelvan a los samarios la dignidad de una ciudad limpia, habitable y a la altura de su vocación turística.

Santa Marta no puede seguir conviviendo con un problema que, lejos de resolverse, parece expandirse cada día más.